John Berger; Vivir de la tierra ennoblece

John Berger

José Manuel Springer

John BergerEran los días antes de Navidad. La gente se atiborraba en las tiendas para comprar lo que compran para las fiestas decembrinas. Me dirigí a la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica para hacer lo propio. Quería regalarme un par de libros. La gente, poca, deambulaba por los pasillos vacíos. En un ejercicio de cordura límite mis compras a dos libros que pretendía leer durante las vacaciones. Formado en la cola para pagar tomé La Jornada distraídamente. Empecé por hojear la sección de Cultura y algo me detuvo y me dejó frío: John Berger en México, anunciaba una esquela. La plática con el autor estaba programada para el martes 18 de diciembre. Demasiado tarde. Eran casi las once de la noche. La sesión estaba programada para las 7pm.

Abandoné la librería desconsolado. Durante años he leído a Berger, desde que ingresé a la Escuela de Artes Visuales. En el transcurso de veinte años he reunido igual número de libros de este autor sin parangón. Novelas, poemas, ensayos, recopilaciones de artículos sobre artistas del siglo XX, dibujos, entrevistas; todos ocupan un lugar especial en el librero de mi recamara. He leído algunas de sus obras varias veces, subrayado frases, retomado sus anécdotas, siempre sorprendido por la forma en que relaciona la reflexión del arte con la vida.

John Berger ha sido un maestro a distancia, sus palabras siguen frescas en la memoria y sus ideas sobre el arte, la cultura, los campesinos franceses, los mineros ingleses, así como hombres y mujeres que viven en zonas de conflicto al borde de la muerte o cuya vida transcurre en escenarios comunes como una alberca pública, realizando faenas cotidianas como limpiar una fosa séptica; todas ellas resuenan en mi memoria como si las hubiera vivido en carne propia.

La obra de Berger abarca un amplio rango de situaciones que podría llamar simplemente la riqueza de la experiencia vivida. Como pocos críticos de arte John es capaz de llevar la experiencia de lo común a la historia del arte, devolviéndonos el sentido de la historia, respondiendo a las preguntas sobre el valor del arte para el común denominador de la gente. Sus cuentos y narraciones entremezclan valores estéticos y éticos que dejan ver que la experiencia estética parte del vivir, que podemos dejarnos llevar por una obra de Rembrandt o Francis Bacon para comprender el sentido de nuestra propia existencia, a pesar de la distancia y el tiempo.

John BergerAquella noche llegué a casa con la idea firme de buscar el paradero de John Berger en México. Algo me decía que tenía que encontrarlo, pues no creía posible que sólo tuviera una presentación pública. Por la mañana del día siguiente, llamé a uno de mis mejores amigos que trabaja para LaJornada inquiriéndole si sabía dónde podría localizar al escritor. Cuál sería mi sorpresa al enterarme de que su presentación había sido programada para ese día, el miércoles 19 de diciembre, en lugar del martes. John visitó México para participar en un simposio convocado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en memoria del recientemente fallecido historiador francés Andrés Aubry, estudioso de Chiapas. Esa noche estaría en México para presentar su libro. La fortuna me sonreía y durante el día me dediqué a localizar a amigos y colegas con los que he compartido el interés por los textos de este excepcional autor. Luego de varias llamadas me senté en el sillón a releer algunos de sus relatos cortos, tomados de diversas recopilaciones. Ahí estaban las palabras, las escenas, las imágenes y las metáforas de este hombre, porque creo que John es un hombre que escribe como otros que viven y trabajan, sin más deseo que el de cumplir con su deber en la tierra. Tomé algunos de sus libros y un pequeño libro rojo en el cual yo había pintado una silla vacía sobre la pasta de tela hará algunos años. No sabía bien qué decirle o siquiera si tendría la oportunidad de intercambiar algunas palabras con él. Pero por lo menos podría obsequiarle la imagen de esa vieja silla que pinté al encausto, como un signo de la amistad profunda que surge entre un lector y un escritor al que se le adeudan semanas y meses de reflexiones, de veredas del pensamiento y puentes que sirven para cruzar entre la experiencia y la reflexión.

La Casa Lamm es un centro de cultura que tiene el encanto de una antigua residencia porfiriana de carácter afrancesado, con un jardín central, una enorme librería, biblioteca y dos galerías de arte. El lugar es uno de los puntos de reunión donde coinciden periodistas, escritores, filósofos y artistas. Aquella tarde sus luminosas instalaciones eran un hormiguero de gente cuando llegué el miércoles a las seis de la noche.

