Jimmie Durahm; la piedra rechazada

Jimmie Durham
Snake Eyes!. (detalle) 2006
Courtesy Barbara Wien Gale
rie, Berlin

José Manuel Springer

Retrato de Jimmie DurhamRetrato de Jimmie Durham
© Marco Fedele di Catrano

El rostro de Jimmie Durham recuerda la cara de Buster Keaton. Sus esculturas, instalaciones y dibujos tienen ese elemento cómico subversivo y desestabilizador que el famoso actor del cine mudo, de faz inexpresiva, imprimió a sus películas.

La obra de Jimmie es él. Es su bitácora de vida; un indígena cheroqui producto de la época, categorizado y clasificable, envuelto por su contexto histórico y también biológico. Estas dos últimas palabras me hicieron pensar en lo que se puede decir de él, más como ser humano que como artista. Creo que me gustaría hablar de su persona, porque pienso que él no hace arte sino que enseña a ¾también se ensaña– pensar primero y luego a ver el arte como algo útil. “El arte es una herramienta, para pensar, como los es la lengua”, escribió el artista en una de sus obras.

Considerar el arte como algo util que sirve al hombre para pensar es una de sus principales tareas. La meta es hacer una reflexión inteligente de la vida, de la naturaleza y sus tres reinos. El arte que mira a su alrededor en términos de evolución es inteligente. Asi resumo lo que hace Jimmie. Pero, no suena del todo correcto. Hay que añadir que Jimmie es un comediante en el sentido clásico: un hombre que usa la alegoria cómica con un rictus de seriedad en la mirada, pero con una sonrisa y elocuentes modales arroja piedras mortales sobre los valores de la civilización. Él es, como todo caballero, un hombre vertical. Por eso digo que se parece a Buster Keaton, ese epítome del personaje inalterado por lo que se mueve a su alrededor y que, por el contrario, es capaz de interactuar con el caos en sus propios y muy personales términos. La realidad es resbalosa, el arte y el humor la hacen menos escurridiza. El mundo es una proyecciòn en una caverna, que el hombre primitivo no ha dejado de adorar. Por ahí empieza su historia.

Jimmie DurhamSelf-portrait as Rosa Levy, 1995-2006
Collection fluid editions, Karlsruhe.

Corría el año de 1992 y yo vivía en Cuernavaca, la población del sur de México conocida como la ciudad de la eterna primavera y reconocida por sus calles tortuosas llenas de agujeros. Ahí residía también Jimmie y su pareja, Maria Tereza Alves, alejados del mundo, pasando desapercibidos en una vivienda modesta, del selvático barrio de San Antón. En la parte posterior de su casa había una terraza rodeada de bambúes en la cual Jimmie tenía su taller de escultura, donde guardaba todo género de objetos encontrados en la calle y el bosque. Herramientas para talla en madera colgaban de las paredes. Ramas de árboles y piedras de diferentes tamaños y texturas eran parte del mobiliario. La terraza miraba a una caudalosa cascada, cuya belleza natural había sido arruinada por la cantidad de basura que arrastraba el torrente de agua y que se acumulaba a las orillas de la barranca de San Antón.  

Vanidoso, Jimmie solía pasar las horas de la mañana en una tumbona, tomando el sol y leyendo novelas de Commarck Macarthy o Italo Calvino. Nunca iba al cine, y sólo de vez en cuando salía de su hogar para asistir a las inauguraciones de un grupo de artistas locales por los que sentía afecto. Lo suyo era pasear por las calles y los parajes cercanos. Cocinaba todas las noches y bebía tequila, acompañándolo con cigarrillos sin filtro.

Una tarde me llamó por teléfono para invitarme a cenar. Me dijo que quería presentarme a Jan Hoet, curador de La Documenta IX, a la que Jimmie estaba invitado a participar. Yo no sabía que era la Documenta ni tenía idea de quien era el personaje pero acepté con gusto. Jimmie me dijo que llevara conmigo un dossier de mi obra artística para mostrárselo al curador, cosa que me pareció generosa de su parte, un rasgo de su afable carácter.

