Coexistencias: Obra de Linda Tegg

Linda Tegg: SheepLinda Tegg, Sheep (still de video)

Gabriela Galindo

Todo cuerpo ocupa un espacio, ese pequeño territorio que define la existencia de “algo” en el mundo, donde ese cuerpo transita y transcurre. Pero ¿cómo entender ese espacio? ¿Cómo entender la relación de diversos seres en un mismo espacio? Estas preguntas son de esos grandes enigmas que han sido motivo de estudio, discusión y divertimento, sobre todo, de la ciencia y la filosofía. Lo cierto es que desde el sensorium divinitatis propuesto por Newton en el s. XVIII, hasta algunas de las recientes declaraciones del afamado científico Stephen Hawkings, muchos estudiosos del tema, al verse enredados en este problema tan complejo y sin salida, terminan por asignarle a Dios la responsabilidad del fenómeno que estructura la relación espacio-tiempo y vanamente han tratado de conciliar las propuestas científicas con una ontología de la Divinidad creadora.

Linda Tegg: SheepLinda Tegg, Sheep (still de video)

Me parece que en este aspecto el arte ha sido mucho más afortunado, donde podemos encontrar, no respuestas, pero sí formas de reflexión que nos permiten un acercamiento al tema del espacio con una perspectiva, quizá no científica, pero sí profunda, y por momentos atrevida. Este es el punto de partida de la obra de Linda Tegg, una joven artista de origen australiano con la que la galería marso inauguró recientemente su nuevo y espléndido espacio en la colonia Roma de la Ciudad de México.

La obra de Tegg  se compone de fotografías, videos y acciones performáticas en donde hace interactuar a humanos con animales, en acciones y espacios poco convencionales, rompiendo los esquemas de comportamiento a los que estamos condicionados de acuerdo a determinados entornos. Tegg me hace pensar en la idea que Leibniz sostuvo sobre el espacio, que debía ser considerado como una serie de relaciones entre las cosas, en tanto que el tiempo no es más que el conjunto de relaciones entre puntos que no existen simultáneamente, donde uno es el origen (la causa) del otro:

 

 

Considero el espacio como una cosa puramente relativa, al igual que el tiempo; como un orden de coexistencias, mientras que el tiempo es un orden de sucesiones. Pues el espacio señala en términos de posibilidad un orden de las cosas que existen al mismo tiempo, en tanto que existen conjuntamente, sin entrar en sus peculiares maneras de existir; y en cuanto vemos varias cosas juntas, nos damos cuenta de este orden de cosas entre ellas.[1]

Linda Tegg: SheepLinda Tegg, Sheep (still de video)

Desconozco si es una afortunada casualidad, una acertada intuición o quizá el producto de una profunda investigación, pero es de notar, la coincidencia conceptual que podemos ver desde el título que lleva la exposición de Linda, que es justamente Coexistencias. Sin embargo lo que Tegg propone es precisamente alterar el orden de esas coexistencias creando una conmoción en lo establecido y desviando las naturales relaciones de poder a las que estamos acostumbrados. En la secuencia de video titulada “Oveja”, vemos en la primera parte a una oveja rechoncha felizmente pastando en un campo de cultivo. En la segunda secuencia, la cámara está fija en el rostro de una mujer sentada en ese mismo campo, que llora desconsoladamente. En la tercera y última sección ocurre lo inesperado, la oveja se acerca lentamente a la mujer y con una actitud solemne y tranquila, literalmente la consuela. La oveja nunca pierde la compostura y con una expresión casi humana, muestra una empatía profunda por el sufrimiento de la mujer. Pero, ¿acaso esto es posible? ¿podemos creer que una oveja se da cuenta de la tristeza humana?, obviamente no, sabemos (o creemos saber) que los animales no tienen consciencia de su propia existencia, mucho menos de la de un Otro. Sin embargo nuestro natural impulso nos lleva a pensar que la oveja consuela a la mujer, porque no hay forma de no compartir el sentimiento cuando observamos ese llanto profundo. No hay forma de que pensemos el mundo sin reconocer que todo cuerpo coexiste con nosotros y se relaciona irremediablemente con nuestra consciencia.  

