Pseudomatismos y otras paranoias posmodernas
Reflexión sobre el trabajo de Rafael Lozano-Hemmer

Rafael Lozano-Hemmer, Respiración circular y viciosa

Por Gabriela Galindo

 

"El aparato disciplinario perfecto permitiría verlo todo
permanentemente con una sola mirada"
Michel Foucault

Rafael Lozano-Hemmer, Respiración circular y viciosaEs casi imposible hablar del trabajo de Rafael Lozano-Hemmer  sin mencionar el uso de alta tecnología con la que produce extraordinarios efectos de luz, sonido y movimiento. Sus obras, siempre sofisticadas, interactúan con el espectador bajo programaciones clasificadas en patrones conductuales, y determinadas por sistemas que nos refieren a estructuras de poder y vigilancia.

Sin embargo, más allá de la fascinación que producen los efectos tecnológicos y de la notable manufactura de todas sus piezas (debo anotar que es de los pocos artistas que trabajan con aparatos sofisticados en los que raramente encontrará una pieza que no funcione, o esté apagada, o se trabó, o no llegó el técnico que sabe encenderla, o de lo que siempre pasa con este tipo de obras); decía entonces, que después del impacto por el despliegue tecnológico, el trabajo de Lozano-Hemmer  nos lleva a reflexionar sobre la relación del sujeto individual con su entorno social y político, y de la imposibilidad de ser y existir fuera de estas esferas.

Sirve como ejemplo la pieza Respiración circular y viciosa que abre su más reciente exposición titulada Pseudomatismos[1]. Esta obra es una gran instalación que parece sacada de una película de ciencia ficción, una treintena de largos tubos de plástico blanco, interconectados herméticamente, reciclan el mismo aire de forma circular. El público es invitado a entrar en una pequeña cámara, que está conectada a este sistema complejo de fuelles, que se encargan de transportar el aire de manera constante. El aire que se respira dentro de ese recinto, es el aire respirado por los anteriores visitantes, que a su vez respiraron el aire de los anteriores y los anteriores de los anteriores, etc., creando así un círculo de aire “reciclado y viciado”.

Rafael Lozano-Hemmer, Respiración circular y viciosaEsta pieza me provocó dos reacciones contradictorias, por un lado el horror de que el aliento de un Otro desconocido termine dentro de mi, (espanto estimulado por las múltiples advertencias que se presentan a la entrada de la cámara); pero al mismo tiempo, me hizo reconocer que, sin el aliento de ese Otro, yo no podría estar respirando. Ese aire colectivo permite que todos respiremos, cada persona que entra en la cámara contribuye al enviciamiento del aire, pero es gracias a aquellos que han entrado antes, que es posible respirar. De esta manera ese yo individual que se encuentra en el recinto de aire viciado, no dejará nunca de pensar en la colectividad, ya que es gracias a ella que puede respirar.

Esta obra sugiere que todas nuestras acciones tienen consecuencias en el ámbito de lo público, así sean las más personales e individuales como el acto de respirar; y no hay individuo que pueda existir sin la interacción con los otros o, en este caso, sin la respiración de los otros.

Así, la confrontación con el Otro, nos da la posibilidad de entender nuestra individualidad. Cada persona es diferente a las demás, pero esta diferencia no sería perceptible si no estamos reunidos en el conjunto de lo social. Es el Uno confrontado con la Multitud lo que permite que el individuo se reconozca a sí mismo como uno. Sin embargo esta confrontación no necesariamente produce en el individuo un sentido de colectividad solidaria. Paolo Virno define a la multitud como una “pluralidad que persiste como tal en la escena pública, en la acción colectiva, en la atención de los asuntos comunes, sin converger en un Uno, sin evaporarse en un movimiento centrípeto. La multitud es la forma de existencia política y social de los muchos en cuanto muchos”.[2]

Rafael Lozano-Hemmer, Serie Caja de sombrasLo colectivo así, persigue y aumenta la potencia de lo individual. La multitud entonces es un modo de relación con el mundo y con los otros, con la vida, como un conjunto de singularidades que interactúan unas con otras. Tal como lo podemos ver en la serie Caja de sombras,  que está compuesta por varias piezas interactivas que tienen un mismo principio, se trata de pantallas programadas con un sistema computarizado para reaccionar ante el espectador y seguir todos sus movimientos. Las imágenes proyectadas varían en cada pieza de esta serie,  ya sean palabras como en Tercera Persona, programada con todos los verbos del diccionario conjugados en tercera persona; o la defragmentación de la propia imagen del espectador en miles de partículas como en Blow-up; o bien, la pieza Contacto visual en la que se observan decenas de videos proyectados en una gran retícula con personas que aparecen sentadas o descansando, pero al momento en que el espectador se coloca de frente, todas esas personitas reaccionan al unísono, lo voltean a ver, y lo siguen con su mirada y con su cuerpo. El uno (el espectador) mueve a la multitud con su propia acción, dando la idea de que es él el que mira y hace actuar a los demás, pero de igual forma y contrariamente, es el observador quien en realidad es el sujeto observado.

