Entre lo anormal y lo monstruoso

marlene DumasMarlene Dumas. Het Hooghuys. 1990-91

Gabriela Galindo

Primer Acto: Todos queremos ser bellos

Hace cincuenta años si nacías con una nariz prominente o con orejas tipo “Dumbo” no te quedaba más que aceptar ser la burla de la escuela por algunos años. Veinte años después ya existía la posibilidad de “reparar” el defecto, pero había que tener agallas y dinero para acceder a una cirugía. Hoy en día, es casi un “deber” eliminar esas horribles imperfecciones físicas. Los medios de comunicación están atiborrados de productos para hacernos bellos, para bajar de peso, para rejuvenecer, para “blanquear” la piel. Permanentemente recibimos el mensaje de que debemos ser bellos.

julika RudeliusJulika Rudelius. Forever. 2006.

Lo feo, desde los clásicos griegos, ha sido considerado como un desorden que implica irremediablemente una connotación ética y moral que se relaciona con el error y más allá, con el mal. Es la negación de la belleza y por ende, de lo bueno y lo verdadero. Para Platón lo feo es la representación de la ausencia absoluta; en la medida en que lo bello se relaciona con el ser, lo feo es solamente pura privación, es el vacío, el no-ser. Mientras que lo divino es "todo lo que es bello, bueno, verdadero… y lo que nutre y fortifica las alas del alma"[1], lo feo es todo lo que se opone a estas cualidades.

Puede ser que uno se sienta feo, puede ser que uno se enfrente con un Otro que es feo; en ambos casos los patrones de pensamiento que la cultura, la sociedad y los valores de nuestra civilización nos han inculcado van a intervenir para que nos sintamos en cierto modo incómodos, insatisfechos o angustiados. Wolfgang Welsh analiza puntualmente como el Homo-Aestheticus se ha convertido en el modelo a seguir: “El embellecimiento y la estilización se encuentran hoy en todas partes. Se han extendido del terreno de la apariencia individual a las esferas públicas y urbanas, y desde la economía hasta la ecología”. [2]

La artista alemana Julika Rudelius (1968) tiene una pieza de video en la que seleccionó a cinco mujeres americanas de la tercera edad, muy millonarias y muy “bellas”; y las invitó a hablar sobre su idea de la belleza. Al principio mi impresión fue simplemente escuchar la insulsa conversación de señoras ya grandes y muy operadas. Sin embargo poco a poco se va dejando entrever un modo oscuro de perversión que provoca una cierta aversión y horror. La evidencia de la superficialidad y obsesión por la apariencia acaba por disturbar. Paradójicamente, estas mujeres que se han empeñado en mantenerse “siempre bellas”, que se han sometido a toda clase de tratamientos y operaciones, acaban por convertirse en la representación de lo más horroroso.

La extensión de esta sobreestetización de la que habla Welsh, ha llegado hasta al estado anímico y mental de las personas y peor aún, se ha convertido en un satisfactor “del alma”. Hoy en día, la felicidad no se encuentra en una búsqueda moral o espiritual, sino en los centros comerciales. En los años 60, Aldous Huxley vaticinaba la creación de una droga para eliminar de nosotros toda libertad de pensamiento y expresión pero que voluntariamente tomaríamos para “ser felices”.  Hoy esa droga ya existe y tiene varios nombres, desde el Prozac hasta el Iphone, desde una pequeña cirugía, hasta el Extreme Makeover.

Y hablando de extremos qué mejor ejemplo que la artista francesa Orlan (1947). Su trabajo, que ha denominado Carnal-Art, se basa en la desfiguración y refiguración de su piel y de su cuerpo a través de intervenciones quirúrgicas, maquillajes y extensiones plásticas. Orlan ha convertido su cuerpo en lo que ella llama un “modified ready-made” que representa justo lo contrario del ideal de belleza preestablecido. Según la artista el Carnal-Art no está interesado en el resultado final de las cirugías plásticas sino en el proceso de la intervención, en el espectáculo y el discurso del cuerpo modificado que hoy se ha convertido ya en un tema de debate público.

OrlanOrlan. triptyque Operation Opera. 1993.

Orlan representa esa gran decepción de la que habla Welsh, me refiero al fracaso de esta sobreestetización global con la que no hemos alcanzado esa satisfacción anímica y social prometida. Y el resultado es un sentimiento de vacío e inconformidad que nos hará aún más dependientes de nuestras drogas de la felicidad. Todos queremos ser bellos, porque hoy en día ser bello es la “norma”. Es más, es casi una obligación. Desde la tecnología, hasta la ingeniería genética, el hombre se empeña en modificar y transformar su estructura para alcanzar el grado de perfección establecida por una sociedad quebrantada y corrupta.

Pero todo lo blanco tiene un lado oscuro, al igual que en “El Mundo Feliz” de Huxley, en la actualidad también contamos con nuestro “Mundo Salvaje”. Ese mundo de los desarraigados, los excluidos, los rechazados, los renegados... vaya en una palabra: los anormales.
Todos queremos ser bellos, porque todos queremos ser normales.

