
Jorge Méndez Blak, Das Kapital (2009)
Foto: Cortesía del artista y Galería Meessen De Clercq, Bruselas
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Esa generación que obviamente vivió la migración de las fórmulas de identidad y la explosión de la piratería como un proceso natural de aculturación, construyó identidades de-generanacionales, partiendo de los medios y las posibilidades de relectura disponibles. En la obra de Jorge Méndez Blake, los libros y las obras canónicas (como El Capital, de Karl Marx o El Castillo, de Kafka) son referentes de un muro de contención, una frontera, que como el muro de la pubertad de Tulse Luper (Las maletas de Tulse Luper, de Peter Greenaway) habría que destruir y volver a construir para dotarle de un nuevo significado.
La exposición curada por Ángeles Alonso Espinoza y Angeline Scherf propone una articulación entre los imaginarios del arte visual y cinematografía que revela ese estado postadolescente (Temporada de Patos 2004, Lake Tahoe 2008, Fernando Eimbcke), de una vinculación promiscua entre clases sociales (Batalla en el Cielo, 2005, Carlos Reygadas) o de expectativas no cumplidas en la relaciones afectivas y familiares (Verano de Goliat, 2010, y Juntos, 2009, de Nicolas Pereda), o de la migración como revancha suicida (Los Bastardos, Amat Escalante), obras cinematográficas que reflejan el cambio de valores y la necesidad de movilizar los valores modernos de un contexto generacional a otro. Lo revelador es atestiguar como los mismos valores conforman un nuevo paradigma extraño y ajeno, familiar y distante.
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