Pero no basta con coexistir, el entorno que rodea nuestras existencias determinan y condicionan nuestro comportamiento. La misma oveja, que en el campo se muestra segura y oronda, es colocada dentro de una galería, ahora en compañía de otra oveja. Al estar con un “igual” ambas reaccionan en conjunto y se mueven coordinadamente como si alguien les diera instrucciones precisas: caminen, alto, voltear a la izquierda, media vuelta... Nuevamente son nuestros propios condicionamientos los que nos hacen pensar que las ovejas reaccionan como humanos, lo que nos lleva a la reflexión sobre el problema de la conciencia de nuestra propia existencia, sobre lo que somos y cómo actuamos. De ahí que, al trastocar el orden, Tegg nos remite a cómo transgredir esos condicionamientos del medio, la cultura y el entorno que nos limitan.

Linda Tegg: DancerLinda Tegg, Dancer (still de video)

La relación tiempo-espacio-movimiento juega un papel crucial para nuestra comprensión del mundo. En el mundo real el tiempo nunca se detiene, todo se mueve y todo transcurre en un espacio, pero en ocasiones tenemos la impresión de que el tiempo pasa muy rápido o más lento, de que todo se detiene en un instante o que hay más de un espacio que habitamos. Una de las instalaciones que más me conmovieron es la titulada “Dancer” que está compuesta de dos videos que muestran a una bailarina sentada sobre una mesa con las piernas entre los brazos y varias fotografías de la misma bailarina y del cuarto en el que ella posa, desde distintas perspectivas. Lo interesante es que la bailarina no se mueve, lo que se mueve es la cámara que la va rodeando, en uno de los videos y en el otro, la mesa gira mientras la cámara y la bailarina permanecen estáticas. Ambos videos transcurren con una lentitud suficiente como para hacernos conscientes de que algo está pasando, pero sucede lentamente y el cuerpo que se supone debería estar en movimiento, está detenido ocupando circunspectivamente  un espacio en el mundo. Anular el movimiento sin dejar de moverse,  detener el tiempo sin que deje de transcurrir en ese orden de sucesiones en que acontecen las cosas; es una forma sutil de ir más allá del simple “estar”, de sobrevivir a la inercia de la vida que nos ha sido dada y de romper con un fácil conformismo que termina por aniquilar la conciencia de nuestro estar en el mundo.

La conciencia de nuestro existir como personas y como colectivo es lo que articula el universo interior de cada uno, es un sistema de significaciones que da sentido a las cosas. En la última sala lo que podemos observar es el vestigio de algo acontecido pero que ya no es. Una pequeña tarima blanca, con leves huellas que nos remiten a un cuerpo que en algún momento estuvo ahí. Esas tenues marcas es lo que queda de un performance que se llevó a cabo al inaugurar la muestra. Dos mujeres posaron en esa tarima, en una acción-inactiva, presentes por su inmovilidad, sólo se percibían unos cuantos movimientos para descansar o reacomodarse. Permanecieron ahí como una escultura viviente que dialogó en silencio y de manera inesperadamente estática con los espectadores.

Linda Tegg: DancerLinda Tegg, Dancer (fotografía)

De manera casi sartreana, Tegg nos muestra esa relación entre el uno y el prójimo que nos condiciona y nos confronta con lo que creemos de nosotros mismos, y al mismo tiempo nos hace reconocer que necesitamos del otro para captar plenamente todas las estructuras de nuestra propia existencia. Ese prójimo, ese otro en la obra de Tegg, es igualmente un humano, un animal o incluso un objeto; todo cuerpo (viviente o no) nos refleja un otro con el que cohabitamos, nos relacionamos y coexistimos.

 


[1] Leibniz. La polémica Leibniz-Clarke. Eloy Rada (Ed y Trad). Madrid: Taurus, 1980. p. 68, (el subrayado es de la autora).
Fotografías tomadas del sitio de la artista: www.lindategg.com
Más información en: galería marso

 

 

Linda Tegg: WomenLinda Tegg, Women (registro de acción)

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Fecha de publicación: 17.11.2012