Celebración y duelo de la existencia material, la escultura de Anthony Gormley

Anthony Gormley

Gabriela Galindo

Anthony GormleyCritical Mass II (1995)

Anthony Gormley (Londres, 1950) descubrió el camino hacia la escultura a través del estudio del ser humano; antropólogo, arqueólogo e historiador de arte, Gormley trabaja con la figura humana como un lugar para explorar la memoria y la condición del hombre en sus roles sociales e individuales. Centra su atención en el cuerpo como sujeto, como objeto y como espacio, recorriéndolo desde su propio cuerpo y expandiendo el territorio desde la individualidad hacia la colectividad como un solo movimiento.

Sus instalaciones, objetos y esculturas toman el cuerpo humano como punto de partida, ya sea considerándolo como una multitud de formas, como huella o como una presencia que ocupa un espacio determinado, la obra de Gormley deja ver las relaciones entre peso, volumen, individualidad y colectividad.

En su más  reciente exposición en el museo Kunsthal de Rotterdam, presentó una retrospectiva de 20 años de trabajo a través de  una serie de instalaciones y esculturas, a la vez envolventes y expansivas. La muestra es una invitación hacia un viaje a través de diferentes estados emocionales, explorando los límites del cuerpo como un espacio habitable en sí mismo. El artista invita a reflexionar sobre nuestros propios cuerpos en relación con el mundo, con las estructuras arquitectónicas y los ambientes urbanos; sobre los caminos por los que nos orientamos espacialmente y de cómo reaccionamos cuando nos encontramos inmersos entre grandes estructuras estáticas.

Anthony GormleyEvent Horizon  (2007)

Dentro del recorrido de la exposición encontramos multitudes y figuras solitarias, reales e imaginarias, así como materiales diversos como concreto, acero, hierro, plástico, tela o migas de pan. Más allá de la materialidad que ocupa un lugar importante en el desarrollo de su obra, el cuerpo es representado como un instrumento provocador de volúmenes al tiempo que es el contenedor mismo de emociones y experiencias. El encuentro con estas presencias y ausencias hace que el espectador deje la posición pasiva para intervenir como parte activa de las instalaciones, caminando dentro de ellas, circulando alrededor y dialogando con el espacio interior y exterior de las piezas.

La exposición inicia desde fuera del museo con una instalación titulada Event Horizon  (2007), compuesta por 20 esculturas de fibra de vidrio con la forma y tamaño real de una persona (moldeadas a partir del propio cuerpo del artista), colocadas sobre las azoteas, ventanas de edificios y jardines que circundan el museo. Sugiriendo un campo de observadores que son a la vez vistos y no vistos por los transeúntes, esta pieza nos lleva más allá del acostumbrado punto visual urbano y obliga a interactuar con las estructuras arquitectónicas desde perspectivas diferentes; al mismo tiempo que es una revelación de nuestra propia observación pues son ellos los que nos observan desde lejos.  El título de la pieza tiene un referente cosmológico sobre  la reflexión de la expansión permanente del universo. El horizonte nos es revelado a través de las figuras que lo observan y que a la vez miramos. Uno de los aspectos inesperados de esta pieza es su capacidad para hacer que el espectador sea consciente de la aprehensión que provocan algunas de sus figuras, por el lugar y orientación de las mismas. Nos hace conscientes de la mirada, de cómo vemos, reflexionando sobre los diversos estados de observación y del placer que provoca el "ver sin ser visto".

El mundo en sus tres dimensiones se convierte en una plataforma en la cual los 360 grados de observación están permanentemente activados por la posibilidad que representan en términos de punto de mira, horizonte y ángulo de visión.

Anthony GormleyEvent Horizon  (2007)

Del horizonte espacial expansivo e incierto pasamos a un horizonte limitado y contenido que se encuentran dentro del museo, la siguiente pieza es un multitudinario  grupo de figuras, también creadas a partir del cuerpo del artista, pero esta vez se encuentran agrupadas en un solo lugar y en posturas diferentes. El título de esta obra Critical Mass II (1995) nos remite a la definición física que determina el momento en que se reúne una cantidad suficiente de un material determinado, necesario para producir una reacción constante y que permitirá un efecto significativo.

