La segunda edición de MACO, la única feria de
arte que tiene lugar en México, ha confirmado la pujante
presencia del arte mexicano en el contexto internacional, así
como el interés de los coleccionistas en el arte contemporáneo
hecho en México. Aunque durante los cuatro días
que duró el evento la asistencia fue irregular, es evidente
que la feria se empieza a convertir en un sucedáneo de
la actividad museística en el país, pues es la
ventana donde el público se puede asomar a la producción
contemporánea internacional.
La
fecha, el lugar y la ocasión de la feria tuvieron que ver
con el éxito de promoción de la misma. La presencia
de México como invitado especial en ARCO Madrid en febrero
había generado expectativas sobre lo que podrían mostrar
aquí las galerías que fueron seleccionadas para el
pabellón oficial de México. La nómina de artistas
mexicanos en MACO podría ser una confirmación de aquella
selección o podría enriquecer lo ya mostrado en Madrid.
En general creo que MACO ratificó el vigor del arte emergente
mexicano, al ampliar la la selección de galerías nacionales
y el listado de artistas (las galerías tradicionales Juan
Martín, Pecannins, e incluso las contemporáneas Yvonamor
Palix o Emma Molina no acudieron a MACO). Con una selección
más variada, quedó claro que el auge del arte local
está sostenido por un tipo de obra que ha roto con el sentido
de pertenencia a un lugar y ha buscado asimilarse a propuestas globales,
internacionales, desterritorializadas. En general la selección
de obras vendibles está marcada por un tipo de arte objetual,
poco crítico, más lúdico, más ácido,
que se refiere frecuentemente a los lenguajes artísticos
y pocas veces a los contextos culturales de los cuales emana.
Claro que hubo excepciones a la regla y, pese al reducido tamaño
de la feria que albergó poco más de 50 galerías,
hubo oferta para casi todos los gustos. En este sentido habría
que intentar definir cuál es el público que se siente
atraído por este tipo de eventos y qué es lo que se
vende, pues pareciera que en principio la dinámica comercial
de la feria se opone a la dinámica cultural de los museos
y de los espacios independientes. ¿En qué estriba
la diferencia entre la oferta de la feria y la de los museos de
arte contemporáneo? Por el número y tipo de visitantes
(coleccionistas, gente del mundo de la moda, artistas visuales,
e incluso celebridades)y la manera en que se dedican a examinar
los cubículos de las galerías podría decirse
que la feria tiene un poder de seducción mayor al de cualquier
museo de arte estos días. Obviamente el evento solo duró
cuatro jornadas (estaba planeado que duraría cinco días)
y esto tiene mucho que ver con su poder de convocatoria. Si uno
echa un ojo a la manera en que la oferta de objetos artísticos
se asemeja a la de un shopping mall, (al de una boutique,
como dice el catálogo del evento) en el cual los visitantes
deambulan distraídamente y se topan con objetos que están
desplegados de manera aleatoria, sin un orden clasificatorio, parecería
que visitar la feria es resulta más entretenido que ir al
museo y soplarse una larga exposición que sigue un guión
curatorial. En la fería cada galería es una exhibición,
un museo en pequeño, las obras pueden ser tocadas, manipuladas,
se proporciona información inmediata sobre el artista, su
currículo, el precio. Esta dinámica rompe con la solemnidad
académica del museo e incluso con el ambiente monacal de
una galería convencional. En MACO Todo resulta más
familiar. Y es apartir de esta manera de consumir el arte que cabe
especular si no la proliferación de ferias va en detrimento
de la existencia de museos, si la dinámica comercial no está
más a tono con los tiempos que vivimos, que la dinámica
cultural que dio origen a los museos.
En
México, donde los museos de arte contemporáneo no
tienen fondos para coleccionar obra y aunque tienen algunas obras
contemporáneas estás rara vez se exponen, MACO se
convierte en una suerte de museo ambulante, el mall donde
se contrasta la labor las galerías locales. Antaño,
los únicos medios de comparar la producción artística
eran lo salones de arte, que hoy están en extinción.
Hoy la galería y la feria se legitiman como los corredores
de la producción artística, mientras que directores
de museos y curadores deambulan por los pasillos para hacer contactos
y recopilar nombres.