John BergerOcupé uno de los lugares más cercanos a la mesa de la conferencia, donde estaban escritos sobre tarjetas los nombres de los participantes. Las siete tocaban en el reloj y los participantes no se hacían presentes. Salí a fumar un cigarro, dejando sobre la silla mi bolsa de libros, para apartar el lugar. Desde el balcón observé a una multitud que se arremolinaba en torno a un hombre de cabello abundante totalmente blanco. Era él. Me acerqué pero el círculo de gente que lo rodeaba me impidió cruzar palabra. Me dediqué a observarlo: ojos vivos de color oscuro, sonrisas repartidas por todos lados; visiblemente emocionado miraba a la gente que le hablaba en los ojos y saludaba efusivamente a la multitud que extendía libros para que los firmara. El ritual se prolongó por más de media hora y tuve más que suficiente para ver al hombre. La chaleco de montaña le daba un aire jovial y despreocupado, el pelo revuelto, la bufanda atada al cuello, las manos fuertes de dedos gruesos, la caligrafía ágil de su mano, describían la estampa de un hombre de pocos y grandes atributos, profundamente feliz y satisfecho consigo, capaz de expresiones de coraje, aplomo y ternura. Su esposa Beverly lo seguía a poca distancia, de vestido negro y cabellos grises, contenta y despreocupada. Ambos entraron al salón en medio de un aplauso.

La presentación del libro Con la esperanza entre los dientes, una recopilación de ensayos cortos publicados por La Jornada, estuvo animada por Ramón Vera, editor del suplemento Hojarasca; el filosofo francés Jean Robert y Andrés Barreda, columnista del diario La Jornada. Robert habló breve y sustancialmente sobre el tema que más ha interesado a Berger: la desaparición paulatina y constante del campesinado en Europa a expensas de la expansión del capitalismo neoliberal. Berger, que vive en una pequeña comunidad de campesinos en la Alta Saboya, en Francia, ha dejado testimonios literarios sobre la vida de esos hombres y mujeres ligados a la tierra. Andrés Barreda se refirió a las múltiples maneras en que Berger ha retratado la vida de los pobres; de las formas de resistencia y esperanza que surgen entre los pueblos, en lugares como los campos de refugiados o en las regiones fronterizas. Hacia la boda es una de sus novelas más definitorias, en la que la historia de una joven pareja enferma de VIH sida no impide que realicen en los preparativos de una ceremonia nupcial en una comunidad rural.

John BergerComo crítico de arte y ensayista, John Berger ha seguido las ideas de Walter Benjamín, particularmente aquellas relacionadas con la forma en que las instituciones y las reproducciones de obras artísticas en la publicidad, alteran la manera en que vemos el arte, y el cómo la historia del arte secuestra las grandes obras para el gusto y la interpretación del gran público. Su libro Modos de Ver se convirtió en un paradigma en los años 70, pues analiza las influencias entre arte y publicidad, la visión del cuerpo humano y la política cultural, entre otros temas, adelantándose dos décadas a movimientos posmodernos que criticarían en los 90 la visión poscolonial y las políticas de representación del cuerpo y la raza. Por estos y por otros tantos vínculos que establece en su ensayística, John ha contribuido al esclarecimiento de las relaciones entre arte-instituciones-público, su obra crítica ha sido de inmensa relevancia para los que hemos seguido sus razonamientos.

A continuación transcribo las palabras de John Berger, en relación a las opiniones que expresó sobre su trayectoria, su presencia en Chiapas y su apoyo solidario a la lucha del pueblo palestino, motivo de un cuento que leyó al auditorio presente en Casa Lamm.

John Berger: “Solo quiero decir unas palabras. Decir que los análisis son muy…, no sé, no estoy acostumbrado a escuchar estas cosas. Pero, quiero decir una cosa: creo que los artistas en general y los escritores en particular, nunca saben en realidad lo que han hecho. Eso no quiere decir que uno hace lo que sea, por supuesto que no. Y también, resulta extraño porque, lo que uno hace, lo que escribe en la página, lo que se imprime, cambia con el tiempo. Por ejemplo, cuando estaba escribiendo este pequeño libro en la Alta Saboya, no me imaginaba para nada que un día ¡estaría en la Ciudad de México hablando con ustedes! Así que, uno no sabe lo que uno hace.
Pero siempre se da la misma batalla con las palabras, que es una lucha por usar las palabras limpiamente, y, si es posible ¡limpiar las palabras que han sido ensuciadas por tanto abuso!

La lucha es también por la hospitalidad, porque para ser hospitalario, si no se tiene mucho, se requiere trabajo y sacrificio. Y si existe tal cosa como la hospitalidad en la escritura, esta es lograr que el lector, él o ella, considere su propia experiencia y llegue a sentirse en casa en lo que está leyendo.

Ahora, solo haré algunos comentarios sobre lo que dijo Andrés Barreda de mi experiencia. Cuando llegué a ese pueblo [en la Alta Saboya] tenía como cincuenta años. Dejé la escuela cuando tenía dieciséis. No me di cuenta desde que llegué ahí, pero después de algunos años, sobretodo observando y escuchando por lo general a los campesinos mayores. Caí en la cuenta de que por primera vez estaba en la universidad. Me ensañaron más de lo que jamás podría contar.

