| Bas Jan Ader: Una obra en
tres caídas |
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| Primera
caída
Ader se avienta en bicicleta a un canal en la Ciudad de Ámsterdam.
Ader se cuelga de un árbol, se sostiene por el tiempo máximo que aguanta, hasta que termina por caer en un río. Ader se sube
a la azotea de su casa, rueda por el techo inclinado y cae al
suelo; y así, siguen las caídas, una tras otra, en
la calle, en el bosque, en el agua.
Bas Jan Ader plantea la caída como una metáfora
existencialista. El ser humano, que es libre por naturaleza, utiliza
esa libertad para provocar su propia caída y con ella caen
ideologías, historias, tradiciones y hasta el alma misma.
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Bas Jan Ader, Documentación
del filme Fall II, Ámsterdam, 1970
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Bas Jan Ader, Documentación
del performance
al lanzarse desde la azotea, 1970 |
Y hablo del alma no sólo como un simple referente, la obra de Ader es
un trabajo que se desarrolla a partir del uso de su cuerpo, como
objeto y sujeto de su trabajo. Dentro de las más antiguas
y difundidas concepciones filosóficas del cuerpo encontramos
aquella que lo considera como el instrumento del alma. Hablar del
alma hoy puede resultar un tanto arcaico, actualmente el alma es
entendida en términos de conciencia y ésta ha servido
a menudo para presentar nuevos ideales o reglas aún no aceptados
por la moral corriente. Se ha recurrido a la conciencia para sostener
la insurrección y la lucha contra la autoridad o para mostrar
el carácter de lo incierto de las tradiciones, creencias
e ideas constituidas.
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Ader se avienta y cae, con su cuerpo
y con su pensamiento, en una muestra de libertad plena, ausente
de condiciones o límites y así, manifiesta su libertad,
consistente en la capacidad de actuar o no como consecuencia de
su elección.
Es muy difícil reconocer las influencias o conecciones
que Ader tuvo en el tema de la caída. Muchos artistas del
performance, el teatro y la danza en la década de los 60
experimentaron con caídas reales y ficticias. Yvonne Raider,
cineasta sesentera, exploró el movimiento corporal y la caída
como el más común de los movimientos. Recordemos también
el estúpido intento de Bruce Nauman por levitar en su estudio
o la fotografía de Yves Klein lanzándose al espacio
desde la cornisa de una casa. La diferencia con la obra de Ader
es que éste presenta una mezcla de ironía y romanticismo
dramático. Combina la comicidad al estilo Buster Keaton con
la exaltación de su propia destrucción. |

Bas Jan Ader, Documentación
del performance
al caer al río, 1971. |
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Bas Jan Ader, I’m
too sad to tell you, 1971. |
Segunda caída
La obra de Ader es una combinación de crítica, tragedia
y sarcasmo. La melancolía manifiesta en el arte europeo mezcalda
con el sueño americano, Holywood y la televisión.
Sin embargo existe una sensación de pérdida o tristeza
en casi toda su obra. En la serie I’m too sad to tell
you , Ader se fotografía llorando, unos lagrimones recorren
sus mejillas en una especie de cliché trági-cómico.
A diferencia de otros artistas conceptuales Ader registraba sus
acciones al momento y trabajaba con las fotografías o filmes
para construir una narrativa de la acción. Lo que caracteriza
su trabajo es el performance centrado en el cuerpo y la actuación
con un objetivo narrativo. La “puesta en escena” de
su tragedia examina categorías que giran en torno a la caída
del hombre, la obsesiva búsqueda de significados, las inevitables
despedidas y dudosos retornos. |
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Bas Jan Ader nació en 1942 en Winschoten, Holanda. Desde
1963 hasta su temprana muerte en 1975 vivió predominantemente
en California. Consciente de sus raíces europeas manifiestó
un cuestionamiento de las añejas tradiciones del arte. Una
muestra de esto es el filme Flowerwork, donde sólo
se ve parte del cuerpo de Ader vestido de negro, arreglando un ramillete.
Cuidadosamente selecciona las flores en una secuencia de colores.
En el proceso se observa como el jarrón pasa de ser multicolor
a monocromático y al final regresa a los tres colores primarios.
Esta acción muestra el cuestionamiento hacia la tradición
modernista, en homenaje irónico a la pintura de Mondrian.