La condición de singularidad en lo colectivo, hace del ser humano un sujeto individual con necesidad de participación en lo social y lo político. Esto, aunado a su capacidad de pensar, relacionar, reflexionar y sentir, será lo que determinará la posibilidad de actuar en libertad. Volviendo a la idea de multitud planteada por Virno, éste sugiere que  “los muchos deben ser pensados como individuaciones de lo universal, de lo genérico, de lo indiviso.”[3] Es decir, que el poder expresarse, moverse, sentir y pensar voluntariamente de forma única y personal, le da al ser humano la posibilidad de actuar en libertad; libertad que sólo existe en relación con una comunidad.

La voluntad individual será aquello que le permitirá al hombre moverse por iniciativa propia, actuar bajo el libre artbitrio y hacer lo que quiere hacer. Sin embargo la verdadera libertad no es, como lo apuntaría Hanna Arendt, la libertad individual, sino la política, es decir, aquella en la que el sujeto se reconoce dentro de un grupo o comunidad, es aquella libertad que incluye la libertad de todos. El punto crucial de este asunto es reconocer dónde están los límites de la verdadera libertad. Aspecto sugerido, directa o indirectamente, en varias de las obras de Lozano-Hemmer, sobre todo en aquellas en las que invita al espectador a actuar de manera aparentemente voluntaria, pero pone en cuestión el grado de libertad en el que le es permitido movilizarse; y no sólo eso, sino que además registra, vigila y hasta predice, cada uno de sus movimientos.

Rafael Lozano-Hemmer, tesión superficialEsta es la falacia de la libertad que vivimos en la sociedad contemporánea, donde se nos hace creer que actuamos de acuerdo a nuestra voluntad, sin embargo simplemente estamos repitiendo patrones conductuales que han sido impuestos por la sociedad de consumo, los grandes corporativos o las fuerzas de estados gubernamentales y de poder. Y tal como nos sucede cuando nos paramos frente a la pieza Tensión superficial, es lo que nos sucede cada vez que salimos a la calle (o mejor dicho, cada vez que nos conectamos al Internet): Un inmenso ojo percibe, sigue y registra cada uno de nuestros movimientos.

Es bien sabido que la acción política ha dejado de ser, desde hace centenares de años, la búsqueda del buen gobierno, para convertirse en el modo eficiente de conquistar y conservar el poder. De esto, deviene la necesidad de la implantación de sistemas de control y vigilancia. Foucault nos mostró cómo es que la vigilancia se institucionalizó dentro de los sectores que se apoderaron de los medios de producción y desarrollaron sistemas y tecnologías para perpetuar el dominio de los mismos. Así, el individuo que se sabe observado, reaccionará pasiva y obedientemente, para evitar ser castigado.

Rafael Lozano Hemmer, Basado en hechos realesVeamos por ejemplo, lo que ha sucedido recientemente en la Ciudad de México con el nuevo reglamento de tránsito. En realidad, casi todas las normas y prohibiciones ya existían en el reglamento anterior, es decir, hubo pocas modificaciones; pero lo que provocó gran indignación popular fue, no solamente el aumento drástico del monto de las multas por transgredir las leyes y la notoria reducción de los límites de velocidad, sino sobre todo, por la amenaza de las nuevas cámaras de vigilancia que han sido instaladas por toda la ciudad para asegurar el respeto a estas normas.  ¿Es acaso la automatización de la vigilancia lo que nos indigna? O bien, ¿es el castigo, el que se considera como injusto, impune o exagerado?

Me parece que esta pregunta es la que podría haber inspirado la pieza Basado en hechos reales, que se compone de seis fotografías, desde la perspectiva de unas cuantas cámaras de vigilancia, instaladas en diferentes lugares públicos de la ciudad. En las fotos se ve, en primer plano, a una mano tratando de alcanzar la cámara pública. Esta obra es una especie de monumento al deseo popular de tapar o destruir a esos ojos vigilantes. La ironía radica en que las imágenes no son el resultado del hecho real de unos transgresores que intentan desafanarse de la vigilancia, sino de un grupo de voluntarios que se subieron a una escalera para fotografiar su mano; y la inspiración, según lo mencionado en la ficha de la obra, viene más bien de la pintura de Parmigianino Autorretrato en espejo convexo, producida en 1524, en la que aparece el artista reflejado en un espejo convexo con su propia mano en primer plano.

