Confesiones de una vidente.

Kurt WestonKurt Weston, String Theory: The Space Between Us

Gabriela Galindo

1a. parte: crónica de un coloquio

¿Cómo sueña un ciego? Pienso en sensaciones de colores, sentimientos llenos de texturas, formas que se perciben con la piel.  Al final, me doy cuenta de que yo soy tan invidente a sus imágenes como ellos a las mías.

Alice WingwallAlice Wingwall, Lapidarium.

La ceguera nos inquieta nos dijo Benjamín Mayer [1] (a nosotros, los que sí vemos), porque nos remite a la irremediable reflexión sobre la discordancia que hay entre lo visible y lo real. Lo que vemos no es lo real y eso nos asusta. “El mirar de un ciego da miedo”, nos dijo a su vez Alfredo Flores Vidales [2], estamos enfermos de normalidad y aquello que no es como debería ser, nos incomoda.

Esto me hizo recordar un documental en el que a un niño ciego de unos 12 años, le hacen un transplante de retina. La operación es un éxito, el chico será capaz de tener algo de visión, “podrá ver la luz” decía la madre con los ojos reventando en lágrimas. El momento crucial había llegado, el médico le pide a la madre que sea ella la que esté junto a él, “es lo primero que debe ver un niño, a su madre”. Con las luces tenues, le quitan los vendajes lentamente y al momento en que el chico abre los ojos, un grito de terror llena la sala. Asustado, completamente atemorizado se pone las manos en la cara y se tapa los ojos. Sin dejar de gritar la madre lo abraza sin entender qué estaba ocurriendo. Nadie se imaginó, que el acto de ver también puede ser terrorífico.

Ver no es lo mismo que mirar, cuando vemos un plato y se nos pide que lo describamos, diremos que es un objeto circular, pero en realidad lo que estamos percibiendo es una forma elíptica generada por la perspectiva del espacio. De esta forma, lo que describimos no es lo que estamos viendo, sino lo que “miramos”, con nuestra mente, con nuestro pensamiento. Nos hemos forjado una idea de las cosas pero no a partir de una realidad visual, sino de un concepto.

Pete EckertPete Eckert, Stations.

Hay una  verdad simbólica en el acto de la vista y, específicamente en el órgano de la visión: ojos que proyectan y emiten emociones de deseo, de curiosidad, hostilidad o miedo; ojos que nos revelan y nos reflejan. Frases como: ojos seductores, mirada aguda, mal de ojo, o los ojos como el espejo del alma, muestran la potencialidad de las señales que el ser humano es capaz de transmitir y percibir a través de la mirada.

Estas dimensiones del fenómeno de la visión han creado que nuestro lenguaje ordinario y el conjunto de la cultura esté profundamente marcado por su importancia. Desde la Grecia clásica, la acción de la mirada era contundente en la formación de las ideas y en especial de la filosofía. Platón sugiere que para entender lo que es la idea, basta imaginar una forma despojada de color. Pero aún cuando considera a la visión como uno de los más grandes dones del hombre, nos advierte del peligro de las ilusiones que pueden provocar las imperfecciones de nuestra visión.

De ahí que es necesario entender que ver no es igual que mirar, porque la mirada se crea en el pensamiento. Evgen Bavcar [3] lo sabe cuando dice que la fotografía de ciegos no es posible sin la ayuda de la filosofía. No es casual que en la mitología griega se represente al visionario como un ciego. Tiresias es el que más ve, ve más allá, es clarividente. Su ceguera no es una limitación, sino la posibilidad de ver lo que los demás no vemos. Nuestros ojos se convierten no en un instrumento de visión, sino en un velo que nos impide reconocer la verdad de las cosas. Cegados por nuestra propia visión, somos incapaces de salir de la trampa de la luz.

La percepción entonces deviene en una especie de simulacro de lo pensado, de lo imaginado. Entonces, si realmente lo que vemos, lo hacemos con la imaginación, de ahí que no sea difícil entender que un ciego pueda “ver” y por ende fotografiar aquello que está en su mente.

Evgen BavcarEvgen Bavcar, Anna Shygulla.

Esto es lo que nos dice Evgen Bavcar de su trabajo con la fotografía. Él crea en su imaginación una imagen y busca en el mundo las sensaciones que puedan representar aquello que ha pensado. Crea la imagen a partir de lo que está en su mente y con una leve sonrisa se disculpa de que lamentablemente lo que nosotros podremos ver será sólo una réplica, pues el original de su trabajo solo existe en su imaginación.

El acto de mirar es entonces nada menos que un acto de fe.  Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha tenido la necesidad de comprobar lo real a través de la vista y ha creado imágenes que lo comprueben: “ver para creer”. Juan Molina puntualmente nos remite a esta acción de “comprobación de lo real” cuando dice que lo visible es también la representación de lo real como una forma de legitimación política y la fotografía será el instrumento con el cual constatar la verdad de su existencia.