Bas Jan Ader, Untitled (Flowerwork),
1974
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Tobías Ostrander,
curador de la muestra, señaló las referencias alusivas
de Ader hacia un romanticismo decimonónico y teorías
de lo sublime. La obra The Elements es una imagen del artista
parado en medio de un paraje natural enorme y melancólico,
composición en la que Ader sugiere ambientes que se asemejan
a los utilizados por el pintor alemán del siglo XIX Caspar
David Friedrich.
Para Ader el arte no era una respuesta, fue una búsqueda
y un camino. Como en la vida:no hay certezas, ni seguridad de no
caer o fracasar durante el trayecto. |

Ban Jas Ader, Farewell
to Faraway Friend , 1971.
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Caspar D. Friedrich,
Caminante sobre el mar de nubes. 1875 |
| Ante lo que podría pensarse, una de las acciones
más contundentes del trabajo de Ader no fue una de sus caídas
sino la pieza que representa una metáfora sutil de la caída,
The boy who fell over Niagara Falls. En esta obra se ve al artista
sentado en una silla cerca de una mesa en la que está colocada
una pequeña lámpara y un vaso con agua. Ader, sin mirar
a la cámara lee un artículo del Reader’s Digest
acerca de un niño que sobrevivió después de haber
caído en las cataratas del Niagara. Ader lee la historia lentamente,
haciendo breves pausas entre fase y frase para tomar un trago de agua.
Cuando la historia concluye y se ha terminado el vaso de agua, se
levanta y sale de cuadro. Esta obra contiene elementos que fueron
importantes para Ader en la última fase de su obra: la caída,
el agua, el tiempo y el riesgo de muerte. |
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Tercera y última caída
Es más fácil admirar a un artista conceptual muerto
que a uno vivo. El mito que rodea a Bas Jan Ader y su extraña
desaparición lo convirtieron en casi un héroe —triste
destino para quien quiso ser justamente lo contrario. La intensidad
de su obra parece agrandarse por el hecho de ser un artista atrevido
que desapareció misteriosamente a la edad de 33 años,
cuando iniciaba la segunda fase de su obra In Search of the Miraculous.
Su búsqueda lo llevó a la muerte, un viaje que simbólicamente
representaba la última afrenta, el riesgo de caer al vacío
explorando los límites de una tierra plana y finita. Así,
en el verano de 1975 se embarcó en un pequeño bote,
se armó de provisiones e inició el trayecto que debería
llevarlo desde Cape Cod, Massachussets hasta Falmouth, Inglaterra. |

Bas Jan Ader
In Search of the Miraculous, 1975
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Pero Ader nunca llegó, a las pocas semanas
de su partida se perdió el contacto con su embarcación
y ocho meses después se encontró su bote a la deriva
cerca de las costas de Irlanda; su cuerpo nunca fue hallado. Algunos
de sus alumnos pensaron que su desaparición era sólo
una más de sus bromas, había quien afirmaba que Ader
estaba vivo paseándose por las playas de California. Pero
hoy, casi treinta años después, sigue desaparecido.
Cuando se dio constancia de su desaparición, su hermano
encontró en el escritorio de Bas en la Universidad de California,
donde era maestro, una copia del libro The Strange Last Voyage of
Donald Crowhurst, testimonio de un marinero que emprende un solitario
viaje alrededor del mundo y de cómo pierde el juicio y la
vida. Esto hizo suponer que Ader mismo sabía que pretendía
realizar un viaje sin retorno. Habría que pensar si algunas
de sus obras anteriores no eran, desde entonces, un anuncio de su
partida final como Farewell to Faraway Friends o la fotografía
donde presenta sus ropas extendidas sobre el techo de su casa, como
si estuviera a punto de empacarlas en una maleta. Ambas obras son
muestras claras de una despedida.
Ader dejó una obra breve y contundente, su trabajo ha sido
influencia e inspiración para artistas contemporáneos
que ven en el arte un viaje y un proceso de descubrimiento. Como
Ader mismo expresó:
“El mar, la tierra, el artista, tristemente saben que ellos,
no serán más”.

Bas Jan Ader
In Search of the Miraculous, 1975
Arte y proyecto Bulletin, no. 89 |
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