Pero no importa si la imagen es lo que es, o lo que aparenta ser, lo que Lozano-Hemmer nos recuerda es que las cámaras y los sistemas inteligentes y automatizados de vigilancia, han modificado profundamente nuestra relación con los demás y con el mundo. La instalación Pabellón de ampliaciones es un ejemplo de lo monumental que puede llegar ser la sensación de ser vigilado. La pieza consta de cámaras programadas con algoritmos de reconocimiento facial que detectan la presencia de los espectadores en la sala y posteriormente proyecta la imagen en relación con los demás visitantes y el espacio expositivo. Las cámaras hacen un acercamiento automático a caras y siluetas que se despliegan en constante movimiento en la enorme pared, destacando por momentos a uno u otro visitante. La sensación es atemorizante, pues te das cuenta de que tú eres el que permite ser mapeado y registrado, pero a la vez es imposible no fascinarse con el resultado visual, donde uno mismo es el protagonista de la obra. 

Rafael Lozano-Hemmer, Pabellón de ampliaciones

Este efecto me hace pensar que el mecanismo panóptico del que habló Foucault, ya no requiere de formas cohersitivas para vigilarnos, pues somos nosotros mismos los que estamos voluntariamente otorgando el permiso de ser vigilados. Actualmente el “Big Brother” está en las redes sociales, en nuestros teléfonos móviles y en todos los sistemas computarizados. La mirada vigilante se ha vuelto múltiple y está vulnerando toda posibilidad de intimidad, pero es gracias a que nosotros se lo estamos permitiendo.

Foucault nos previno del peligro que significaba la automatización de los sistemas de vigilancia, lo que me parece que no alcanzó a imaginar, es que serían los propios individuos vigilados los que voluntariamente iban a alimentar y dotar de su información más privada al Gran Hermano.

La pregunta lógica sería ¿por qué lo permitimos? Si sabemos que dar nuestra información personal nos hace vulnerables ¿por qué lo hacemos?. La respuesta es simple, porque a cambio de mi información, yo también me puedo convertir en una especie de Hermano pequeño. Al participar de la red, obtengo cientos y cientos de datos e información organizada que me hacen sentir que soy partícipe de ese poder, y que yo también vigilo y controlo. En este sentido podemos ver como este sistema de vigilancia panóptica se va adentrando en las costumbres de la vida cotidiana y el resultado es que las diferencias entre los espacios públicos y la vida privada se van difuminando cada vez más.

Rafael Lozano-Hemmer, Empaquetamiento de esferas

La trampa, es que ese supuesto control que adquirimos, es en realidad una apariencia; es imposible controlar algo que es tan inmenso que nos sobrepasa. Internet nos permite acceder a una cantidad abrumadora de información, de ahí que requerimos de los famosos buscadores que filtran y organizan el contenido. Sin estos algoritmos sería imposible localizar lo que buscamos. Pienso entonces en la pieza Empaquetamiento de esferas, compuesta por una serie de esferas que concentran toda la obra musical de algunos compositores. Esta obra, según lo indica el catálogo de la exposición, está inspirada en el compositor estadounidense Charles Ives quien planteó el uso de la simultaneidad como una herramienta de composición. Cada esfera tiene tantos altavoces como composiciones tiene el autor, de ahí que la de Mozart sea de las más grandes. Cuando el visitante se acerca a una de ellas, escuchará una especie de murmullo musical, pero es casi imposible identificar qué está oyendo, pues todas las composiciones suenan al mismo tiempo. Esto es similar a lo que sucedería en Internet si la información se desplegara sin la ayuda de un buscador.

Rafael Lozano HemmerAsí pues, el nuevo vigilante, el gran regidor de nuestro conocimiento podría llamarse Mr. Google. Él lo sabe todo de mi, y es más grandioso que los anteriores sistemas de vigilancia porque soy yo la que le he dado mi información y le he permitido que vigile cada paso que doy;  acepto con un clic todas sus condiciones sin leerlas, le digo lo que me gusta, quiénes son mis amigos, mis contactos de trabajo, lo que compro, la música que escucho, los libros que leo, las películas que veo; todo esto a cambio de que al conectarme a la red, pueda contar con la información separada y clasificada. De otra manera, nos sucedería lo que nos pasa cuando escuchamos las esferas empaquetadas, obtendríamos solamente un rumor de algo que es imposible de reconocer. La realidad es que hemos renunciado a nuestra privacidad para que un algoritmo de Google despliegue lo que mi perfil le indica que debo consumir.

