La reconstrucción de los hechos según Marcos Ramírez Erre

Marcos Ramírez Erre

José Manuel Springer

Marcos Ramírez ErreBandera, 2000.

En 1994, como parte de la exposición inSITE en Tijuana, se presentó en la zona exterior del Centro Cultural Tijuana, la instalación Century XXI, del artista tijuanense Marcos Ramírez “Erre”. Era una vivienda temporal levantada con pedazos de madera reciclada, láminas, tramos de tablaroca, mobiliario de segunda mano, todo armado con mucho ingenio por parte de Erre. Hoy, a la distancia, podría decir que habría algo de ingenuidad en la obra, en el sentido de que muchas viviendas como estas se levantan en la zona fronteriza y es fácil constatar la disparidad existente entre las moradas de los emigrantes y los edificios de concreto y cristal que se levantan sobre las principales avenidas de la capital californiana. No obstante, la casa de Erre, era su morada, ahí recibía amigos, visitas, daba entrevistas y en alguna ocasión pasó la noche en su interior. Había en ella una autenticidad inalienable; más que una obra de arte que representaba una vivienda, era una declaración de una forma de vida, una proclamación de Marcos sobre su propia historia y la de muchos que, como él, habitan en la faja fronteriza al norte de México.

Dos décadas han pasado desde que nos conocimos ahí, en su terreno, en la frontera, y en ese tiempo he seguido la trayectoria de Marcos Ramírez con gran interés e incluso colaboramos en el X Salón BBVA Bancomer (2006), en el Museo de Arte Moderno de la capital mexicana. La reconstrucción de nuestra amistad pasa por la de su fulgurante carrera artística, un itinerario marcado por su sinceridad, porque Marcos ha vivido todas las situaciones a partir de la cuales hace su arte; nada de lo que ocupa su imaginación y creatividad le es ajeno. La Reconstrucción de los Hechos, la exposición que presenta en el Museo Carillo Gil es la retrospectiva de un artista singular que ha sabido conjurar la separación entre arte y vida, logrando sorprendentes metáforas de la vida del migrante y la subsistencia en la frontera.

Marcos Ramírez ErreCorazón, 2003.

Erre comenzó a trabajar en la carpintería y la construcción desde muy joven. Eso explicaría en gran medida su condición de vida, pues, como muchos otros mexicanos, ha vendido su fuerza de trabajo al otro lado, pero disfruta vivir del lado mexicano. En ese constante cruce de la imaginaría línea fronteriza, Erre descubre situaciones que son materia prima de su trabajo, las cuales combina con los signos visuales que pueblan la frontera. La traducción de sus experiencias en metáforas apunta hacia una explicación, mediante construcciones y deconstrucciones lingüísticas, de lo que puede ser la doble cara, el contraste, de la vida del migrante: motivado por su hambre de éxito, y a la vez traicionado por propios y extraños que ven en él una fuente de explotación o una amenaza al modo de vida americano.

La instalación que abre la muestra, Bandera (2000) es una de esas obras-signos que en su economía de significado y en la selección de materiales de desecho con los que ha sido elaborada, apunta hacia el contraste entre dos culturas vecinas. La pieza se presentó en la Bienal Whitney, realizada justo después de los enfrentamientos raciales en California que ocasionó el veredicto sobre la inocencia de los policías que golpearon brutalmente a Rodney King, un trabajador negro de la zona de Los Ángeles. La malla ciclónica, las láminas acanaladas que forman esa efigie de la bandera estadounidense, otrora símbolo de un país de migrantes, representa un signo de los tiempos en un país lleno contradicciones, lugar de barreras y fronteras resguardadas, sitio de la paranoia y el miedo ante lo diferente y los desconocido. La pieza de Erre , como muchas de sus obras, ocupó un lugar preponderante en el espacio público (en el Whitney Museum fue colocada justo en la avenida donde está la entrada al museo), porque su simbolismo se alimenta de las tensiones no resueltas y de las reacciones del público. Las contradicciones del sistema son el combustible de los conflictos sociales, y también del arte público que propone Erre.

Marcos Ramírez ErreToy-an-horse, 1997, instalación en el cruce de la frontera, Tijuana.

Sentimientos encontrados

En alguna ocasión, Erre y yo platicamos sobre la casi total ausencia del amor en el arte contemporáneo. Coincidíamos en señalar que este sentimiento no interesa a los artistas como tema de su obra. El arte se centra en narrativas de la sociedad y las costumbres que las definen o en formas que redefinen los lenguajes artísticos, pero el amor resulta un asunto excepcional en el arte, y en el arte público es casi un anatema. Así que para que un artista como Erre, que tiene la reputación de haber creado símbolos trascendentes de la migración, como el monumental caballo de Troya (Toy-an horse, 1997) colocado en la en la frontera entre México y Estados Unidos, el embarcarse en un proyecto dedicado al amor, parecía la última frontera que tendría que cruzar en su discurso.

