Miedo, variaciones sobre un viejo tema

 

José Manuel Springer

El sentimiento más antiguo y poderoso
que conoce el hombre es el miedo.

H. P. Lovecraft

Desde hace más de una década el país se ha visto sumido en la desconfianza, el temor, la incertidumbre y el miedo a que algún día la violencia nos alcanzara a cada uno.  Este tipo de miedo se ha ido filtrando en las relaciones sociales, en los espacios públicos e incluso entre las familias y los espacios privados.

La principal fuente de aprensión es el exceso de información que difunden los medios. Estos han construido un clima de miedo que pone a la ciudadanía alerta sobre la situación de ingobernabilidad del país. Es evidente que resulta más fácil gobernar con el miedo como aliado y tomar decisiones autocráticas, como la guerra contra el narcotráfico.

Los individuos han perdido la capacidad de llevar una vida tranquila, constructiva y participativa. Cualquier acción (trabajar, migrar, protestar) conlleva riesgos. Para los jóvenes el miedo es una forma de vida, es parte de su habitus, y los ha llevado a desarrollar una suerte de indiferencia.

Alumnos74Carteles anónimos, fundación Alumnos 47.

Para las clases media y alta, el miedo está en relación directa con la propiedad privada. El que mucho tiene mucho teme. De ahí que haya surgido una cultura producto del temor, que se manifiesta en los automóviles blindados con cristales polarizados, la contratación de escoltas, las zonas habitacionales protegidas y amuralladas, las calles cerradas con vigilancia 24 horas, las casas con alambre de púas sobre los muros, que parecen a la espera de un ataque militarizado; todos estos signos hablan de un miedo latente y la obsesión con la seguridad.

Dentro de ese panorama, forman parte integral las tecnologías, como la telefonía celular, que son a la vez un factor de protección y un medio de extorsión, las cámaras que registran los movimientos de los ciudadanos y de los agresores. Gobiernos e individuos invierten cada vez más en herramientas y desarrollo de estrategias para reducir el miedo, que paradójicamente es retroalimentado por las imágenes y los discursos sobre la violencia que construyen los políticos, los consorcios de comunicación, y los propios individuos.

La ecuación violencia+información+tecnología=transmisión social del miedo, ha tenido resultados exponenciales en el incremento del clima de inseguridad, y por supuesto ha rendido jugosos dividendos entre aquellos que se dedican a administrar el delito, la violencia y la inseguridad.
Así las cosas, no es de extrañar que los artistas hayan dedicado una buena parte de su producción reciente a especular, analizar y criticar a esa cultura del miedo que se ha extendido en la sociedad, distorsionando hasta conductas privadas, creando mecanismos y formas muy visibles de esta civilización del miedo.

Proyecto Líquido fue una iniciativa promovida desde la fundación Alumnos 47, que abrió recientemente sus puertas para promover una visión crítica desde el que reflexiona sobre temas que importan a la sociedad. Alumnos 47 ofreció un programa de nueve acciones como inicio de sus actividades en la Colonia San Miguel Chapultepec.

 Desde la misma promoción del programa, para lo cual se usaron cartas anónimas con frases de contenido desestabilizador con imágenes construidas a partir de fragmentos de archivos de violencia,  se generó controversia e incluso una que otra respuesta de la policía, que vio en esos anónimos un parecido con los comunicados de sicarios, secuestradores y narcotraficantes.

El miedo como tema, como estrategia, o como contexto cultural en la que se mezclan características del primer mundo (como la circulación de armamento sofisticado o los ejercicios de vigilancia sofisticada a través de cámaras) con factores típicos del mundo desarrollado (como las guardias blancas, la corrupción y la concentración del poder económico) produce lo que para algunos es el caldo de cultivo del futuro: ciudades gobernadas por poderes fácticos transnacionales, que, al igual que en la época feudal, basan su poder en “proteger” a sus ciudadanos, a quienes aterrorizan por medio de sofisticados mecanismos de construcción del miedo.

¡Ay güey! Güey! o El miedo es el verdugo de la mente.

Carlos AmoralesCarlos Amorales, Matanga, Instalación, 2012.
Fotografía: Cannon Bernáldez

No es casual que la reciente campaña electoral estuviera llena de descripciones y amenazas, provocando el miedo ante escenarios dignos de una épica medieval: caos en las ciudades, líderes mesiánicos, la creación del Golem, que protegería a los desamparados. La cultura del miedo se inspira en los escenarios religiosos y ofrece el más simple y arcaico de los esquemas: la lucha entre “el bien y el mal”. Según Coleridge, en política lo que comienza con miedo frecuentemente termina en elogio.

Imaginemos que un día se instituye un sistema que funciona por medio de la música para crear un escenario de temor a la inestabilidad. La abstracción de las partituras sonoras (tomadas del Romanticismo del siglo 19, de Beethoven a Tchaicovski) sienta el tono de un acontecer que se vive de manera vicaría, siempre como una historia de cine que se desarrolla en la mente. El temor comienza a hacerse una experiencia subliminal cotidiana que se impone sobre la posibilidad de sentir esperanza. En la instalación Matanga, de Carlos Amorales, el resorte que mueve el temor, si uno se quiere poner en extremo teórico, es el condicionamiento a través de la música de fondo. Como aquel personaje de Naranja Mecánica, Alex, al que se le crea una respuesta condicionada: cada vez que ve violencia en la pantalla escucha música de Beethoven, particularmente la novena. Ante nuestros ojos se despliega a diario un flujo líquido de imágenes que se introducen en el inconsciente. Uno puede estar en un bosque gris, en un jardín a la hora del crepúsculo, donde cuelgan pianolas de todos tipos de los árboles, casi una pintura de Magritte, y escuchar ese murmullo de partituras que se enciman una sobre otra y que sirven de banda sonora de las imágenes mentales que se mueven con las notas sobrepuestas de la música de Chopin, Bartok y Wagner.