Un balance de las galerías locales
Ahora bien, en cuanto a la propuesta de las galerías nacionales
habría que señalar ciertos nichos nuevos que han creado
los propios artistas. Tal es el caso de La Estación
Arte Contemporáneo, de Chihuahua, dirigida por Jorge
Luis Ornelas y Fernando Rascón. Esta es una iniciativa que
no sólo ofrece arte en venta, también colecciona,
investiga y produce arte. O sea, cumple con las funciones de un
pequeño museo promoviendo a los artistas, varios de ellos
recién egresados de la escuela La Esmeralda, que
han madurado en corto tiempo. De las propuestas exhibidas llamaba
la atención las esculturas lúdico-eróticas
de Rocío Infestas, la pintura constructivista de Anibal Catalán,
las fotografías intervenidas de Horacio Cadzco y las casas
a escala que parecen objeto de una explosión de Begoña
Morales. Se trata de arte que tiene una factura manual sin sofisticaciones
técnicas o soportes extravagantes, que podría dialogar
con cualquier propuesta internacional y que refleja la necesidad
de estos jóvenes artistas de subjetivar las diferencias.

Aníbal Catalán
Otra galería mexicana emergente es KBK,
dirigida por Ubaldo Kramer. La oferta está centrada en la
fotografía y objetos que exaltan el goce de la obra por su
temática más que el placer de su factura. Obras que
tienen un refilón duro, con las cuales se puede estar de
acuerdo pero que resultarían un ejercicio diario para el
convivir. La propuesta de la galería tendría mayor
atractivo para algún museo o sala de exhibición pública,
pues se trata de arte con mensajes y connotaciones profundas. Muy
emblemática de esta tendencia hard edge sería la obra
de Marcos López, una fotografía que reconstruye el
encuentro y autopsia del cadáver del Che Guevara con un realismo
periodístico pero también pictórico y las sublimes
autorretratos fotográficos de Marta María Pérez
donde dolor y placer se amalgaman.
Garash
es otra galería que apuesta por los recién egresados
de las escuelas de arte. Aquí encontraríamos una propuesta
que exuda humor, humor negro, provoca situaciones de risa y parábolas
ingeniosas, a fin de cuentas arte sin complicaciones o grandes teorías
conceptuales. Algunos de los dibujos de Humberto Duque podrían
confundirse con ilustraciones de cuentos para niños, pero
se apoyan en un sentido humorístico que trae a la mente la
truculencia y seducción de la literatura de Thomas de Quincey
(autor de El asesinato como una de las bellas artes). Los
objetos de Carolina Esparragoza, que también hace videos
de animación tan sencillos en su forma como crudos en su
contenido, representan a dos personajes de la célebre caricatura
Don Gato y su pandilla que han sido grabados sobre un par de pequeños
cinescopios, creando una suerte de juego de la memoria para adultos.
Las pelotas de fútbol de Ulises Figueroa hechas de harina
horneada con la textura del pan de dulce popular mexicano, también
funcionan como recordatorios risibles de nuestras obscuras obsesiones
cotidianas.
Si de obsesiones y humor se trata también Arena
México, galería de Guadalajara, se lleva
las palmas. En esta ocasión los eventos recientes de la historia
en Afganistán son revisados a través de las extraordinarias
obras de José Luis Rojas, que no son otra cosa que figuras
de barro de los pastores, de esas que se utilizan en los nacimientos
navideños católicos, a los cuales ha vestido como
guerrilleros talibanes, con rifles y lanzagranadas, creando un detalle
camp de la historia contemporánea. Las esculturas de Jasón
Fox que son una mezcla de muñecos de acción a escala
natural, que revelan partes de su anatomía vaciadas en concreto
y plástico rojo, que generan vértigo y escalofrío.
La instalación de motosierras hechas de hoja de lata, que
pendían del techo, también eran un guiño sarcástico
de toda la violencia que cotidianamente recibimos de los medios.
