Sin origen/Sin semilla

Transparenci Acumulada

Por Rían Lozano

Ariel Guzik : Concierto de plantasEl libro, “Sin Origen/Sin Semilla” es el resultado cruzado de al menos dos esfuerzos: uno relacionado con el proyecto PAPIIT del grupo de investigación Arte + Ciencia, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, coordinado por María Antonia González Valerio. Y el otro, ligado al anterior, relacionado con la curaduría que María Antonia y Liliana Quintero realizaron en el MUCA Roma (y una extensión en el MUAC) durante noviembre de 2012 y enero de 2013 y que también se tituló Sin origen/Sin semilla: arte Biotecnológio y Transgenérico una exposición que (según apunta Liliana Quintero en su texto) surgió de la necesidad de “buscar maneras distintas de discutir la vida” -algo que, en sí mismo, evidencia la complejidad y la enorme ambición de este proyecto.

La publicación, un libro bilingüe en español-inglés, se compone de una primera sección de “Reflexiones teóricas”, que engloba el textos de presentación de las curadoras, seguido de los artículos de Jens Hauser (“Cultivando glocalización: el arte como biosemiótica”), Deborah Dorotinsky (“Imaginarios del fin del mundo”), Rosaura Martínez (“Eco y Narciso: pensar el ominoso retorno de (la) Naturaleza”), Lilina Quintero (“Processo interdisciplinarios. Media Lab, maquinaria de sentido”) y María Antonia González Valerio (“Historia a destiempo que narra la creación de hibridaciones –o coordinar BIOS Ex machina dejándose llevar por las fuerzas”). La segunda sección, por su parte, recoge el registro fotográfico de las obras exhibidas, acompañadas por otros textos –más breves- sobre las mismas.

Deep DataDe este modo podemos pensar que Sin origen/sin semilla es, efectivamente, un catálogo de exposición pero, además, funciona –gracias a la primera parte de la obra- como una buena guía teórica para introducirnos en cuestiones relacionadas con la discusión sobre el origen de la vida, desde la perspectiva del arte biotecnológico, trangenérico y desde la biosemiótica. En este sentido creo que el texto de Jens Hauser es un muy buen prólogo para aquellos que nos acercamos como neófitos en estos temas.

Dicho esto, y teniendo en cuenta que yo no soy especialista en ninguna de estas perspectivas (biotecnológicas, biosemióticas ni bioartificiales), mis comentarios se van a limitar a compartir algunas ideas que surgieron mientras leía atentamente los textos teóricos que conforman este volumen, y mientras saltaba entre las imágenes y los textos que registran y dan cuenta de las obras que en esta exposición se produjeron y se exhibieron.

En primer lugar, me parece importante apuntar que este proyecto, muy complejo por la cantidad de gente implicada y por la cantidad de cruces disciplinarios que lo conforman, es un buen ejemplo del tipo de trabajo “de frontera” que, en la actualidad, se realiza desde un lugar como la UNAM (una universidad pública) y sus extensiones, sus expansiones, hacia otro tipo de centros de producción artística y científica. En este sentido, las curadoras de la muestra dejan claro en su introducción que esta publicación no es sino el resultado del trabajo realmente “entre áreas”, “entre campos”: el campo científico, el artístico y el filosófico.

Además, las prácticas propuestas y los textos teóricos que las acompañan, y que de algún modo las enmarcan, dan cuenta de la inseparabilidad que en este proyecto tuvo por un lado la propuesta estética (esa dimensión vasta y palpable de la “vida sensitiva, somática y material” como decía Terry Eagleton[1]); por otro lado los intereses que podríamos llamar éticos, siguiendo sobre todo las reflexiones plasmadas en el texto de Deborah Dorotinsky donde, a través de la lectura cruzada de tres novelas de ciencia ficción nos sumerge en las pulsiones, los dilemas y las contradicciones que encontramos al promover una “ética de la responsabilidad” en el mundo tecnológico (la llamada “tecnoesfera”), y que siguiendo las palabras de Finkle-MacGrag, se resumirían en entender no tanto “qué podemos hacer con la tecnología sino qué debemos hacer con ella”. Y, por último, la propuesta epistemológica que el proyecto -en su conjunto- marca como uno de sus objetivos fundamentales: la posibilidad de acceder a nuevas formas de conocimiento a través de ese trabajo de frontera (“cerca de los bordes, en el límite”, dice también Dorotinsky en su texto) entre ciencia, arte y filosofía.

Desmodium Jardin

Pero, además, este trenzado estético, ético y epistemológico que permea el contenido de los textos y las obras aquí recogidas y que, según entiendo, es también la base del proyecto de investigación Arte + Ciencia, está acompañado de otro mecanismo –que quizá por su “apellido” (su adjetivación) luce menos que estas tres grandes ramas de la filosofía- pero que, bajo mi punto de vista, hacen de este “experimento” (como también en algún momento lo definen sus curadoras) una propuesta realmente interesante: me refiero a una mecánica “pedagógica” que acompaña al impulso ético, estético y epistemológico y que, por seguir con la terminología biológica, yo llamaría de “contagio”. Una “pedagogía del contagio”: un término que he utilizado en los últimos dos años para hablar del trabajo artístico y pedagógico en espacios “no artísticos, ni pedagógicos[2]” y que, creo, puede ser útil también en el contexto de la presentación de esta publicación.