Segundo Acto: Monstruos vs. Anormales

Un monstruo es anormal, pero no todos los anormales son monstruos. Foucault distingue que en la sociedad moderna surgen hombres reales que se saben “anormales” porque reconocen que no siguen las normas. Refiriéndose quizá a sus propias normas, que han creado para sí mismos pero a partir de un ideal social. Estos sujetos, reprimen sus deseos “anormales” para tratar de someterse a la norma y ser aceptados socialmente. Intentan a como de lugar aparentar una cierta normalidad a pesar de sí mismos.

Por otro lado, distingue lo anormal de lo monstruoso, considerando al monstruo, más como un sujeto que transgrede la ley, es decir, que en principio la monstruosidad se refiere a una noción jurídica como una violación del pacto cívico pero que se extiende hasta las leyes de la naturaleza. Según Deleuze el maestro de los monstruos es Fellini: "Fellini es el autor que supo crear las más prodigiosas galerías de monstruos: un travelling los recorre deteniéndose en uno o en otro pero siempre se los capta en presente, aves de presa perturbadas por la cámara y confluyendo por un instante en ella."[3]

David LynchDavid Lynch. Eraserhead. 1977

Pero los monstruos de Fellini son más cercanos a un anormal que a un verdadero monstruo. Creo que en este sentido, David Lynch está más cercano a la monstruosidad. Los monstruos de Lynch se salen de todo parámetro: desde los anormales como los enanos y deformes, hasta los auténticos monstruos que se diluyen entre los demás como personas comunes que pareciera que no se han identificado a sí mismos como adefesios, o bien reveladamente monstruosos que provocan pánico y terror, o tipos que hacen de su deformidad un valor que sobrepasa a los demás y su monstruosidad los convierte en sujetos poderosos y casi omnipotentes.

Dinos & Jake ChapmanDinos y Jake Chapman. Übermensch. 1995.Fernando Savater tiene un pequeño libro de ensayos donde estudia a los más malvados monstruos de la literatura, desde el Cíclope Polifemo, hasta los Velociraptors de Parque Jurásico, pasando por Frankenstein, los fantasmas, los marcianos y el Gollum de Tolkien. Esos sí son monstruos!. Pero la anormalidad es otra cosa. El monstruo da miedo, el anormal sólo incomoda.

 

Los anormales son esos 'freaks' (así en inglés, porque repito: monstruo es otra cosa) son 'eso' que nos es extraño, ajeno, esa gente deformada, subnormal, lisiada, que están por todos lados  pero que al mismo tiempo se ocultan avergonzados de su anormalidad. Son personas que están integradas al mundo social pero que no queremos ver. El anormal representa una confrontación tan brutal que todos volteamos la cabeza y evitamos la mirada cuando nos encontramos con uno de ellos. La obra Übermensch (El Superhombre) de los hermanos británicos Dinos y Jake Chapman es un buen ejemplo de esta contradicción entre la obligada aceptación hacia el anormal y el supuesto natural rechazo. La pieza es un gran pedestal de roca que sostiene a manera de trofeo la imagen de Stephen Hawking en su silla de ruedas. Esta efigie podría interpretarse como ese gran icono de la inteligencia, un homenaje a esa gran mente atrapada en un cuerpo atormentado. Sin embargo al mismo tiempo es una pieza de una ironía que casi llega al sarcasmo, pues bastaría con que el pobre hombre equivocadamente echara a andar la sillita unos cuantos centímetros, para desbocarse sin remedio hacia el abismo.

Ser diferente no es algo deseable y peor aún cualquier deformidad representará un lastre para el éxito social o incluso, para una simple vida decantada y llevadera.

Nedko SolakovNedko Solakov. This is me
too... 1966-2005.
Pero no solo las incapacidades, o malformaciones son anormales; las conductas, el color de la piel, la raza o la religión pueden convertir a una persona en un ser raro o extraño, ajeno a un determinado mundo social y ser sujeto de los mismos rechazos como si estuviera en una silla de ruedas o tuviera la cabeza inflada. Nedko Solakov, artista de origen búlgaro (1957) con un gran sentido del humor e ironía, ha trabajado con los temas del rechazo, la soledad y la discriminación por motivos políticos, raciales o religiosos. En su obra tituladaThis is me too... (“Este también soy yo...”), Solakov experimenta con su cuerpo y sus conductas para reconocer su relación con el mundo no sólo como si fuese “alguien” diferente, sino como si él mismo fuera una “cosa” distinta a lo que es.  Con un grupo de piezas que van desde instalaciones, dibujos y performance, Solakov se convierte en un pato disecado, en un pedazo de piso de concreto o hasta el extremo de disfrazarse de copo de nieve y salir a corretear graciosamente por el campo. Con estas acciones bizarras y hasta ridículas cuestiona una realidad que damos por hecho pero que en cualquier momento es posible modificarla a través de un simple comportamiento diferente o “anormal”.

