La era de las revisiones etnográficas.
Parte 1. La fetichización de la crítica cultural |
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La exposición Fetiches Críticos es en buena medida un barómetro sobre las consecuencias de los paradigmas capitalistas en prácticas irreguladas o marginales, que surgen dentro de cualquier sistema y que son parte de la definición del mismo. El capitalismo crea sus propios virus y antivirus para curarse en salud. No obstante, pareciera que las actitudes críticas desde el arte, se muestran más proclives a plantear juegos perversos que resultan más reactivos que críticos o propositivos. Dicho de otra manera, el humor surrealista, la ridiculización o las metáforas de las anomalías del capitalismo, son más creíbles y verosímiles que el duro análisis filosófico materialista histórico.
Los curadores de la muestra, Cuauhtémoc Medina, Marina Botey y Elena Chávez MacGregor, apuestan a una combinación entre la teoría general del fetiche de William Pietz, y a la máscara y el rito salvaje de Georges Bataille, como ejes teóricos para escapar de una posmodernidad problemática. Sin embargo, entre los 22 artistas participantes no se ven claras propuestas para construir una plataforma cultural diferente que marque el camino de una salida airosa. Hay rebeldía, humor y subversión, e incluso, como en la obra de Vicente Razo, una malicia perversa que contamina a los medios impresos estadounidenses con sus pequeñas intervenciones en los sistemas de entrega por correo de revistas estadounidenses.
No cabe duda que el arte es la expresión más acabada de la fetichización de la mercancía descrita por Marx hace más de siglo y medio. Su valuación histórica y estética, sus mercado, sus procesos de legitimación son invenciones de un enclave restringido de comerciantes y publicistas.
Con una construcción curatorial paradójica, inspirada en la revista Documents, que dirigiera el polémico Georges Bataille entre 1929-31, que utiliza el fetiche para criticar el fetichismo económico capitalista, para darle una sopa de su propio chocolate, la exposición barre con la idea de que el museo (en la obra Skoghall Konstall, de Alfredo Jaar) o la obra de arte (en las producciones de Andrea Fraser y Martí Ason, Untitled y Mobilario para museos, respectivamente) serían a la vez tácticas para criticar la noción de valor y productos insertos en el proceso de mercantilización y legitimización del sistema artístico occidental.

Alfredo Jaar, Skoghall Konstall
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La exposición demuestra su músculo crítico cuando la ironía, el riesgo o la esquematización simplificadora son parte la estrategia individual del artista. Por ejemplo, en la obra de Miguel Calderón (Testamento; con el que le hereda legalmente todos sus bienes al millonario Carlos Slim); Judi Werthein (cuyo video This Functional Family muestra un documental sobre la vida de una familia de inmigrantes dentro de uno de los más representativos ejemplos de la arquitectura funcionalista holandesa de los años 1930), y la obra de Jota Izquierdo (Capitalismo Amarillo), un esquema simplificado que compara el uso de la propiedad intelectual en el sistema capitalista con la reproducción pirata de CDs y DVDs musicales y cinematográficos, que ofrece diariamente el ejército de vendedores ambulantes en el metro de la ciudad de México. Esta es una pieza que concita el interés de los visitantes de la exposición, porque constituye una mediación simbólica de una realidad que todos perciben día con día.
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Como curso introductorio a la estética postcapitalista, la muestra denota el criterio etnológico, descriptivo y demostrativo, que en ocasiones elude la vinculación entre fetiche y rito, como sucede en la obra de Medina y Botey, basada en una fotografía de los 200 millones de dólares en billetes capturados a un narcotraficante chino en México en 2008, la cual con un viraje fotográfico se transforma en una imagen arquitectónica, paráfrasis del método analítico paranoico de Dalí. La muestra cataloga expresiones críticas del neocolonialismo usando la justicia poética: ojo por ojo, diente por diente.

Judi Werthein, This Functional Family. (Still de video), 2007.
Foto:Cortesía Galería Figge von Rosen
http://www.figgevonrosen.com/artist/judi-werthein
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Las ideas de Bataille sobre la insubordinación del arte y la crítica a su papel de panacea son elementos y la posibilidad de lectura de la obra de arte con criterios etnológicos y de crítica cultural, ofrecen ventanas de oportunidad para una saludable desublimación de la obra de arte en nuestra era, a la que se refieren Dawn Ades y Fiona Bradley en su texto reproducido en el catálogo de la exposición.[1]
Si la crítica de Bataille al idealismo surrealista del grupo de Bretón, del cual fuera expulsado el propio Bataille por su posición reacia, es una aportación crítica a los discursos modernistas, queda claro que las sociedades no occidentales, con burbujas pre modernas, como la mexicana, todavía existe una obsesión compulsiva a repetir el modelo sucursalero a replicar la teoría europea, tal y como se expresa en los discursos museológicos de museos de arqueología, historia, antropología y, en ocasiones, en los mismos museos de arte moderno.

Jota Izquierdo, Captialismo Amarillo (2010).
Foto: Cortesía Museo de la Ciudad de México |
Continuar: Parte 2. Tiempo de resistencia
[1] Ades, Dawn (2006), Undercover Surrealism, Cambridge-Londres, The MIT Press-Hayward Gallery.
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