MilpaHablar de una pedagogía del contagio tiene que ver, desde luego, con las nociones de interdisciplina que atraviesan toda esta publicación (desde los textos teóricos a la descripción de las obras) y que además constituye la base del trabajo de los colectivos y de los tres artistas implicados: BIOS Ex machina, Media Lab/Centro Multimedia, Andy Gracie, Ariel Guzik y Polona Tratnik.

Pero el contagio, en este contexto, también está íntimamente relacionado con la idea de entusiasmo, de un entusiasmo contagiado, una “contaminación afectiva” como nos recuerda Rosaura Martínez en su texto, siguiendo las palabras de Guattari: la posibilidad de dejarse entusiasmar por el otro, por lo que el otro sabe, por lo que hace el otro.

Esto resulta muy claro en el relato que María Antonia Gónzalez construye en su texto, a partir del relato del proceso –no siempre fácil- de producción de las piezas del colectivo BIO Ex machina, y el encuentro con colegas de diferentes Institutos (y áreas disciplinares) de la UNAM:
“De las primeras puertas que tocamos fue, por azar, la de Elena Álvarez-Buylla, doctora que colabora en el Instituto de Ecología de la UNAM. Una cosa llevó a la otra y de repente estábamos allí, planteándole a Elena cosas que de primera instancia le parecían absurdas. El encuentro no fue fácil. La tensión se hizo evidente y amenazaba la imposibilidad del diálogo entre la filosofía y la ciencia. Allí estábamos Liliana Quintero y yo, en el laboratorio de genética molecular … tratando de convencerla de participar con nosotras” (p. 87)

Unas páginas más adelante González continua relatando el encuentro con Margarita Tadeo, agrónoma de la FES-Cuatitlán:


“Cuando le conté lo que estábamos haciendo y de los experimentos con glifosato para detectar contaminación de maíz transgénico en el forraje para animales no humanos, no sólo le entusiasmó el proyecto, sino que además nos hizo saber de la investigación que su equipo estaba realizando con el herbicida, en el que ya habían obtenido resultados positivos de contaminación” (p.101)

RizomaSi, siguiendo las definiciones enciclopédicas, el contagio se produce de forma mediada es decir, al menos entre dos agentes, pareciera claro que el tipo mecanismo pedagógico que este proyecto propone –y que a mi parecer se ve reflejado en esta publicación y en el tipo de obras que conformaron la muestra- es el de una pedagogía de “contagio por contacto”: esto es, a través del contacto entre todos aquellos que conforman la escena de la investigación y de la producción artística y tecnológica.

Frente a la cada vez más extendida higienización institucional (acompañada de ese “miedo al contagio” que aumenta mitos y estereotipos, a la vez que disminuye programas sociales y culturales, y hace cada vez más raquítico el impulso colectivo y también el compromiso académico entre pares), esta propuesta realiza el movimiento contrario: propone salas de un museo y aulas de una universidad pública como espacios de contacto, de discusión y  de colaboración entre filósofos, artistas, historiadores del arte, biólogos y genetistas; unas aulas y unas salas de museo que, a pesar de estar llenas de propuestas formales tecnocientíficas, han perdido su carácter aséptico.

Además todo contagio supone un desbordamiento y todo desbordamiento provoca una situación asombrosa, inesperada: como la fría sensación producida por el agua del estanque que los espectadores debían atravesar, con pies descalzos, para experimentar “Transparencia acumulada. Arabidopsis Ag:gus” (una de las obras del colectivo BIOS Ex machina mostradas en las salas del MUCA-Roma). También el contagio puede referir, en el discurso médico, a la transmisión de enfermedades, y  en el lenguaje químico y biológico al peligro de toxicidad, aunque sea “ligera”, como advertía otra de las obras de la exposición (“Serán ceniza, más tendrán sentido”) exhibida en el MUAC, donde el colectivo Bios Ex Machina trabajó con semillas de maíz, tratando de averiguar el origen transgénico de alguna de ellas.

Transparencia AcumuladaPero el contagio, como anunciábamos hace un momento, puede también hacer referencia a la transmisión de hábitos, de actitudes, de simpatías; podemos ser víctimas de “una risa contagiosa” o, como decíamos, ser contagiados de un entusiasmo. Y creo que este libro, como el proyecto, logra dar buena cuenta de este tipo de operaciones no tan frecuentes en el contexto académico y artístico.

A través de la noción de “ecosistema” (p. 13-14), las curadoras de este proyecto presentan su actividad como un experimento colaborativo, conformado a partir de redes de investigación y de producción de conocimiento pero, también, a través de estrategias de contagios afectivos y entusiastas.

 

Polinización


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Notas:
1. Eagleton, T. (2006 [1990]). La estética como ideología. Madrid: Trotta.
2. Especialmente en relación a mi trabajo como coordinadora del área artístico-pedagógica del proyecto “Mujeres en Espiral” (Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM), en colaboración con compañeras internas en el CERESO Santa Martha Acatitla.
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  • Curaduría: María Antonia González Valerio y Liliana Quintero
  • Asesoría: Jens Hauser y Guillermo Santamarina
  • Artistas y colectivos participantes: Ariel Guzik, Andy Gracie, Polona  Tratnik, Media Lab  y BIOS Ex Machina

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Fotografías cortesía de María Antonia González Valerio


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Fecha de publicación: 16.07.2016