Llegué a la cita puntual y conocí a Hoet, un hombre con cuerpo de atlético y una sonrisa jovial de unos cincuenta años, de voz profunda, movimientos bruscos y bien trajeados. La cena consistió en un platillo indio del recetario de Jimmie, que contenía maíz y carne de pollo en una sopa espesa. Un platillo típico cheroqui, según me dijo. Durante la cena Jan Hoet explicó la estructura de la exposición que organizaría en Kassel. Todo partía de una video instalación de Bruce Nauman, en la que el artista denunciaba la imposibilidad de que las ciencias y las humanidades explicaran la realidad. A partir de ahí, se desarrollaba la Documenta como en una espiral, con la obra de más de cien artistas que expresaban ese escepticismo sobre la historia y el mundo, coincidente con el derrumbamiento de la URSS y la caída del muro de Berlín (1989).  

Jimmie DurhamA stone rejected by the builder (1), 2006
Courtesy Barbara Wien Galerie, Berlin
© Thierry Langro, Musée d’Art moderne
de la Ville de Paris.

Yo dudé en momentos durante la cena de si debía mostrar mi obra. Sabía que lo que yo pintaba no tenía nada que ver con lo que se estaba hablando. Llegó la hora de irme y me levante de la mesa con decisión y me despedí. Pero, tuvo que ser él quien dijera: antes de irte tienes que enseñarle tu obra a Jan. Así que, con una afectada naturalidad (¡Ah, sí!, claro), le entregué la carpeta a Jan Hoet, quien observó rapidamente las transparencias de 35 mm que puse en sus manos. Al cabo de unos minutos verlas señaló, viéndome a los ojos: me gusta la obra fuerte, los colores y el dibujo. Y no dijo más. Salí de la casa, envuelto por el calor y la humedad de la noche, agradecido y satisfecho, prometiéndome que algún día visitaría la Documenta IX.

Gracias a Jimmie y su bien ganada fama de hombre periférico, que carga su centro identitario consigo mismo, también, pude conocer en su hogar mexicano a varias personalidades del mundo del arte, que acudían a visitarlo en aquel, su nido de águila, de donde nada ni nadie conseguía sacarlo. Meses después de aquella cena viaje a Alemania para visitar la Documenta y pude llegar el día de la inauguración. Para mi mala fortuna Jimmie, que había estado semanas en Kassel montando sus esculturas, se había retirado, huyendo de la fiesta y de las multitudes que desbordaron ceremonias y festejos inaugurales. No pude encontrarlo, pero vi por primeras vez sus obras dentro de un museo, el Friedericianum.

Una de esas piezas de la Documenta se encuentra expuesta temporalmente en el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Paris, donde una retrospectiva de los últimos 20 años de su carrera ocupa las salas principales. Pierres rejettes…(Piedras rechazadas…) es el título de la muestra, tomado del libro de Salmos de la Biblia.

La piedra que desecharon los edificadores
ha venido a ser la piedra angular
.
Salmo 181, v.22

Jimmie DurhamEncore tranquillité, 2008
Courtesy de Pury & Luxembourg, Zurich
© Roman März

Las piedras son las actrices centrales de la obra de Durham, forman parte de su deconstrución biológica de la evolución y el progreso material. Podría decirse que se trata de un artista darwiniano, pero en realidad la categorización sólo empobrece la labor del hombre. En su obra las piedras están animadas, reciben y transmiten una vitalidad que se nos escapa y nos rebasa. Pocos ven en la piedra a ese primer objeto util que conoció el hombre primitivo.

Sería arriesgado aventurar que el salmo de donde proviene el título de la muestra es una alegoría de la vida del artista. Parecería que lo estuviéramos subiendo en el pedestal del héroe –el constructor. El significado del salmo se refiere a una piedra, desdeñada por los arquitectos, durante la construcción, la cual ha sobrado. Los constructores se dieron a la tarea de exaltar la habilidad sobre la función, dejando a las piedras en segundo término; la piedra rechazada es potencia en su estado puro. Así suena mucho mejor: las obras de Jimmie son piedras rechazadas, ideas en estado puro. Pero, insisto, las piedras que frecuentan las obras de Durham tienen un papel cómico porque siguen una lógica incoherente, rechazan la estructura. En la obra de Jimmie todo es un juego entre palabras y objetos, en el que ambos se rechazan entre sí. Si René Magritte estableció que la pipa pintada no es una pipa, para Jimmie una piedra no siempre se llama piedra ni parece una piedra. Puede ser una palabra petrificada, extraída del diccionario.