Anthony Gormley
Anthony GormleyCritical Mass II (1995)

A diferencia de la instalación dispersa en el espacio urbano, las figuras en Critical Mass II, realizadas en acero fundido, están dispuestas dentro de un espacio cerrado y han sido moldeadas de acuerdo a doce posturas que parten de cuatro posiciones básicas del cuerpo (parado, sentado, arrodillado y agachado) estas posiciones representan el léxico del cuerpo y muestran estados emocionales muy distintos según el modo en que están colocadas y orientadas en relación al espacio y las demás figuras; así como por la interpretación personal que cada uno puede darle de acuerdo a su propia historia, cultura y tradiciones.

En Occidente es común relacionar la figura yacente con la muerte, sin embargo hay muchas culturas en las que entierran a sus muertos en otras posiciones (sentados o en posición fetal), por lo que la interpretación queda en manos del que observa en función de la colocación que propone el artista. Basta modificar el posicionamiento para que la figura represente un estado emocional completamente diferente: la figura que está hincada en un acto de sumisión, al colocarla hacia atrás como si se hubiera ido de espaldas, parece que está en un trance histérico; mientras que aquella que parece dominada por la ansiedad hecha un ovillo en el suelo, se diferencia a la que, con la misma pose, está colgada como si se tratara de un equilibrista al final de una pirueta; pero al final todas juntas, forman una sola densidad humana revuelta, envuelta y dispersa en el espacio.  El color negro de las obras acentúa su característica solidez y masa, y deja de lado la preocupación por el tratamiento de la superficie, que domina a la escultura clásica, o el modelado en las esculturas de Auguste Rodin.

Anthony GormleySense (1991)

Lo que une a estas dos instalaciones tan opuestas es la idea de la colectividad, ya sea reunidos en un solo lugar o dispersos en el mundo, todos estos personajes terminan por convertirse en un solo ser que comparte las emociones, los sentidos y las sensaciones que conforman la condición humana. Pero dentro de esta colectividad cada uno de estos personajes representa también un ser individual que existe en el mundo como único e irrepetible. Esta condición individual se ve claramente expuesta en dos piezas muy representativas: Reflection II (2008) y Sense (1991). La primera es una alusión directa a la imagen reflejada del ser individual; como su nombre lo indica, la pieza es un personaje que está frente a un espejo, pero el sujeto que está al otro lado es tan real como el original, alterando la noción de quién es el sujeto y qué el reflejo. Por otro lado, Sense representa al individuo a través de la negación misma del ser. Usando un molde de cera de su cuerpo, Gormley vació concreto sobre el molde y posteriormente derritió la cera. El resultado es la presencia del sujeto representado por el espacio ausente del cuerpo del mismo. Un bloque de concreto por el que podemos vislumbrar a través de pequeñas aberturas que dejaron las manos y la cabeza, el espacio que ocupó este individuo y que ya no está; pero que su presencia es tan veraz como el concreto mismo.

El corazón de la exposición es una instalación de gran impacto titulada Allotment II (1996). Está compuesta por 300 elementos de concreto, creados de acuerdo a las dimensiones reales del espacio que ocupan 300 individuos que habitan en la comunidad de Malmö, en Suecia, cuya edad fluctúa entre 1 y 80 años de edad.

Cada elemento fue creado considerando el espacio vital que cada una de estas personas ocupa en el mundo, seres individuales que habitan un espacio y que juntos conforman un cuerpo social.

A pesar de que podría parecer que todas las figuras son iguales –cubos con  huecos que son la representación simple de la boca, las orejas y los órganos sexuales– cada uno es distinto, cada uno tiene un identificador único, tiene nombre y apellido, y existen como individuos con características propias.

Anthony GormleyAllotment II (1996)

Colocados todos juntos forman una masa que asemeja un paisaje urbano por el cual es posible transitar, adentrarse y perderse en un universo de piedra; sin embargo siempre se mantiene la sensación de que uno está caminando entre seres individuales y hasta es posible reconocer las diferencias entre cada uno. La presencia misma de los espectadores convierten a la instalación en una estructura viviente. El visitante se confunde con el grupo y se mezcla dentro de esa masa "humana" provocando un sentimiento cautivador y de fuertes emociones y asociaciones.