En
las cuatro galerías con mayor presencia internacional que
operan en México dominó el eclecticismo. OMR
parecía un bazar, en el que mezclaba las barrocas pinturas
pseudorealistas de Daniel Lezama con las esculturas de platos y
objetos reales de melamina de Thomas Glassford, el letrismo de las
pinturas de Graham Gillmore con las fotografías icónicas
de Melanie Smith. La galería es el territorio donde se puede
rastrear el gusto de los coleccionistas mexicanos y lo que a los
extranjeros les gusta de México.
Por su parte Nina Menocal presentó una
combinación de pintura narrativa que está marcando
un nuevo curso en esa disciplina con jóvenes como Oscar Cueto,
a la vez que incluyó artistas más consolidados con
propuestas escultóricas y arquitectónicas, en el primer
caso se encuentran las piedras vaciadas en silicón de Perla
Krauze y en el segundo a los iconofílicos Tercerunquinto
y sus propuestas de arte de intervención callejero.
Para Enrique Guerrero la oferta de su galería
tiene que ver tanto con responder a las necesidades de un mercado
local que busca la pintura como la de Santiago Borja, de factura
visual minimalista, como aquel público que tiene la mira
puesta en arte más arriesgado e incluso terrible, como las
terribles pinturas y objetos de Enrique Marty, que presentaba una
efigie de un hombrecillo a escala, amarrado con una camisa de fuerza
y dotado de una expresión de psicosis aguda en el rostro
hiperrealista. Guerrero también ofrece las regaderas de lámina
de Pedro Reyes, conocido por sus intervenciones y construcciones
arquitectónicas-escultóricas-funcionalistas , y los
videos de Tarzán, obras del multifacético
Héctor Falcón, para quien la vida, su cuerpo y el
arte son una y la misma cosa.
Este año Kurimanzutto decidió presentarse
como una galería que vende obras de arte. El año pasado
participó con una instalación, sin representación
comercial. Su selección era una mezcla de instalaciones,
obra gráfica y nueva pintura. Jonathan Hernández brindó
fotomontajes armados al estilo de John Heartfield, que muestran
su destreza para la semiótica de la imagen.

La presencia internacional
Dentro de la oferta internacional llamó la atención
de la desaparición paulatina del video y de los soportes
multimedia, los projectrooms y las propuestas alternativas
no son parte de la estrategia de MACO, que busca a toda cosa ser
una feria boutique, o sea un lugar pequeño donde se muestra
el mundo internacional del arte.
Sin embargo, las excepciones también cuentan y son lo más
evidente. Play es una galería berlinesa
que se dedica a promover proyectos artísticos que tienen
que ver con la relación entre video y cine. Su propuesta
fue algo de lo más contundente de la feria. Se trataba del
video Unexpected Rules, de Fréderic Moser y Phillippe
Schwinger. Esta es una producción sencilla de bajo presupuesto
pero muy bien realizada que relata, con un tono teatral en una escenografía
pop, la candente historia del Bill Clinton y sus affair
con Mónica Lewinsky, que en la película tienen (por
aquello de que toda semejanza con hechos reales es pura coincidencia)
otros nombres. Hillary y la hija del matrimonio alternan en esta
telenovela llevada a una especie teatro del absurdo, donde se revelan
los entretelas del poder y la seducción durante 16 minutos
de duración. La presentación incluía un set
que permitía al público sentirse parte del escenario
de la telenovela como una extensión de lo real. Pregunté
cuánto costaba una copia. No estaban a la venta y solo se
contrataba la presentación en pantalla de plasma. Una estrategia
interesante de la galería que funciona más como un
agencia de producción de proyectos, al estilo de Kurimanzutto.
Otra
galería que dejó impronta, pues trabajan con artistas
de México e internacionales es la Caja Negra de
Madrid. Cuando ya el mundo daba por desaparecida y enterrada a la
gráfica, la Caja Negra viene a llenar resucitar
una disciplina con proyectos de gran envergadura, como las ediciones
de los minimalistas Richard Serra y Sol Lewitt. Los tirajes producidos
por el genio inglés de la impresión, Adam Lowe, de
obras del ubicuo Jonathan Hernández revelan las posibilidades
del medio. Lorena Sosaya, maestra impresora mexicana hace un gran
trabajo con la serie de trabajos de herbolarios de Jan Hendrix.