El arte y las palabras

El amor por las palabras es algo que Jimmie comparte con los dadaístas. Quiero llamar la atención de lector a la forma en que se inicia la muestra motivo de este escrito. La exposición abre literamente con una avioneta aplastada por una enorme roca (Encore Tranquilité, Sin embargo Tranquilidad), aunque creo que la piedra es sintética, pero no lo aseguro. Movimiento y permanencia, tecnología y naturaleza, ligereza y peso, la gravedad y su desafío, son algunas de las asociaciones que vienen a la mente, pero a mi me recordó esos gags visuales del cine cómico silente. En las películas de Chaplin, Laurel & Hardy o Buster Keaton, los objetos y la realidad son alterados por la frecuente violencia caótica y el sin sentido. En esos escenarios urbanos cinematográficos, donde la realidad funciona con otras reglas, los accidentes suceden al menor descuido: los edficios se derrumban, los trenes vuelcan, los automóviles se deshacen, piedras caen del cielo sin consecuencias fatales para el mundo. La violencia surge de lo imposible hecho posible. La risa que provocan esas tramas visuales mudas, salpicadas con algunas frases que aparecen entre secuencias, subvierte la rigidez de las estructuras, de la eficiencia y la producción, elementos que requiere el sistema capitalista para construir arquitecturas.

Jimmie DurhamJesus (Es geht um die Wurst),1992.
MuHKA, Musée d’Art contemporain,
Anvers © Thierry Langro, Musée d’Art
moderne de la Ville de Paris.

Hacía fines de 1994, cuando se levantó en armas el Ejercito Zapatista, dejé de ver a Jimmie Durham; ambos hechos no están conectados entre sí pero sirven de excusa para pensar en el tiempo. Antes de abadonar México tras siete años, Jimmie me llamó para que fuera a su casa. Me dijo que tenía algo que quería obsequiarme. Entusiasmado entré a su estudio ya completamente vacío, excepto por algunos árboles secos que había en el piso. Recogió un par de ramas de Jacaranda, me las puso en la mano y me dijo: Este es un regalo. Un dibujo para ti. No me acuerdo donde pusé esas varas secas, pero su recuerdo sigue en la memoria a pesar del tiempo.

Lo recuerdo como al hombre, más que al artista, que tenía una enorme capacidad para reir y contagiar la risa por medio de sentencias muy ambiguas, yo diría surreales. Valoraba la inteligencia más que cualquier otra característica de la obra de arte. Escribía lúdicos textos sobre artistas y arte en los que contraponía su situación de indígena con la de la tecnología, producto célebre de la inteligencia occidental. En una ocasión, ojeando en un catálogo los cubos perfectos de madera y concreto de Donald Judd, le pregunté qué pensaba de la obra. “Me gusta lo que hace Donald Judd cuando no intenta ser Donald Judd”, respondió esbozando una sonrisa.

Una de las primeras piezas que le ví producir se encuentra ahora en la exposición de Paris. Se trata de una talla en madera de un hombrecito sentado con los brazos y piernas extendidos. Esta pieza fue expuesta en la Documenta IX, la recuerdo en la sala del museo, colocada frente a un tríptico de Francis Bacon. ¡Que contraste! La cara del personaje es un retrato, Jimmie es muy aficionado a retratar de formas extrañas, del ceramista mexicano Julián Villaseñor. Tiene un parecido muy bien logrado de la mitad de la cara, que exalta las características indígenas de Julián y su sonrisa muda. La otra mitad puede resultar tenebrosa está cubierta de lodo y lleva por ojo un cristal turbio. El hombrecito sostiene una instantánea de un borrego recien parido. En los pies hay un letrero que dice: Jesus, es geht um die wurst (Jesús, se trata de la longaniza) . Las palabras no revelan un significado, son retruécanos; para Jimmie el lenguaje es un componente más visual que lingüístico. En este caso se trata de una asociación entre el título y el pene rojo erecto que sale de en medio de las piernas de ese hombrecito cubierto de lodo como una estatua votiva, una escultura al estilo del artista cubano Juan Francisco Elso, amigo cercano del artista.  Frecuentemente Jimmie usó la reproducción de estilos, rotros u obras de otros artistas para contraponer ideas sobre ellos y el símbolo; la obra es un embrión que transita por una metamorfosis cultural: la inocencia del cordero es contrapuesta a la erección de juguete del salvaje.

Jimmie DurhamSelf-Portrait with Black Eye and Bruises
1995-2006. Courtesy Christine König
Galerie, Vienne.

