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José Manuel Springer

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La era de las revisiones etnográficas.
Parte 4. Un Elefante en la habitación
 

La muestra Extranjerías, curada por Néstor García Canclini y Andrea Giunta, presenta el mosaico de experiencias que hoy determinan la nueva mirada hacia la forma en que hoy vivimos nuestra identidad. Se trata de una exposición que articula desde el primer momento un mundo negro, como el huevo de la serpiente, en la obra de Regina Silveira (Pantano Negro, , 2011), la cualencierra el signo del cambio constante, la simultaneidad y la traducción de experiencias, que forman el tejido múltiple de la era de la migración; vivimos la era de la extranjería, donde todos somos extraños y pocas veces nos damos cuenta de ese enorme elefante que ocupa un lugar invisible en la habitación.

Regina Silveira, Pantano negro (Nido), 2011
Regina Silveira, Pantano negro (Nido), 2011
Instalación de Fibra de vidrio y vinil adhesivo
Foto: Cortesía Luciana Brito. Galería - Brasil. MUAC

Aquí, donde las fronteras físicas y territoriales han dejado de prevalecer es donde la experiencia de la migración de personas e ideas, y también de hábitos y de disciplinas, es donde se producen los encuentros y choques entre lenguajes distintos que gestan espacios de hibridación . Son ciudades, son arquitecturas efímeras, son espacios digitales o formas de consumo cultural, las cuales nos arrastran aceleradamente a abandonar el paradigma moderno de la pertenencia a un solo tiempo y lugar, y nos llevan a sumarnos –a veces inconcientemente– al pantanoso terreno de la existencia intercultural.

Planteada como un ejercicio de investigación, la muestra, exhibida previamente en Buenos Aires, asume la inexorable desaparición del modelo unidisciplinar de la antropología clásica para asumir al mar como metáfora de la identidad: un medio fluido que rodea a la tierra y que a pesar de ser el origen nos resulta ya extraño; espacio sin fronteras donde las corrientes en constante movimiento llevan seres y materias de un lugar a otro sin acusar recibo de procedencia.


Graciela Sacco, Cualquier salida puede ser un encierro de la Trilogía del M2, 2012
Videoinstalación. Proyecciones, espejos y madera
Foto: Cortesía del artista. MUAC

Si desde la aparición de la Novela como invención de la sociedad se planteó la inexistencia de la autonomía entre lo mundo real y el relato ficticio de éste, hoy día la tensión entre la experiencia vivida y el relato artístico, ha aumentado a grado tal que el conjunto de las artes, como señala García Canclini (2010: 53), no busca la autonomía del relato respecto a la realidad y, por el contrario, persiste en mantener vivo el interrogante sobre su contingencia: “Más aún: el arte parece existir en tanto la tensión quede irresuelta.”

¿Qué nos queda? Quizá tan sólo asumir el estado gaseoso o líquido de la experiencia humana. Abandonar el dualismo entre lo propio y lo ajeno e integrar la experiencia del migrante que día a día intenta conservar lo propio y adapatarse, aceptar su extranjería para sí. Este es el planteamiento que exploran los artistas representados: Cuándo y cómo comenzamos a actuar como islas a la deriva en el mar de lo cambiante. La inminencia a la que apunta el arte de hoy es la deriva: “algo que no acaba de suceder” (Ibid.: 62)

Las causas de este cambio de paradigma están no sólo en la aparición reciente de bloques económicos, o en las tecnologías que circulan imaginarios lejanos y ajenos, sino en la falta de una visión histórica de lo que significó la migración en su más amplio sentido. La continuidad entre territorios, climas y experiencias era asumida por las primeras migraciones humanas que cruzaron la tierra y el mar de norte a sur y de oriente a occidente. Reconocer la multiplicidad de formas y de especies era parte integral de la experiencia de los pueblos nómadas.

Fue el momento, muy reciente en la historia, en que surgieron los Estados nacionales, en que la noción de pertenencia a un territorio y el uso del lenguaje como medio de integración de comunidades instituyó la noción de bloques culturales separados, al tiempo que la colonización se encargó de delimitar regiones de exclusividad cultural y prácticas de reproducción de la diferencia.

Las guerras entre imaginarios, la confrontación de símbolos religiosos corrieron a la par de la formación de identidades coloniales, nacionales y poscoloniales. Y es hasta ahora que reconocemos que esas construcciones estaban fragmentadas desde el inicio y que las diferencias eran categorizaciones, basadas en pardigmas y no en verdades, sobre los que se pretendió cimentar el valor del origen cultural, racial y el religioso.

La frágil articulación de las líneas divisorias entre el aborigen y extranjero quedan al descubierto en los procesos de creación simbólica, que al seguir su dialéctica natural (el choque y la fusión) hoy aparecen como flujos de migraciones que contribuyen a articular un todo heterogéneo, con algunos rastros de homogeneidad constitutiva. La ontología de la inestabilidad que describe Delleuze nos lleva a pensar el futuro como un mundo de fronteras permeables. El concepto acuñado por la artista y teórica Mieke Bal de heterocronotopias apunta también a esa migración en el tiempo y las extranjerías que esta crea. Cuando nos movemos en un mundo con sistemas de organización social y productiva que proceden del medioevo, de la revolución industrial, la modernidad y la hipermodernidad, empleando las velocidades de los viajes turísticos, las comunicaciones instantáneas, los cultos religiosos, el consumo cultural y hasta del aprendizaje los códigos científicos y las formas artísticas, llegamos a la conclusión de que siempre hemos sido extraños en un tiempo extraño. La asimilación de todos estos modos de vivir la cotidianeidad es el núcleo de la exposición Extranjerías.