Pero, una cosa práctica: ¿por qué me permitieron entrar a esa universidad? Es muy simple, se debió a que yo estaba dispuesto a trabajar físicamente, trabajar la tierra con ellos. Y por supuesto, yo era irremediablemente torpe e ignorante y ellos eran los expertos. Por tanto, Ellos sentían que antes que nada compartirían algunas lecciones conmigo, tal como, cómo barrer para mantener limpio el establo. Limpiar. Comenzamos con la mierda. Más adelante me contaron como veían el pasado, como veían los muertos y lo que significa vivir con la tierra.

John BergerSólo quiero decir esto sobre esa experiencia.

[Revisa una hoja con apuntes]

Sí, toda mi vida, al principio intuitivamente y luego ya con más bagaje intelectual, he sido…–O,K. pueden decir anticapitalista–, . . Simplemente, ¡Aborrezco el capitalismo! Pero eso es menos de la mitad de toda la historia. La mayor parte fue el respecto por el ingenuidad, la resistencia y la visión de los pobres. El saber de los pobres. Pero sobretodo la ingenuidad. Cuando uno considera ese conocimiento, es decir lo que los pobres saben, y de lo cual los ricos no tienen idea, la amenaza del absurdo –que siempre está ahí como una parte de la vida– esa amenaza, que resulta muy extraña, a pesar de la inseguridad y el dolor, la noción de lo absurdo es excluida (abolida)....

Ahora quiero decir algo sobre mi experiencia de los últimos días en San Cristóbal de las Casas en el coloquio de los zapatistas… Quiero decir lo más urgente de todo: que su posición actual ¡está extremadamente amenazada!... Tenemos que estar conscientes de ello. Y tenemos que actuar al respecto. En todas formas que sea posible.

No quiero hablar la información exacta, porque aunque yo sepa un poco, ustedes conocen más. Y no soy yo quien va a decirles lo que está sucediendo en su país. Lo único de lo que puedo hablar es mi propia sensación, y ésta es que existe un gran peligro para todo el movimiento zapatista, para su iniciativa y logros, lo cual tiene consecuencias para todo el mundo. Podrían ser eliminados.

Algo de inmensa importancia es el apoyo de la sociedad civil.

 Quiero hacer una pequeña observación que está relacionado con esto. Pero voy a empezar desde otro punto. Cuando uno vive en las montañas como los pastores, que es algo que Beverly (mi esposa) y yo hemos hecho. Después de una semanas ves abajo al valle y te niegas, a pesar de que haya necesidad, a bajar. La razón principal de esto es que allá abajo el tiempo es más rápido y más corto.

Cuando hace un par de días yo estaba en los altos de Chiapas, miraba a través de la sierra, un espacio montañoso como el cual jamás he visto. Ese espacio resulta mucho más grande de lo que haya imaginado. Y lo digo porque con esa inmensa visión, esos enormes horizontes, el sentido espacial del tiempo, que todos tenemos cuando estamos en las montañas, que no es rápido ni corto, sino prolongado y enorme, resulta más fuerte allá. Por favor mantengan esa visión larga del tiempo y déjense llevar por ella.

Un elemento importante en la disminución del apoyo de la sociedad civil a los zapatistas, fue la posición que tomaron Marcos y ellos en relación a las elecciones pasadas (2006). Surgió incluso la tendencia de responsabilizarlos a ellos, casi tanto como al fraude, por las consecuencias desastrosas de esas elecciones. La posición zapatista de no votar me pareció una decisión completamente racional, se puede discutir pero no es un error. Quizá los términos exagerados con los que se refirieron a López (Obrador, candidato a la presidencia por el Partido de la Revolución Democrática), fue en realidad un error. Los errores políticos ocurren, es una cuestión de mantener perspectiva en relación a ellos. No se puede permitir que ese pequeño error, que en ese sentido largo del tiempo fue un error importante pero pequeño, condicione el apoyo ahora, cuando toda la visión zapatista y su acción, con la relevancia que tiene para Chiapas y para todo el mundo, y que todo eso sea destruido. Lo que han logrado ellos (los zapatistas) en Chiapas es como un archipiélago, que con el paso del tiempo puede llevar a un continente, a un nuevo continente de justicia social y dignidad. El tiempo que durará el viaje por el archipiélago en llevarnos al nuevo continente podría ser de 10, 20 o quizá 100 años. Tenemos que tener este tipo de perspectiva. Paradójicamente, con esa perspectiva de largo alcance en mente, esto significa que ahora de inmediato, tenemos que movilizarnos en toda forma posible para evitar su muy real y posible amenaza de extinción.

Una frase más. El hecho de que hayamos podido llegar aquí cancelamos un viaje a Ramalá. Así que quiero decirlo aquí en la ciudad de México y de parte de todos ustedes, solidaridad, continuidad, Valentía para ese pueblo increíblemente valiente que son los palestinos.

Ahora, si ustedes me lo permiten, les leeré un cuento…

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Fecha de publicación: 20.01.2008