En los alrededores de Cuernavaca Jimmie grabó algunos videos de caracter autobiográfico y paródico. María Tereza sostenía la cámara mientras él, vestido de traje y sombrero de ala, hablaba con orgullo sobre la casa que iba a construir en medio de un páramo seco, rodeado de piedras y arbustos. Jimmie se identificó con Gilgamesh, el proto-héroe de la literatura épica india, que intenta dividir el mundo civilizado del mundo natural construyendo una muralla. Esto era algo que siempre llamaba la atención de Durham; las historias del buen salvaje que se divierte con el mundo civilizado. El esclavo Talibán, el salvaje al que el sabio Próspero intenta educar en La tempestad, de Shakespeare, sería otro de sus muchos alter ego.

¿Cómo explicar un chiste visual, vale la pena hacerlo? Los productos de la civilización son la materia prima sobre la que trabaja Jimmie. Cada pieza está relacionada con un contexto y lugar en los que él se ha visto envuelto. Nada escapa a su caústico humor. La obra siempre está ligada a su propia experiencia y un contexto social específico. Una referencia a Magritte y su juego entre signo y significante (la célebre pintura Esta no es una pipa) le permiten hacer un gag visual entre el artista surrealista y el idiosincrático inspector Poirot, el héroe belga de las novelas de Agatha Christie.

Poeta de la palabra, que escribe libremente a manera de notas sobre las obras, Jimmie es fiel al naturalismo cuando se trata de imágenes. Las piedras son el objeto natural que funciona como herramienta y arma sardónica. Para él la cultura europea se manifiesta a través de la arquitectura, como una construcción cuyas cimientos resultan facilmente vulnerables.

Jimmie es el primero el arrojar la piedra, regresar a la edad de piedra, matar dos pájaros de una pedrada o divertirse con la piedra filosofal, sus travesuras nos proponen una imagen iconoclasta. En sus esculturas las piedras son lanzadas, arrojadas y esparcidas dentro del espacio para mostrar la patética incoherencia sobre la que se levantan la civilización occidental.

Jimmie DurhamHe said I was always juxtaposing, but I
thought he said just opposing. So to
prove him wrong I agreed with him.
Over the next few years we drifted
apart. 2005
. Courtesy de Pury &
Luxembourg, Zurich© Thierry Langro,
Musée d’Art moderne de la Ville de Paris

El dijo que yo siempre yuxtaponía, pensé que había dicho que sólo oponía (juxta-pose, en inglés). Así que para demostrarle que estaba equivocado le dije que estaba de acuerdo. En los siguientes años nos fuimos separando. Este es el título, en mi traducción, de una pieza que cierra un círculo entre la escultura clásica griega y el urinario de Duchamp. A juzgar por la imagen, el urinario de Duchamp ha sufrido un descalabro (pedazos del mismo están regados por el piso) a causa de una piedra tallada en mármol con la efigie de un joven apolíneo. El artista lanza la piedra de la escultura griega para destruir el icono de la modernidad; como una piedra rechazada que, con el gesto de Durham, le resta la ironía a la pieza de Duchamp. El título es un pequeño ensayo sobre las relaciones entre modernidad y antigüedad, que impulsaron a las vanguardias del siglo XX.

En sus escritos, de los cuales existen un par de antologías, Jimmie se ocupa de analizar, entre otros, la problemática del arte occidental, al cual considera dependiente de la arquitectura o al espacio (en especial el denominado site specific art) para contextualizar su significado. En un cuento titulado Un artista de Diez mil años[1], Durham transcribe una supuesta entrevista con un artista de la época de las cavernas. El entrevistador pregunta al carvernario si conoce algún artista joven que le parezca interesante. Sí, contesta el anónimo y milenario artista, hay un joven por ahí que se llama Tiziano, que no lo hace mal, habrá que seguirlo de cerca. Sin producir una gran teoría, Jimmie ha tocado las piedras angulares de la historia del arte, dejando ver cómo la obra de arte se confunde cada vez más con el edificio, especialmente en esta época post Guggenheim.