Este panorama verdaderamente me aterra y me pregunto si lo que sigue es buscar alternativas para salirnos de esta gran estructura vigilante (si es que a estas alturas nos atrevemos a vivir desconectados de la red) o bien, tratar de estudiarla a fondo para encontrar sus limitaciones y burlar así la vigilancia.

Pensé entonces que si pudiéramos engañar a ese gran monstruo algorítmico tendría que ser con otro algoritmo y qué mejor ejemplo que la pieza 33 preguntas por minuto, que consiste en un programa que combina de manera aleatoria millones de palabras (algo así como 50 mil) para generar preguntas a la velocidad, tal como indica el título de la pieza, de 33 preguntas por minuto. La mayoría de ellas no tienen sentido: “¿Puede un corazón roncar ordenadamente?”; “¿Podrías encuadernar al niño?”; y tendrían que pasar unos tres mil años para terminar de desplegar todas las preguntas posibles.

Pero ¿cómo es que esto podría servir como engaño o defensa ante el sistema vigilante?. Resulta que el público es capaz de integrar dentro de este flujo automático, sus propias preguntas; el punto es que, al analizar las preguntas que se despliegan de manera automática, es imposible determinar si la pregunta fue registrada por un humano o creada por el propio algoritmo. Así, como en la prueba de Turing[4], la interrogante es discernir si el que habla es un humano o una máquina. Esto, según el propio Lozano-Hemmer, “abre la posibilidad de ocultación y camuflaje”.

Turing fue capaz de preveer que las computadoras serían capaces de desarrollar tareas humanas y reconoció que el problema simplemente radicaba en que fueran diseñadas y programadas adecuadamente para que actuasen de “modo humano”.

¿Será pues, éste el futuro? ¿Que la única posibilidad de mantener nuestra vida privada en privado, sea hacernos pasar por máquinas? O ¿será que ya estamos tan automatizados que, aunque sabemos que somos humanos, parecemos máquinas?

Cualquiera que sea el caso, me parece que Mr. Google ya lo sabe, pues ¿acaso no han visto que muchas veces para interactuar en la red nos preguntan: “Are you a robot?”.

Rafael Lozano Hemmer, Pan-Himno

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Notas:
1. Exposición monográfica que se podrá visitar hasta el 17 de abril de 2016 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) en la Ciudad Universitaria. Curada por José Luis Barrios y Alejandra Labastida, está compuesta por 42 obras realizadas a lo largo de poco más de dos décadas.
2. Virno, Paolo, Gramática de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas, Madrid: Traficantes de sueños, 2003, p. 3.
3. Ibidem, p. 5
4.La prueba original incluye un interrogador, un hombre y una mujer. Los tres están aislados y el objetivo es que el interrogador debe descubrir quién es la mujer y quién es el hombre, mientras que ambos interrogados intentarán convencerlo de que son la mujer. La variante introducida por Turing consistió en sustituir a uno de los interrogados por una computadora.

Fotografías:
1 a 3. Rafael Lozano-Hemmer, Respiración circular y viciosa, 2013. Tomada del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.
4 a 6. Rafael Lozano-Hemmer, de la serie Caja de Sombras (de arriba hacia abajo): Blow-up (2007), Tercera persona (2006) y Contacto visual (2006). Tomadas del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.
7. Rafael Lozano-Hemmer, Tensión superficial, 1992. Tomada del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.
8. Rafael Lozano-Hemmer, Basado en hechos reales: El Ángel, 2004. Tomada del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.
9. Parmigianino, Autorretrato en espejo convexo, 1524. Tomada de [http://1.bp.blogspot.com] el 2 de marzo de 2016.
10. Rafael Lozano-Hemmer, Pabellón de ampliaciones, 2015. Fotografía de Gabriela Galindo.
11. Rafael Lozano-Hemmer, Empaquetamiento de esferas, 2004. Tomada del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.
12. Rafael Lozano-Hemmer, Al Aire, 2015. Fotografía de Gabriela Galindo.
13. Rafael Lozano-Hemmer, Pan-Himno, 2014. Tomada del catálogo editado por MUAC · Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM.

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Fecha de publicación: 02.marzo.2016