The Metropolitan Opera Bathroom: Un espectáculo que comprueba que
no se necesita ser gordo para cantar ópera.

Gabriela Galindo

Entrevista con Pablo Helguera

El pasado 1 de junio unos cuantos neoyorquinos tuvieron la oportunidad de presenciar una de las actuaciones performáticas más célebres en el terreno del Bel Canto. Como parte de la exhibición titulada "Entrée" curada por Krista N. Saunders, se presentó el concierto en el Metropolitan Opera Bathroom, un recital a capella y al natural donde Pablo Helguera, dentro de la cálida atmósfera del baño, cantó bajo la regadera en un pequeño departamento de Nueva York.


Grabación de Florence Foster Jenkins
cantando la famosa aria de la Reina de la Noche de
La Flauta Mágica.

Helguera, quien ha mostrado una amplia variedad de habilidades artísticas que van desde la fotografía, la instalación, el performance, la literatura y las artes visuales, demostró que su inclinación hacia el canto se debe no solo a un natural impulso de expresión personal, sino prácticamente nació con ella. A los cuatro años de edad al escuchar una pieza musical, afirmó con certeza: “me gusta mucho esta música: me recuerda a mi infancia”.

No es de extrañar que la música, y especialmente la ópera hayan estado presentes en muchos de sus trabajos. Entre estas obras destacan la publicación en el 2007 del libro Las Brujas de Tepoztlán, una colección de historias sobre cuatro óperas disímiles y sospechosamente oscuras, escritas por compositores que, de acuerdo al autor, “están tan olvidados que podrían ser ficticios”.
En 1994 fundó el Circorama de la Nostalgia Operística y recordemos el homenaje a Florence Foster Jenkins, famosa por ser la peor soprano de la historia, que presentó en el Ex Teresa en el año 2000.

Más tarde este material formaría parte del proyecto Parallel Lives que se presentó en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en el 2003, que consistió en la reconstrucción de las vidas de cinco personajes idealistas y excéntricos, todos incomprendidos en su época: Friedrick Fröebel (el inventor del Kindergarten), Florence Foster Jenkins, Giulio Camillo (el inventor de un teatro de la memoria), Ward Jackson (el archivista del museo Guggenheim) y los Shakers (un grupo religioso casi extinto en los Estados Unidos).

Hay quien dice que la ópera es un gusto adquirido. Es cierto que es un arte difícil al que no muchas personas acceden; pero esto se debe, no a que las entradas sean por lo general costosísimas, sino porque, para muchos, es muy difícil entender esas historias mega dramáticas, puestas en escena teatralmente pero que no son teatro, atrás de una orquesta que está prácticamente escondida bajo el suelo, representadas no por actores sino por cantantes, vestidos a la usanza de Luis XV o atuendos peores, que tratan de actuar, gesticulando exageradamente, mientras se concentran en alcanzar notas como la famosa "Do de pecho". Ciertamente es difícil entender como después de todo esto, hay algunos que seguimos pensando que se trata de algo serio.

Pablo HelgueraPero lo es; así lo demostró Helguera que frente a un selecto público (o habría que decir escondido ante su público), en total desnudez, con el sólo acompañamiento del sonido del agua, nos conmovió con un delicado y bien elegido repertorio.

Gabriela Galindo: ¿Cuándo comenzó a cantar?

Pablo Helguera: El cantante nace, no se hace. Recuerdo remotamente tararear las canciones de cuna que me cantaba mi abuela, acción que dados mis escasos días de existencia le consternó un poco. De niño también me gustaba cantar la música de Odisea Burbujas [1], la de una película de Lassie que me obsesionaba, y la de un extraño disco de himnos soviéticos que mi hermano tenía. Aún me sé algunos himnos soviéticos, pero la música de Lassie desafortunadamente se me ha olvidado.

GG: ¿Sólo canta en la regadera?

PH: No, mi repertorio incluye otros ambientes. Por ejemplo, me entusiasma mucho cantar en las estaciones de metro a pleno pulmón cuando pasa el tren, sabiendo que nadie me oye. Me protege el ruido del tren al pasar, de la misma manera en que el agua es un ruido protector y de acompañamiento. El desafío con el metro es que el ruido del tren es breve y solo alcanza para cantar unos cuantos compases. En cambio en la regadera uno puede seguir cantando hasta que se le acabe a uno el agua caliente – o el agua, dependiendo de la vecindad donde uno viva.

GG: Su repertorio muestra una variedad interesante, desde los grandes maestros (Mozart, Verdi, Puccini) hasta canciones tan populares como Strangers in the Night… ¿Esta selección se debe a un criterio musical particular o más bien se acerca a un simple caprichito?

