Hacia una estética de la Burocracia: nueva publicación de Pablo Helguera

Quino

Genoveva De La Peña

Libro editado por Circorama de edición limitada creado para la
trienal poligráfica de San Juan, Puerto Rico, y escrito precisamente
a raíz de la experiencia burocrática de ese evento.

 

Pablo HelgueraSiempre he admirado a quienes tienen la capacidad de celebrar las acciones en las que yo soy incapaz de encontrar el lado positivo. En este ensayo, Pablo Helguera con un sentido del humor inalterable, atrapa la esencia del quehacer burocrático y revela sus mecanismos de acción transformados en escenas efectivamente surrealistas, pero que por desgracia nada tienen que ver con los sueños.

Dice Pablo que “la burocracia tiende a destruir definitivamente todos los mecanismos psíquicos”. Eso es cierto y lo constaté el día que al salir de mi oficina encontré a un alumno herido y pálido que me murmuró: “me martillé la mano”. Corrí a buscar una gasa, una curita, lo que fuera…. Al verme desesperada buscando en el primer botiquín que encontré, de otra oficina salió alguien que dijo: “este botiquín es el nuestro, cada quién tiene su propio botiquín de primeros auxilios en la oficina de su área”. Traté de explicarle que él y yo teníamos trabajo gracias a los alumnos que venían a estudiar a la escuela, lo cual era una buena razón para tratarlos bien y ayudarlos. Al ver de reojo el cajón de su archivero descubrí alcohol, merthiolate y vendas, y en un descuido suyo metí la mano hasta el fondo y robé una venda chica, de la marca Le Roy. Con la prisa que tenía, sólo pude decirle: “la necesito ahorita, cóbreselas en mi oficina”. Más tarde ese día, supe que aquél caballero era el Jefe de Recursos Humanos de la institución.

Ahora, después de leer Hacia una estética de la burocracia me pregunto si hay que ser latinoamericano para comprender el fenómeno. No, muchos saben de lo que Pablo está hablando, pero siendo mexicana, puedo identificar en este pequeño libro el modus vivendi de un enorme sector (¿laboral?) de mi país.

Conozco a alguien que si se dedicara profesionalmente a hacer lo que hace en la oficina (pintar y pegar uñas de acrílico), seguro ganaría el doble de dinero del que gana desde su escritorio. También sé de un señor cuyo oficio consiste en estar metido en una caja de madera y cada vez que entra una persona, saca la cabeza por la parte superior de la caja y entrega una hoja de registro. Y bueno, se entiende que el oficio de ese tipo de plazas no siempre beneficia la salud y la creatividad de quienes las ocupan.

QuinoY es que al ser despreciado el trabajo del burócrata, éste lo percibe y cobra venganza cuando le llega el turno. En Hacia una estética de la burocracia se ofrece una solución; la propuesta de Helguera consiste en estetizar el acto burocrático. Si el acto burocrático fuera hermoso, se valoraría y respetaría. La figura del burócrata ganaría popularidad. Más y más jóvenes verían la burocracia como una opción de vida y no como una condena.

¿Cómo transformar el acto burocrático en un acto estético? Pablo sugiere varias rutas. Entre las más recomendadas están: facilitar al actor burocrático la imprescindible noción de Círculo Vicioso; atenerse a dos principios fundamentales: la centralización y la impersonalidad, y quizá practicar cierta obra que se conoce ya como “performance de resistencia”. Yo, por mi parte, pienso que es una cuestión de vocación. Si uno tuviera que hacer un esfuerzo en “formarse” como burócrata, las cosas serían distintas. Eso de que cualquiera pueda ser burócrata, es parte del problema. La acción burocrática a veces requiere mayor precisión que la de un cirujano. Ser burócrata consiste en el desarrollo y cultivo de habilidades muy particulares necesarias para lograr el exitoso desempeño de los trámites así como la satisfacción del tramitante. Y definitivamente, no cualquiera está capacitado para serlo. Los más calificados, imagino, egresarían de l’École des hautes études en Bureaucracie, con filiales en cada país. Y la empresa Burocrat Hunter les conseguiría plazas en instituciones de prestigio y desprestigio, pero con necesidad de estetización.

El director de una escuela de diplomáticos en Madrid, decía: “para llegar hasta donde están, los embajadores y cónsules han tenido que sufrir una vida dura, repleta de tensiones, preocupaciones y toma de decisiones”. Bueno, pues lo mismo para los burócratas. Para aspirar a una plaza, el primer paso sería superar la oposición convocada por el Ministerio de Asuntos Burocráticos de su localidad. Entre los objetivos principales estaría comprender la importancia de la estetización de distintos actos burocráticos y practicarla de forma cotidiana. Habría que profundizar en técnicas artísticas, masajes, literatura universal, diseño del paisaje, música, meditación, mundo culinario, danza, y temas selectos de historia de la cultura contemporánea. Habría que dominar los principios básicos de filosofía burocrática.