No hay duda de que en la actualidad existe una mayor conciencia y aceptación hacia la diferencia. Pero paradójicamente el temor a lo imperfecto o lo extraño se ha incrementado al grado de que las propias leyes permiten la intervención para evitar o remediar esas anormalidades antes de que sucedan. Tom Shakespeare, escritor británico y víctima de acondroplasia (es decir, que era de muy baja estatura), cuenta en su libro No small Inheritance, la historia de su padecimiento y las consecuencias hereditarias del mismo. Al momento que su esposa se embarazó (por cierto ella, era de tamaño “normal”) se deja convencer por los médicos para que la señora se sometiera a una serie de pruebas y verificar si el feto portaba los genes del síndrome paterno. Al comprobar que la criatura sería de corta estatura, los médicos y algunos parientes, quizá con la mejor de las intenciones, les sugieren terminar con el embarazo. Al parecer nadie se dio cuenta de que le estaban hablando a una persona que tenía el mismo síndrome y que análogamente lo que estaban diciendo es que lo mejor es que no existieran personas como él. Él mismo cuenta, como en el año 1999 el Dr. Robert Edwards, uno de los dos científicos pioneros de la fertilización In Vitro dijo: “en el futuro, será un pecado el que una pareja se atreva a tener un hijo incapacitado”.[4]

Tom ShakespeareTom Shakespeare.

Es verdad, ¿quién desea tener un hijo con malformidades?, pero ¿y porqué no que de una vez que sea bello? ¿que tenga los ojos verdes? ¿y de paso alto y rubio?..

Gran finale: del Homo-Aestheticus al Homo-Cyberneticus

Muchos artistas han trabajado el tema de como el ser humano se ha empeñado en perfeccionar su cuerpo, transformarlo, incrementarlo o corregirlo. Sterlac, artista y performer australiano considera que el cuerpo humano es ya obsoleto. Desde los años 70 ha jugado con la idea de prótesis robóticas que hacen más eficiente el cuerpo: brazos extras, orejas en las manos, o implementos mecánicos para extender el campo de acción que naturalmente nos es bastante limitado. Pero Sterlac no está tan lejos de lo que ya está sucediendo, lo que hace 50 años era solo ciencia ficción –la manipulación genética, la clonación y la robotización– hoy en día se han convertido en una posibilidad, y en algunos casos, en una realidad.

Nadie duda de que los avances de la ciencia han generado grandes beneficios para el ser humano. Los índices de mortandad infantil han bajado, somos mucho más longevos, más altos, más resistentes y contamos con innumerables aparatos y artefactos que hacen nuestra vida más simple o placentera. Pero al parecer no nos está bastando el ser bellos o perfectos. Necesitamos más y mejores implementos. La ciencia no se va a detener y estamos llegando al punto en que el avance de la tecnología nos empieza a atemorizar.

SterlacStelarc.

El futuro, en lugar de alentador se va tornando como un destino inevitable en que llegaremos a la creación de prototipos transhumanos, programados genéticamente y a los que se les ha incorporado una serie de implementos robóticos y nanotecnológicos. Producidos masivamente y a la perfección, serán capaces de vivir indefinidamente y para siempre. Pero esto sigue sonando a ciencia ficción, porque lo cierto, es que cada vez que el ser humano inventa un artefacto mecánico para corregir o perfeccionar una acción, acaba por arruinar o destruir otra cosa.

Floris Kaayk (1982) de origen neerlandés tiene un video extraordinario titulado Metalosis Maligna en el que a manera de documental, nos narra de forma muy convincente el terrible padecimiento de un mal surgido como efecto de implantes metálicos en el cuerpo. Médicos y científicos nos explican como este inexistente mal ha colmado los hospitales con víctimas que, después de haber sido sometidas a un implante metálico, han ido perdiendo partes completas del cuerpo por un extraño efecto de crecimiento natural de este metal, el cual va reemplazando no solo las extremidades, sino entrañas y órganos vitales, hasta convertir al sujeto en una especie de estructura tipo mecano.

Kaayk nos advierte del peligro que el ser humano está corriendo al transformar la naturaleza de un cuerpo. Intervenirlo sin conciencia es igual a permitir que éste se desarrolle por su cuenta y acabemos siendo víctimas de nuestra creación. Curiosamente, del cyborg volvemos al monstruo. La víctima de Metalosis Maligna resulta ser el Frankenstein contemporáneo. Pero al final, el culpable es el mismo: La Ciencia.

Sin embargo, lo más seguro, es que nunca lleguemos a extremo de perfeccionar nuestro cuerpo, o convertirlo en un Homo-Cyberneticus; porque para entonces, ya habremos provocado tales desórdenes naturales, que no sobreviviremos para ver tan dichosos avances.

 

Floris KaaykFloris Kaayk. Metalosis Maligna. 2006.


NOTAS:
[1] Platón. "Fedro, o del amor". En Diálogos 1. (p. 266).
[2] Welsch, Wolfgang. Aesthetics Beyond Aesthetics. (p. 4).  
[3] Deleuze, Gilles. La Imagen-Tiempo. Estudios sobre cine 2. P.126  
[4[ Varios Autores. Diference on display: Diveristy on art, science & society. Nai Publishers. p. 66.
Fotografias de Gabriela Galindo

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Fecha de publicación: 05.04.2010