La fotografía de ciegos es un acto subversivo, es una forma de resignificación del sentido de la vista y por ende del propio mundo. Ojos que sin ver nos proponen una forma de mirar y esto produce una confrontación dura con nuestras propias estructuras simbólicas. Diego Lizarazo [4] lo dijo de manera simple y contundente, ante la fotografía de ciegos nos vemos obligados a convertir la mirada empírica en una mirada textual, en palabras, en texto.

2a. parte: Imágenes en palabras
crónica de una exposición

Ralph BakerRalph Baker, Sin título.La exposición La mirada invisible [5] comienza con una advertencia, pensé que como en las películas de terror, podría revelar la verdad hasta el final de la historia, pero lo cierto es que si ya te contaron el final, ya no puedes hablar como si no lo supieras. En cierto modo yo hubiera preferido que esta revelación hubiese estado al final de la exposición. Es posible que mi experiencia ante las imágenes hubiera sido diferente. Sin embargo, desde el inicio sabemos que esta muestra es una colectiva de artistas que tienen una cosa en común: todos son ciegos y son fotógrafos.

 

Camino hacia el primer grupo de imágenes y me encuentro con una serie de fotografías tomadas en las calles de Nueva York. Retratos comunes de turistas que pasean por Central Park, por la famosa avenida de Times Square, o en el Rockefeller Center. Pero al mirar detenidamente, algo extraño hay en estas fotos, podrían ser fotos no muy afortunadas si lo que buscamos es un típico retrato de unos amigos paseando en la calle y les toman “la foto del recuerdo” frente al Empire State. Sin embargo, despiertan cierta curiosidad ya que nos remiten a historias que no son las más comunes.

Un par de hermosas chicas que deberían ser el centro de la foto, pasan a ser un simple añadido de la imagen, gracias a la presencia de un tipo de corbata roja que se interpone y se convierte en el centro de atención. O aquella foto, de tonalidades verdosas en la que aparece una pareja de recién casados con una novia que parece haber sido brutalmente golpeada en el ojo el día anterior.

Estas imágenes son de Ralph Baker, neoyorkino y fotógrafo de la calle. Que con un letrerito en su pecho le ofrece a los turistas una fotografía. “Colóquese tras la línea amarilla”. Con su cámara en un tripié, apunta y toma la foto. Las fotografías que muestran en esta exposición, son aquellas “fotos fallidas” según el propio fotógrafo. No salió como el cliente la deseaba y no la pagaron.

Bruce HallBruce Hall, Bath.Estas fotos, aún cuando son interesantes en el sentido de que juegan con cierto “engaño” (muchas de las personas fotografiadas nunca se enteraron de que el fotógrafo era ciego). Me parecieron más una curiosidad que algo interesante. Sin embargo el segundo y tercer grupo de fotos prometían algo más.

Bruce Hall era el siguiente artista de quien me cautivó la imagen de un niño, con una sonrisa increíble, extensa pero inquietante, jugando en la tina de baño. Las gotas de agua cubren por completo el espacio, creando una serie de pequeños reflejos luminosos que rodean al chico. Su mirada es apenas visible, pero denota cierta lejanía. Él juega para sí, ensimismado con el calor del agua tibia, revienta en alegría sin percatarse del exterior.

 

Es el hijo de Hall, uno de sus dos gemelos a quienes ha fotografiado cientos de veces. Él no los puede ver y ellos no se pueden comunicar, ambos son autistas. Dos mundos de insondable soledad se juntan para formar una serie de inquietantes imágenes que nos conmueven y a la vez perturban.

Pete Eckert es otro de los fotógrafos que llamaron profundamente mi atención. Sus imágenes parecen casi pintadas con pincel. Fuentes de luces desbordan la oscuridad de los negros fondos, creando siluetas contorneadas por líneas luminosas. En un ambiente de total oscuridad, Eckert coloca la cámara con el obturador totalmente abierto y utilizando la luz como lápices de colores, juega con los contornos de la escena que ha creado en su imaginación.

Pete EckertPete Eckert, Electroman.“Deslizo fotografías bajo la puerta del mundo de los ciegos hacia el mundo de la luz de los que si ven”.[6] La fotografía de Eckert se ajusta a lo que Benjamín Mayer apuntó como el acto de “describir la luz a ciegas”.

Pero no todo es alentador, la ceguera también es un padecimiento que se sufre, una condición que determina. Kurt Weston muestra el enorme enojo de haber perdido la vista. Al ver sus imágenes me doy cuenta de que le temo a los ciegos porque me hacen ser culpable de ver. Afectado por el virus VIH, con el tiempo contado, Weston nos muestra las imágenes de caras desfiguradas, arremolinadas dentro de espumas viscosas o algo que parecería como alambres de púas que rodean la forma borrosa de un rostro. Weston no utiliza una cámara, sino el escáner. Esta forma de capturar la imagen es no solamente un artificio, el instrumento funciona con una temporalidad muy diferente. No existe la instantaneidad del “clic”, el haz de luz del escáner camina con lentitud, digitalizando cada respiro, modificando la imagen como si estuviera viva.