El FisgonEntre las reglas y estrategias para explotar la creatividad del actor burocrático, Pablo menciona la proliferación endogámica, la cual está permitida si y sólo si, genera más actos burocráticos estéticos. En un buen burócrata, se valoraría también el conocimiento de otras lenguas, especialmente cuando son necesarias para atender a las personas que intentan tramitar algo. Finalmente, se presentaría el examen de grado que consistiría en resolver un caso práctico de burocracia elemental con acto estético. El egresado estaría totalmente capacitado para recitar poesía mientras fotocopia un documento, podría cantar completa un aria de ópera al tiempo que llena una solicitud por triplicado, haría recomendaciones sobre las últimas adquisiciones bibliográficas mientras completa la ficha de préstamo en la biblioteca, entre otros actos. El objetivo sería alcanzado una vez que el actor burocrático lograra desarrollar al máximo sus dotes artísticas sin atentar en absoluto contra el SUJETO burocratizado. Al terminar el trámite le regalaría un cuadrito de chocolate amargo y ofrecería sus servicios para la siguiente ocasión [*]. El tipo de formación que se exigiría a los futuros burócratas sería muy completo y abarcaría multitud de aspectos. Para ascender, no se tomaría en cuenta la antigüedad, sino los méritos acumulados durante los años de servicio. En realidad el burócrata no asciende sino que impide su descenso al contribuir al descenso de sus compañeros.

La profesión requiere una vocación que no tiene todo el mundo. Imaginen pasarse toda una vida en una oficina, estetizando actos todo el día, todos los días…

BurócratasPocos libros actualmente aportan consejos tan útiles, producto de la propia experiencia. En Hacia una estética de la burocracia, el lector podrá encontrar suficiente inspiración para volver creativo el trabajo burocrático, tendrá acceso a la aplicación de estrategias únicas para estetizar sus actos y complejizarlos de forma innovadora y divertida con infinidad de variables dependientes únicamente de su imaginación. De ese modo, ser burócrata será una cuestión fundamentalmente vocacional, por lo tanto más placentera. Cuando a los burócratas les guste lo que hacen, cuando realmente lo disfruten, dejarán de maltratar a las personas que sólo quieren efectuar un trámite…

Y mientras esto sucede, pienso en la expansión del administrativo que opera en tantas oficinas. Cuentan con mejores instalaciones y equipo que cualquier otro que labore ahí. Restringen el acceso a cualquier área de acuerdo a sus indescifrables criterios e imaginarios supervisores. Las secretarias ya tienen secretaria. Dos o tres veces por semana festejan y conmemoran algún evento, además cuentan con presupuesto para acompañarlo con comida típica de la región. El círculo vicioso opera impecable.

 

¿Sería México peor sin burocracia que con ella? No lo sé, pero estoy segura de que el sentido común entraría en escena con mayor frecuencia.

Quizá Pablo podría patentar el curso de Estética Burocrática e impartirlo a distancia en oficinas de gobierno a nivel nacional.

Para terminar, una selección de mis citas preferidas:

“la burocracia es expresionista y abstracta a la vez de ser explícitamente social y política, características que difícilmente el arte más sofisticado de hoy es capaz de reunir”.

“el burocratismo, bien ejercido, funciona como un arma de defensa, con un grado de efectividad similar al Jiujitsu”.

“en la filosofía burocrática, la noción de simplificación es considerada como un atentado a la tradición”.

“los verdaderos herederos de la tradición surrealista no son los artistas, sino los burócratas”.

“la historia de Latinoamérica nunca se ha definido por la democracia, ni siquiera por la plutocracia, sino por la burocracia”.

“El buen burócrata… mantiene la tradición de expresar sus emociones de maneras crípticas, de utilizar escritura automática y establecer procedimientos sin conexión racional, lógica o sentido común”.


QuinoFig. II. Ejemplo de un laberinto burocratizado con seis círculos viciosos y ocho sesiones de trámites donde (a) es el individuo burocratizado, (b) es el actor burocratizador, (c) el supervisor del trámite, y (s) la salida. La línea divisoria entre (a) y (b) indica una exitosa división de impersonalidad para complejizar el proceso, y que hay una sano aislamiento de comunicación entre los tres individuos, para garantizar la mayor demora posible en la resolución del trámite.
(Diagrama de Pablo Helguera)

 

 

 

 

Ver más: http://pablohelguera.net/


[*] NOTA: Tal como lo indica el diagrama, los protagonistas siempre son a) el "individuo burocratizado" y b) "el actor burocrático/ burocratizador.
Caricaturas de Quino, El Fisgón y una anónima de la que agradeceremos información si alguien la tiene.

 

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Fecha de publicación: 27.10.2009