En su niñez, la madre de Erre le contó un relato, el cual le había presentado de manera sencilla, como suelen ser las parábolas, la dualidad de amor y odio que recorre la historia. Los personajes se podrían llamar Abel o Caín, Acorazado y Sing-Sing, eso no es sustancial, lo que le pareció distintivo fue el hecho de que la anécdota coloquial se teje en el tiempo y surge en la producción artística de Marcos, para convertirse en una metáfora escultórica. La pieza Corazón, que encierra una cama con sábana, cual si se tratara de una celda carcelaria, representa esa anécdota de dos hermanos unidos por el amor y enfrentados por el odio. La pieza parte de un corazón hecho con barrotes de acero, el cual, no obstante, abriga un cobijo para un niño que ignora que afuera el mundo está separado entre ricos y pobres, vencedores y vencidos, Norte y Sur. Dentro del corazón existe el amor, que es un sentimiento de ágape, de entrega y que ennoblece al ser humano y lo protege, pero que a la vez es un celda.

Marcos Ramírez ErreLa multiplicación de los panes, 2003.La narrativa épica, que construye y emblematiza la historia de las naciones, es motivo recurrente de la fábrica estética de Erre. No se le escapa la anécdota, el detalle traducido en símbolo, la imagen traducida que a través de su obra hablara por sí sola en todos los idiomas. En la instalación Oro por Espejos, retoma el tema de la Conquista colonial, pero le da la vuelta de forma que nos hace reflejarnos en el lecho tan incómodo en el que duermen nuestros ideales. Desde la frontera, en los márgenes de la cultura , donde todos los días se negocia la identidad, Erre plantea ver al México legendario como el país que se nos ha diluido en lamentos, expresados en la necesidad de buscar al enemigo extranjero para responsabilizarlo de nuestra debacle interna, o el país donde del dolor de ser menos, debido a la pérdida de nuestro principio indígena, tan idílico y puro, hemos ido finiquitando. La situación de los inmigrantes asesinados y enterrados en fosas clandestinas, es un terrible ejemplo de lo que hemos hecho con nuestra propia gente, y socava nuestra dignidad para reclamar a otros lo que los mexicanos sufren allende sus fronteras.

Néstor García Cancilini señala que la metáfora en el arte, y particularmente el arte de Marcos Ramírez, representa un movimiento y desplazamiento que articula sentidos diferentes, más allá del rigor delimitante del concepto. Cita García Cancilini a Paul Ricoeur cuando afirma que la metáfora, “además de vivificar los lenguajes construidos, incita a ‘pensar más’, comprender lo que no podemos nombrar junto con lo que la poesía esboza o anuncia”*.

En la instalación titulada Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis (2004) las narrativas del cine hollywodense se transforman en imágenes de la violencia como justificación del destino manifiesto, manipulando los hechos para ver la historia unilateralmente como sucesión de relatos de dominio de unos pueblos sobre otros. Desde helicópteros, versiones miniatura de los vehículos blindados voladores, colocados en la parte alta de la sala, se disparan las imágenes de decenas de películas a los puntos cardinales de la habitación oscura. Esta funciona como la mente de cualquier espectador, un lugar donde se proyectan constantemente los relatos de dominio y superioridad sobre el otro: el hereje, el salvaje, el bárbaro, el fundamentalista.

Afuera del museo, en el cruce de dos avenidas, Erre colocó un poste con signos que apuntan a diferentes estados de la república mexicana. Cada signo contiene una declaración de un presidente que en su momento provocó controversia o marcó un rumbo en la política. Desde Benito Juárez a hasta el actual presidente Felipe Calderón, los mandatarios mexicanos dejaron epígrafes para la posteridad, entre las que destacan las sentencias de Gustavo Díaz Ordaz, quien se atribuye el haber liberado al país del comunismo mediante la represión de 1968, o la de José López Portillo, que prometía defender como “un perro” a la divisa mexicana de la especulación bursátil. El humor negro y la sensibilidad hacia la cultura urbana y popular que canaliza Erre en su obra, ofrecen la posibilidad de saltar entre un pasado anecdótico conocido a una posibilidad de futuro con conciencia. El de Marcos Ramírez es un arte surgido de la migración de significados, de la fusión de historias populares y parábolas cultas, y de materiales que posibilitan la construcción y reconstrucción de los hechos históricos.

La obra de Erre deja de lado el furor por el concepto, que se ha generalizado en el arte actual, para centrarse en la traducción de símbolos históricos en metáforas que dan qué pensar a los que vivimos en un presente huérfano de ideales. Su experiencia bi-cultural le permite ver a ambos lados del muro de la historia: de un lado, la de los sujetos invisibles que en la construcción de su vida cotidiana reciclan el sentidos de su existencia, y del otro, la de los poderes que se proponen borrar la historia de los pueblos tapando el sol con un dedo.

Marcos Ramírez ErreOro por Espejos, Instalación, 2005.

Marcos Ramírez ErreLos Cuatro Jinetes del Apocalipsis, Videoinstalación, 2004.
* García Canclini, Néstor; La sociedad sin relato. Antropología y Estética de la Inminencia. Katz Editores, Buenos Aires, 2010.
Fotografías de Gabriela Galindo excepto la de Toy-an-horse, tomada de algún lugar perdido de la red.

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Fecha de publicación: 27.08.2011