Jimmie usa las cosas y los nombres como se utilizan en los altares religiosos en la santería cubana, los objetos industrializados le son preciados por cuanto simbolizan todo lo que es ajeno a la naturaleza y por la carga de significados mágicos y sardónicos que les otorga, opuesta a la utilidad y provecho que tienen en la civilización capitalista. En su repertorio de obras un refrigerador es canonizado luego de sufrir una lapidación (St Frigo, 1996) y La piedra rechazada por los constructores (2006) ha sido pintada con colores fosoforecentes y colocada sobre un pedestal. El cambio de significados del objeto, su trasmutación en un juego del lenguaje, le permite exponenciar los diferentes significados que tiene el objeto para cada cultura. La condición indígena de Jimmie lo convierte en outsider, y su humor de buen salvaje es como sal frotada sobre la herida de los valores culturales del mundo desarrollado.

Jimmie DurhamHomage to Constantin
Brancusi, Number 2
, 2007
Courtesy de Pury &
Luxembourg, Zurich.

En la salas del museo parisino hay multitud de objetos ensamblados que tienen esa cacofonia visual tan propia de él, que podría describir como el cruce de categorias y referencias. Aquí quiero reiterar la referencia al cine cómico, en el que lo inesperado se presenta en lugar menos apropiado, adoptando dimensiones esperpénticas. El homenaje a Constantin Brancusi Número 2, es una réplica (en el sentido de contestación) de la famosa Ave del escultor rumano, nada más que aquí el animal es un gancho para colgar ropa que parece un pajarraco en huesos. La historia del arte es una inacabable fuente de motivos para realizar objetos y dibujos plenos de catársis, caminar por la exposición es ir en pos de la risa, descubriendo una inteligencia desbordada. Telephone Call, una llamada ficticia en la que el artista aparenta recibir noticias dramáticas que él aborda con naturalidad y humor; o aquel video en el que revisa los trabajos de sus alumnos, sentado de un escritorio con la mirada fija sobre el objeto que recibe de su pupilo,  sobre los cuales deja caer un pedazo de granito hasta destruirlos, para luego darles una nota por escrito; estos son sin duda algunos de los más hilarantes momentos del video mudo contemporáneo.

Hay mucho de histrionismo en su trabajo. Los videos y los autorretratos posando como Rosa Levy (otra referencia a Duchamp) o el mismo Jimmie Durham con la cara amoratada, se parecen a los actores del cine cómico, cuyas expresiones faciales y gestos corporales se convirtieron una marca distintiva de los personajes que hicieron famosos. La inestabilidad de la personalidad es una forma de sacudirse las máscaras impuestas por el establishment. El video La Búsqueda de la Felicidad, es una breve película sobre un artista, interpretado por el artista albanés Anri Sala en el papel de Joe Hill, un artista vanguardista que vagabundea por la planicie americana recogiendo basura a un costado de la carretera.  Por la tarde lleva los desechos a un camper, donde se dedica a pegarla sin ton ni son sobre bastidores de madera. Sugiente escena: entrega la obra en una galería. Corte: vemos gente en una inauguración, vestidos y peinados muy chic, quemiran las obras que estaban en la camper ahora reluciendo sobre las paredes. Circula el champán. Algunos compran la obra. Corte; el artista vestido con un traje se llena de billetes las bolsas del saco (¿donde hemos visto esto antes?) y regresa al su estudio-camper. Lo rocía con gasolina… Según Jimmie, se trata de una película autobiográfica; yo la titularía: Un día en la fería de arte.

Por su puesto, para un artista como Jimmie los monumentos, los pedestales, los reconocimientos y el elogio resultan fatuos. En uno de sus ensayos relata la siguiente anécdota. Trabajando en un rancho de Tejas como vaquero se le acercó otro jinete y le preguntó: ¿Eres vaquero e indio? Ten cuidado, no te vayas a matar [2].  Durham  es su principal fanático, su ídolo y su mejor obra. Sus autorretratos son la bitácora de una vida impasible e imposible de emular, resultado de un recorrido en el que las piedras del camino demuestran porque su mayor logro es hacernos reir de la vida y del arte, siguiendo su propio ejemplo.

Jimmie DurhamThe Ghost in the machine, 2005
Courtesy Franco Soffiantino Arte contemporanea,
Turin© Thierry Langro, Musée d’Art moderne de la
Ville de Paris.
Jimmie DurhamSt Frigo, 1996
Ministère de la Culture, Portugal
.
NOTAS:
[1] Publicado en A certain lack of coherence, writings on art and apolitics; Kala Press, Londres 1992.
[2] Durham, Jimmie, Cowboys and… Third Text, Nr. 12, autumn 1990, 5-20; London, 1990

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Fecha de publicación: 25.05.2009