PH: El público exige calidad, pero también variedad. Hoy en día no es fácil para nadie el aventarse como público una ópera entera de Wagner. Solo algunos aficionados extremos —quienes yo sospecho que en el fondo son masoquistas- son capaces de tales proezas. Por eso en mi repertorio procuro proveer platos fuertes pero también un poco de música de elevador.

GG: El programa decía que la duración sería de 18 minutos, ¿Realmente duró 18 minutos?  ¿Ese tiempo incluyó el Shampoo break? ¿Cómo le hizo para cantar 15 piezas en tan poco tiempo?

PH: No, el recital tuvo dos partes de media hora cada una, y el intermedio para el shampoo duró quince minutos.  Hay que considerar que es una cantidad generosa de tiempo para un recital: Pavarotti en sus épocas más comerciales sólo llegaba a cantar dos o tres arias máximo y el resto del programa era paja sinfónica que tocaba su mediocre orquesta personal mientras que él descansaba en su camerino, cobrando millones. Yo aparte nunca cobro, fuera de pedir un par de toallas y alguna bata.

GG: ¿Qué Shampoo usa? ¿Usa acondicionador?

PH: Confieso saber muy poco de shampoos. Siempre se me olvida comprarlo en la tienda y acabo siempre usando el shampoo de mi novia, quien es rubia. Es un shampoo especial para rubias muy caro y ella se enfurece cada vez que lo uso. Puedo jurar que este producto ha mejorado mi técnica vocal de manera sobrenatural, aunque también admito que he perdido algo de pelo.  El acondicionador funciona mejor para contratenores, por alguna misteriosa razón.

GG: ¿En qué modo le afecta la temperatura del agua para cantar?

PH: Muchísimo. Por lo general yo siempre improviso el repertorio, y la temperatura ayuda a determinarlo. Cuando el agua es en extremo caliente, tiendo a las arias de índole lírico, Pucciniano, cuando es tibia, me pongo un poco más audaz y trato de cantar Verdi. Pero cuando el agua está helada, canto mambos- no para calentarme, sino porque tirito de manera rítmica similar a las composiciones de Pérez Prado.

GG: En muchos países, sobre todo en Europa, se usa la regadera de mano ¿en esos casos, le es posible cantar?

La técnica de sujetar la regadera en la mano es en extremo incómoda para los cantantes de baño y solo algunos virtuosos la pueden dominar. En general, el intentar utilizar un instrumento de esta naturaleza sin dominarlo puede causar graves daños vocales. Si Caruso hubiese conocido las regaderas de mano en su tiempo y si las hubiese incorporado en su repertorio, probablemente habría arruinado su carrera. Uno necesita las manos libres para gesticular. Aparte que yo encuentro imposible lavarse el pelo con una sola mano, mientras que la otra sujeta el instrumento regaderil.

GG: ¿Suele cantar cuando se baña en tina?

PH: La tina, por otra parte, es la antítesis de la ópera. Es imposible incorporar el agua estancada con los bellos vaivenes de las melodías y la dinámica dramática de un aria.  Lo importante de la regadera es el sonido musical de las gotas que caen, que funcionan como acompañamiento orquestal. El género más propicio para la tina es más bien el ballet acuático.

GG: Dice usted que algunas personas no aguantaron la curiosidad de asomarse tras la cortina para fisgonear un poco, ¿qué tanto le afecta esta acción del público al momento de estar cantando? ¿Porqué no canta con la cortina abierta?

PH: Cuando uno se entrega a su arte, hay que estar preparado para todo, como cuando la soprano se tiene que desnudar durante la famosa danza de los siete velos de la ópera de Salomé de Strauss, revelándolo todo sin importar su usual grado de obesidad.  Ahora bien, en el arte, como en el sexo, lo fundamental es el misterio. Una vez que se exhibe todo de inmediato se pierde la tensión del deseo. Cuando uno cubre algo, de inmediato genera el deseo de des-cubrirlo. Por eso el estar detrás del telón —perdón, de la cortina de baño— constituye a la vez una invitación y un desafío directo al público, varios de los cuales lo suelen aceptar. Pero debo de confesar, por otra parte, que el espectáculo del otro lado de la cortina no era precisamente digno de Chippendale’s.

GG: Finalmente, ¿planea una siguiente actuación, una gira? ¿Podremos escucharlo en México?

PH: Parecería increíble, pero a estas alturas de mi carrera aún no he sido invitado a cantar en la Regadera de Bellas Artes ni en el Lavadero Nacional. Pero no pierdo las esperanzas, aparte de que sé que el público mexicano tiene una sensibilidad únicamente adecuada para la ópera de baño y de seguro, cuando menos lo espere uno, llegará el día en que toda la población abrirá salas de conciertos en sus casas particulares y la cultura de la ópera en la regadera finalmente imperará. Seamos pacientes.

GG: Muchas Gracias Maestro…

Odisea Burbujas: Popular serie de la television mexicana de los años 70 ver: Odisea Burbujas en YouTube

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