La Caja Negra produce libros de artista y ediciones
pequeñas de textos de análisis (aquí se nota
la mano de Issa Benitez Dueñas, historiadora mexicana que
co-dirige la galería) que redondean un proyecto bien armado
e inteligente para mantener la buena salud del arte de los múltiples.
De Argentina la galería Ruth Benzacar
se define por un programa de exposiciones y presencia muy enfocada
a lo gráfico y de hecho comparte con la Caja Negra
la presencia de Liliana Porter, artista que ha explorado las relaciones
entre el objeto y su representación, las tres y las dos dimensiones.
Benzacar representa a Jorge Machi, quien al igual que Johnathan
Hernández trabaja a partir de noticias aparecidas en los
diarios, solo que Machi utiliza los textos para relatar historias
que se convierten en imágenes. De Machi se presentó
una serie de serigrafías sobre crímenes de la nota
roja que por solo dos mil dólares harían el deleite
de quien esto escribe.
De Venezuela se presentó una iniciativa social del arte
la Fundación de Arte Emergente que se dedica
promover exposiciones par abordar temas relñativos a la exclusión
social, la salud y el ambiente. La fundación trabaja con
comunidades con una estrategia interactiva. La fundación
agrupa a varios artistas que trabajan en el contexto urbano, entre
los cuales destaca la exposición Álbum de Boda
que prtende cuestionar la institución del matrimonio y el
ejercicio de este derecho por parte de la comunidad gay, lesbiana,
bisexual y transexual. También cuenta con un programa editorial
de publicaciones, que recientemente dio a conocer el libro del historiador
e investigador Félix Suazo llamado A diestra y siniestra,
sobre la relación entre arte y política. Para mayor
información consultar la liga www.fundaciónarteemergente.org

Fréderic Moser y Phillippe Schwinger
Difícil debe ser para las galerías extranjeras de
Alemania, Suiza, Estados Unidos entender como funciona la mente
del coleccionista mexicano. Varios de los representantes de estas
empresas se quejaron de la falta de interés del coleccionismo,
de los extraños horarios de apertura de la feria (abría
a las 2 pm y cerraba a las 9), de las múltiples fiestas que
noche a noche diezmaban la energía de los galeros y daban
al traste con sus estrategias mercadotecnicas.
“El coleccionista mexicano es caprichoso,
impulsivo y predecible. La feria debería durar más
tiempo, no es posible que una ciudad con tantos millones de habitantes
pueda tener acceso en tan solo unos días. Falta señalización
gráfica, la gente no llega a los últimos pisos del
edificio. Los precios que cobra la feria son muy altos considerando
que el mercado local es muy reducido y los coleccionistas invitados,
no todos se dedican a coleccionar seriamente. La gente no llegó
el viernes y el sábado, solo vinieron al coctel inaugural”,
estos fueron algunos de los comentarios críticos que recogí
durante dos días de visita.
Lo
cierto es que MACO todavía tiene un largo camino a seguir,
que faltan propuestas más críticas, que están
ausentes los grandes artistas internacionales, aun los que trabajan
en México, como Francis Alÿs o Santiago Sierra, no figuraron
en ninguna galería. La sección de revistas y publicaciones
editoriales sigue siendo limitada y aún la presencia de los
museos locales del INBA y CONACULTA se limitó a un stand
institucional con algunas publicaciones y videos, eliminando la
presencia individual de cada museo, como había sucedido en
la primera edición. La cual permitía conocer el trabajo
de algunos curadores locales y artistas que no producen dentro del
engranaje de las galerías.
El arte es afín a la moda porque comparten la excitación
por la novedad, el desafío la ebriedad que proviene del sentirse
en contacto directo con el espíritu del tiempo. Sin embargo,
con respecto al arte, la moda siempre lleva retraso, vive de imitaciones
y de sobras, pues el arte (cierto tipo de arte) anticipa tiempos
venideros. Sobre este criterio es que la descansa la labor y la
existencia del museo (un tipo de museo) y de espacios no comerciales,
que busca evitar el desgaste de la moda, para prolongar el sentido
de sorpresa y asombro consustanciales al arte. |