Wilfredo Prieto, Jean Baudrillard y el desasosiego de un vaso con agua

Wilfredo Prieto

Por Píter Ortega Núñez

En la edición de la feria de arte contemporáneo ARCO correspondiente a 2015 [1] el artista cubano Wilfredo Prieto (Sancti Spíritus, 1978) presentó una pieza muy a tono con el sarcasmo y la ironía que han distinguido desde sus comienzos a su polémica trayectoria creadora. Se trata esta vez de un simple vaso con agua en su interior, solo que hasta la mitad. Su título: “Vaso de agua medio lleno”, y su precio: 20 mil euros.

Obviamente se trata de otra de las provocaciones del autor, dirigida a los espectadores, a la feria, al mercado del arte, a los críticos, a la prensa, a la Institución-Arte toda. Y en tanto provocación, lo mejor sería no escribir sobre ella, porque esto significaría seguirle el juego, caer en su trampa. Pero debo confesar que llevo varios días pensando en la obra, lo cual es una razón más que suficiente para dedicarle unas reflexiones.

Lo primero que muchos pudieran argumentar es que ese gesto presuntamente iconoclasta es ya bien viejo, y tiene más de un siglo (desde Duchamp, o desde antes, quizás). De modo que hoy día resultaría reiterativo, y hasta ingenuo: ya nada escandaliza. A lo que yo acotaría que, en definitiva, ya no hay nada nuevo en la Viña del Señor. Todos vivimos del reciclaje y los préstamos culturales. Así que no tiene sentido evaluar una obra como la de Wilfredo situados en patrones de ruptura o novedad estilística. Que no sea algo “nuevo” en tanto gesto no la hace ni mejor ni peor obra de arte. Aquí lo que importa no es la antigüedad de la operatoria, sino el alcance de sentido de la propuesta, la hondura de su dimensión filosófica.

Wilfredo PrietoLa primera pregunta interesante sería: ¿el vaso está medio lleno o medio vacío? ¿Se trata del “principio del fin”, o del “fin de muchos principios”? ¿Qué ha sucedido con el agua que falta? ¿Será que alguien se la ha tomado? La obra juega todo el tiempo con dos niveles narrativos: el abajo y el arriba, el lleno y el vacío, el líquido y el aire, la parte y el todo. Ese vaso supone un antes y un después de la acción: el completamiento o la desaparición total del líquido. Luego nos empezaríamos a preguntar qué implicaciones pudiera tener el agua en tanto símbolo.

En uno de los muchos comentarios en la web, alguien (anónimo) escribió: “Hemos llegado a un extremo en que una obra de Miguel Ángel y un vaso de agua se llaman arte. Una es talento humano. La otra, la estupidez humana y la viveza de un montón de ladrones que se lucran con la ignorancia de los que tienen dinero”. Y en dicha comparación, sin pretenderlo, esa persona ha dado con la clave de sentido de la obra: estos no son tiempos de Miguel Ángeles; el siglo XXI demanda una creación como la de Wilfredo, reflejo nítido de la decadencia y sordidez de nuestra civilización. En un mundo como el que habitamos, preñado de simulacros y dobleces, nada mejor que un arte cínico, escurridizo en su verdad y camaleónico en su plataforma ética. Un arte que se cuestiona a sí mismo, que descree de su propia lógica. Que le canta al absurdo y al sinsentido, a la idiotez de nuestra generación. En medio de tanta guerra, violencia, hipocresía, y ausencia de toda escala de valores, sería muy falso volver a amar a un “Moisés” o una “Piedad”. Hemos extraviado la capacidad del amor sincero, de la emoción auténtica. Solo nos es dado el artificio, el disfraz. Eso nos dice Wilfredo Prieto. Nos está ofreciendo el circo que merecemos.

Pero claro que siempre habrá algún tarado que pague 20 mil euros por la pieza, y ello la hará más lúcida aún. Esa agua es como el estanque de Tántalo: muchos necios intentarán digerir su simbología, pero ninguno llegará al verdadero alumbramiento. Numerosos narcisos del mundillo del arte querrán descubrir su efigie en la limpidez del líquido, pero quedarán todos atrapados en la propia insensatez de su ambición. Algunos fingirán que aprehendieron el mensaje “profundo” de la obra, y luego llegarán a sus casas para continuar amando, en el silencio y la complicidad de la noche, a la innombrable Wikipedia.

Como diría el célebre pensador francés Jean Baudrillard, esta acción de Wilfredo “no está segura de ser verdaderamente una obra de arte, ni el que la mira está seguro de tomarla por una obra de arte”. Y es justamente su inconsistencia, su falta de propósito y credibilidad, lo que convierte a esta obra en un gesto tremendamente auténtico. Su ligereza y nulidad son el más vívido retrato de la humanidad contemporánea. Mientras algunos recorren los pabellones de ARCO y discuten la “artisticidad” o no del vaso con agua, otros, en ciertas zonas de nuestro planeta, siquiera tienen agua para beber. Esa paradoja del mundo en que vivimos habla de la valía del gesto que nos ocupa, así como de la inmensa claridad de su autor.  


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Notas:
[1] Madrid, 25 de febrero / 1 de marzo.

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Fotografía:
1. Wilfredo Prieto. "Vaso de agua medio lleno"
Vaso con agua y madera. Feria de Arte Contemporáneo ARCO, Madrid, 2015

Agradecemos a Píter Ortega la amabilidad de permitirnos publicar esta nota.
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Fecha de publicación: Marzo, 08, 2015