La película Becoming Vera (2008) de Mieke Bal constituye una semiología de las estéticas migratorias, que se entrecruzan en la vida de una persona. Alejado del documental antropológico, que en concepción de la cineasta holandesa, nace precisamente de la colonización. El filme presenta la vida de una niña de 3 años, hija de una madre francesa, caucásica, de familia rusa, y un padre negro miembro de un pequeño reino en Camerún. ¿Como se transmite la identidad cultural, el sentido de ciudadanía? Es la pregunta que llevó a Mieke Bal a explorar con el cine las trampas del origen.


Becoming Vera (2008) 2008 | 54mins | Colour
Directed by Mieke Bal, Alexandra Loumpet Galitzine & Michelle Williams Gamaker

La vida de la pequeña Vera muestra los delicados equilibrios entre experiencias lingüísticas diversas, entre percepciones estéticas y procesos de educación, que demuestran cómo el ser humano es capaz de admitir asimilar varios factores (familiares, comunitarios, lingüísticos e históricos) y desarrollar una identidad múltiple sin merma de su capacidad para identificarse con mundos opuestos que incluso viven temporalidades distintas. El mundo del padre es el de la magia, el del rito, el de la tradición que admite la renovación y el mestizaje; el mundo de la madre es aquel donde el nombre, la posición familiar, la pertenencia a un linaje busca la homogeneidad, el linaje vertical, para la integración y la diferencia. Vera vive en París dentro de una comunidad francesa y convive con la cultura paterna participando en los ritos inciáticos que se desarrollan en los bosques de Camerún. Vera es una ciudadana de varios mundos y, como muchos menores en el mundo, es hija de la migración y la asimilación de orígenes distintos.

El contraste entre el trabajo de la antropología clásica positivista y la propuesta de los artistas que trabajan desde el relato entre tiempos y lugares dispares, para llegar a discursos que evitan las trampas del origen, abre las puertas para salir del autismo cultural y evitar el ensimismamiento, el etnocentrismo y el narcisismo cultural en el que la antropología academicista del siglo pasado encerró los procesos de formación de identidad.

La vinculación entre los consumos culturales y los ritos de iniciación de convivencia es otro ejemplo de cómo se articulan las identidades híbridas. En este aspecto, la música, la más abstracta de las artes y que por lo tanto permite una integración cultural más horizontal, es el tema de la instalación de Carlos Amorales, Historia de la piratería musical (Necrópolis, 2009), en la cual un equipo de sonido es la matriz a través de la cual se reproducen los CD que contienen fragmentos musicales pirateados, de los cuales el espectador no conoce los nombres de sus autores o los títulos de las obras. En ese tejido sonoro de referencias anónimas en el que se mueven hoy los jóvenes, donde el DJ es el mediador que amalgama experiencias y relatos extrañas, mezcla esencial de la reproducción musical, se recrea el proceso de asimilación de lo otro, lo propio y lo común. Lejos de dar una explicación, como la intentada por Jota Izquierdo en Fetiches Críticos [1], la obra de Amorales apunta a un índice de experiencias sensoriales que nos hacen participar de un rito tan común como extraño.


 Carlos Amorales,Historia de la piratería musical (Necrópolis), 2009
CD's, pintura y equipo de sonido
Foto: Cortesía del artista y Kurimanzutto. MUAC

Más presentativa que explicativa, lo cual es de agradecer pues deja el debate y la teoría fuera de la salas de exposición, Extranjerías es un corto recorrido por la experiencia estética actual, en el que el juego con los códigos, los afectos, la ficción y la intemporalidad, son las claves para comprender que la integración arte y vida se da en los momentos de despliegue de la experiencia, en el tránsito de un medio a otro, de una conocimiento traducido a otra forma de experiencia, y una ideología a otra. Al final, queda claro que los conceptos del arte y las humanidades comienzan a conectarse con otros campos de la experiencia.

Queda por resolver si el futuro de experiencia estética estará sometida a la guía del concepto teórico o si es posible equilibrar ambas. ¿La legitimación del arte etnográfico dependerá del conocimiento previo, de la instrucción que aporte el curador y el artista, o seguirá siendo un prurito de las instituciones como el museo, o recaerá sobre los hábitos de consumo de los públicos?

Las exposiciones aquí analizadas, muestran que el discurso artístico ofrece campos fértiles en los cuales se produce el análisis y la prognosis del presente y el futuro cercano. El giro etnográfico del arte reciente está basado en el reconocimiento de que los paradigmas son históricos y cambian y por tanto asume que su validez es temporal. Las artes de hoy describen desde lo efímero y lo transitorio aquello que formará una legado inestable para otras sociedades, serán metáforas de su tiempo que el futuro podría interpretar desde otros presupuestos cognitivos y de otras herramientas teóricas y tecnológicas.

Es revelador que la mayoría de estas exposiciones, salvo El sueño de una nación, se presenten en dos o más capitales del mundo, formando ejes de intercambio norte-sur; esto hace suponer que existen más comunidades interpretativas en lugares distantes de las que había una década atrás. Pero también hace pensar en que el arte contemporáneo ha dejado de ser una contrapropuesta rebelde, producto de manifiestos rígidos, para convertirse en lecturas interpretativas críticas de los problemas y propuestas conjuntas sobre los devenir.


Fin de la nota
[1] Ver mi comentario en la primera parte de este ensayo.
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Fecha de publicación: 26.03.2012
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