Anthony GormleyAllotment II (1996)

Según el propio artista, la escultura puede ser vista desde dos formas distintas, casi opuestas. Una es la física, representada por el espacio que ocupa la obra dentro de un cuarto o en un paisaje, y la segunda es la imaginaria, donde el espectador colocará su experiencia, sus emociones y recuerdos. Ambas son indispensables para que la obra funcione, casi como una trampa para el espectador, permitiéndole interactuar con la obra, intervenir con ella o habitarla.

El trabajo de Gormley no representa sólo la figura humana, es una investigación sobre la naturaleza del espacio que el ser humano habita, tanto dentro de sí mismo, como en el exterior. "Nunca me ha interesado hacer estatuas. Lo que intento mostrar es el espacio que ocupa el cuerpo, no la representación del cuerpo en sí". Aristóteles define el espacio como “el límite inmóvil que abarca un cuerpo”, así pues, no existe espacio donde no existe un objeto material. Esta referencia de espacio como lugar, o sea como posición de un cuerpo entre los demás cuerpos, supone la inexistencia del vacío. Así lo vemos en la obra de Gormley, ahí donde no hay cuerpo, no existe un vacío.

Anthony GormleyAllotment II (1996)

La aportación de este artista británico se puede asociar con la obra de otros artistas contemporáneos que han usado el Ready Made como estrategia para detonar nuevas interpretaciones de lo que es escultura y objetualidad.  La obra de Gabriel Orozco, por ejemplo, juega con esas asociaciones en términos de exterioridad e interioridad, colocación en el espacio y desplazamiento dentro de él, a través del uso de materiales blandos como el barro o la piel.  También las placas y cajas minimalistas de Carl André o Donald Judd usaron la producción de objetos en serie  y la noción de contenedor y contenido, para apelar a la viabilidad del objeto como una parte cosustancial al espacio.

La pieza Quantum Cloud XLI (2008) muestra con claridad la idea de ese espacio habitado pero sin cuerpo. Una nube de fibras de acero colocadas aparentemente en un caos singular, al verla a cierta distancia se distingue, en esa bruma de metal, la silueta de alguien que estuvo ahí. El cuerpo sutilmente delineado no se detecta a primera vista, lentamente emerge conforme uno avanza y se aleja de la obra. Como un espectro desmaterializado, el ser hace su aparición en el mundo de lo real.

Lo interesante es que este espectro se encuentra frente a su justo contrario, un cuerpo completamente material y en una actitud de impactante dureza. Sovereign State (1989/90) evoca el sentimiento de claustrofobia y desesperación de una persona en un estado de lo que podría ser una emergencia nuclear. Un cuerpo recostado en posición casi fetal, conectado con más de trescientos metros de tubos de alta presión por los cuatro principales orificios del cuerpo. Esta pieza, es parte de una serie de obras en las que Gormley trabajó sobre los sentimientos de ansiedad provocados ante la posibilidad de una debacle nuclear, característicos del periodo de la Guerra Fría en la década de los 70 y 80. Utilizando materiales como pan (Bread line, 1979), cobijas de hospital (Blanquet Drawing, 1983) y balas (Seeds III/IV, 1993), el artista británico nos remite a los sentidos de supervivencia y protección (comida, cobijo y defensa) y a la dependencia del mundo material.

Anthony GormleyQuantum Cloud

Las esculturas de Gormley nos recuerdan que existimos dentro de un cuerpo y que es a través de él por el que percibimos, nos comunicamos y nos reflejamos, pero lo más importante es que este cuerpo es el contenedor de las emociones, los sentimientos y experiencias. Es justamente por ello que sus obras, además de permitirnos reconocer esa sensación espacial y material del cuerpo nos hacen posible percibir sentimientos remarcados, desde el horror, el castigo o el sacrificio, hasta la sensación de protección, preservación y celebración de la vida.

 

Fotografías tomadas de: www.antonygormely.com

 

 

 

 

 

 

Anthony GormleySovereign State (1989/90)

Anthony GormleyBlanquet Drawing (1983)                                                                          Bread line (1979)

 

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Fecha de publicación: 02.08.2008