Tras estas inquietantes fotos, mi corazón se siente atribulado, pero continúo con el recorrido y de pronto un sentimiento de reconciliación me invade, un grupo de pequeñas fotografías, todas en blanco y negro vislumbran un mundo ya no oscuro sino imaginario, delicado y suave. Son las fotografías de Evgen Bavcar. Sin duda estas imágenes representan un mundo imaginario que tiene que ver con la mirada de alguien que utiliza las ideas como forma de representación, más que la captura de objetos en el mundo.

En la fotografía de Evgen Bavcar existe una increíble intuición de lo visible, convierte a la cámara fotográfica en el instrumento de revelación de aquello que él no ve, pero que ha mirado en un acto de representación de lo irrepresentable.

 

Kurt WestonKurt Weston, Mask Kurt WestonKurt Weston, My dying machine
Evgen BavcarEvgen Bavcar, A dream of motion Evgen BavcarEvgen Bavcar, Broken image

Al final de la exposición, el que destacaba por mucho era Gerardo Nigenda. Con una extraordinaria inteligencia, Nigenda utiliza el lenguaje como la columna vertebral de cada foto. El texto es tan importante como la imagen. Marcadas con el sistema Braile, cada fotografía habla de dos maneras, con la imagen y con la palabra. Yo puedo ver la imagen pero no puedo leer lo que dice. Ambos, el vidente y el invidente se necesitan mutuamente para poder completar el mensaje de la obra. Hay una inminente necesidad de traducción y en palabras de Benjamin, “la obra en su esencia, consiente una traducción y, por consiguiente, la exige, de acuerdo con la significación de su forma”.[7] Toda obra requiere de una traducción, y esto se hace patente en el caso del trabajo del fotógrafo mexicano.

Gerardo NigendaGerardo Nigenda, El roce del viento y la seduccion del mar inducen a
la interacción personal.

La serie que más me cautivó de Nigenda es el grupo de fotos en las que muestra la delicadeza de su mirada ante una modelo que posa para él. Su mirada es la mano, que va deslizándose sobre el cuerpo de la modelo y fotografiando cada centímetro de su piel, al tiempo que la “mira”. El deseo va más allá de lo visible y se aventura por los terrenos de lo táctil.

Bavcar decía que cuando deslizaba su mano por un contorno para poderlo “mirar” no se trataba de “tocar” sino de “mirar de cerca”. Tocar, dijo, es una acción que tiene que ver con el deseo: “yo solamente toco a una mujer bonita”. Esto es justamente lo que Nigenda provoca en este grupo de fotos, no está mirando de cerca, está realmente “tocando” y logra un grupo de imágenes delicadamente excitantes.La mirada invisible me cautivó, quizá no acabé de comprender la necesidad de incluir a ciertos fotógrafos que parecían haber sido seleccionados por el simple hecho de ser ciegos. La obra de Bavcar, Nigenda o Weston, es de una fuerza y calidad, en la que la condición de ceguera es un añadido que puede provocar mayor interés o nos permite comprender más a fondo la intencionalidad del artista, pero es una información que perfectamente podría estar al margen del trabajo.  ¿Qué habría pensado yo si no me hubieran dicho que los fotógrafos eran ciegos? ¿Habría cambiado mi forma de percibir las formas, los colores o las siluetas? ¿Me habrían gustado las mismas obras?

Como en las películas de misterio, quizá hubiera preferido que no me lo dijeran sino hasta el final...

Gerardo NigendaGerardo Nigenda, Aventurado hacia un
clímax de calidez táctil.
Gerardo NigendaGerardo Nigenda, La fragilidad del referente inicial
induce a la evocación sensual.

1. Comentado por Benjamín Mayer en su ponencia “Ceguera que alumbra”, en el marco del 9º Coloquio La mirada invisible organizado por 17, Estudios Críticos.
2. Comentado por Alfredo Flores Vidales en su ponencia “Algunas miradas desde la ceguera”, en el mismo Coloquio.
3. Evgen Bavçar. Fotógrafo nacido en 1946 en un pequeño pueblo esloveno cerca de Venecia, perdió ambos ojos antes de los doce años en dos accidentes consecutivos.
4. Comentado por Diego Lizarazo en su ponencia “Sorpresa y perplejidad vidente ante la imagen invisible”, en el marco del 9º Coloquio La mirada invisible organizado por 17, Estudios Críticos.
5. La Mirarda Invisible, exposición sobre fotografía de artistas ciegos. Centro de la Imagen. Curada por Douglas McCulloh.
6. De la cita original: “I slip photos under the door from the world of the blind to be viewed in the light of the sighted.” Tomada del catálogo de la exposición Sight Unseen, curada por Douglas McCulloh.
7. Benjamin, Walter. “La tarea del traductor”, en: Ensayos escogidos, Ediciones Coyoacán, México, 1999, p. 120.
TODAS LAS FOTOGRAFÍAS FUERON TOMADAS DEL CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN: Sight Unseen. CORTESÍA DEL CURADOR DOUGLAS McCULLOH.

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Fecha de publicación: 02.08.2010