Galia Eibenschutz.Adela, performance, Galia Eibenschutz.

Es de notar que al final de la película de Kubrick, Alex es liberado y convertido en una víctima. Lo visita un candidato de la oposición que lo define como “un chivo expiatorio” de un sistema político corrupto. El candidato aprovecha para arrojar frente a los medios su perorata sobre la violencia y las formas de contenerla…

El cine, ese almacén de imágenes del subconsciente, provee situaciones y metáforas del temor y la pérdida del control. Muchas se anidan en la mente por medio de la repetición en contextos diferentes. Una misma imagen provoca una gama de estados de temor: la locura, la pérdida de relación con la realidad, la alienación, el aislamiento.

La mujer que realizó Adela, el performance de Galia Eibenschutz, caminaba en bata blanca por las habitaciones de la casa en cuyas paredes había rectángulos, marcando la posición de cuadros que desaparecieron. La mujer avanzaba vacilante por los cuartos en un estado de ataxia (descoordinación de movimientos musculares), moviendo los dedos y los labios sin expresión. Su inestabilidad contagiaba el síndrome del encierro. De repente, en el jardín de la casa apareció otra mujer en bata caminando como un fantasma. Fue ahí donde el miedo me atrapó. La similitud de situaciones que ocurren en espacios diferentes, desestabilizó mi concentración en la mujer dentro de la casa, y abrió la conciencia hacia el miedo a la desconocido.

El miedo a la oscuridad produce asociaciones terribles en la mente que se ha convertido en sujeto y objeto de su propio conocimiento, dado que no tiene otra cosa que percibir que su propio ser. La instalación Another Vision, del japonés Meiro Kouzumi, utiliza nuevamente la casa, a la que hay que ingresar completamente a oscuras. La instrucción era en sí un manual de preparación del miedo: entrar sólo, con la boca tapada y guiarse por las paredes circulando por la derecha en el piso de abajo y por la izquierda en el de arriba.

Al suprimir la visión y el habla, surge una sensación de vulnerabilidad. El ritmo cardiaco se acelera y la respiración se hace más difícil. La ausencia de luz y el ruido ensordecedor difícil definir, ponen en alerta a la mente, que de inmediato elabora conjeturas con la poca información que recibe de los sentidos.

Apenas había traspasado la primera habitación, entré en un estado de ansiedad. En mi mente se suspendió la capacidad de considerar el recorrido una instalación artística y comenzó a generarse en mi un pensamiento obsesivo en torno al tiempo que tardaría en llegar al fin de la experiencia. Me dediqué a buscar la salida rápidamente y tamborileaba los dedos sobre las paredes para poder concentrarme en otro sonido que no fueran esos ruidos similares a el rugir, arrastrar, cortar que se producían en el centro de la casa.  Ya en el segundo piso recuperé el control y comencé a producir explicaciones tranquilizadoras sobre el lugar. Hasta que… me encontré con otro ser humano inmóvil en la oscuridad. El desconocimiento, la ausencia de información en una situación restrictiva física y psicológicamente, e incluso la lentitud con la que logré sobreponerme a la sorpresa, me llevaron a pensar que el miedo es producto de la mente que transforma cualquier percepción en un signo de alarma. Encontré una habitación donde una luz parecía señalar el final del recorrido. Lo que ahí había era una proyección de video de un hombre de pie con los ojos cerrados, presuntamente el único sobreviviente de aquel hogar, quien dibujaba sobre un papel con lápiz el trazo de la casa. Los ruidos magnificados del lápiz al trazar líneas era lo que producía el sonido que se escuchaba abajo.  Con esta información, confié en mis sentidos y me lancé a buscar la salida. Salvo algún tropiezo con otros visitantes, pude controlar mis impresiones sensoriales y llegar a la salida del obscuro laberinto.

El miedo no se vende ni se compra.

Yoshua OkonLatex, obra en 16 actos de Yoshua Okon.

La lista de fobias catalogadas en el diccionario es una relación de comportamientos humanos naturales y básicos. Aunados a estos compartimientos tendremos que incluir nuevas fobias que surgen a partir de la tecnología: la fobia a Facebook, la aversión a los teléfonos celulares, el miedo a ser registrado por una cámara en el supermercado.

La era de la información ha creado obsesiones relacionadas con el registro minucioso de la vida privada en formatos digitales, que revelan y registran lo inimaginable. Aunque no pude ver la acción Confidencial, de Marcela Armas y Gilberto Esparza, entendí que lo suyo tendría que ver con esa recopilación y dispersión de datos personales, que hacen las redes sociales y las empresas.

La presencia de Keneth Anger, el legendario cineasta de los rockeros 60, introdujo al programa el tema de la brujería, el ocultismo, los ritos satánicos y las enseñanzas de Aleister Crowley, quien fue su gran maestro y que apareció en la portada del disco de los Beatles Sgt. Pepper’s, como un personaje que al cuarteto le parecía tan cool como Carlos Marx y Freud. 

Las películas de Anger han sido baluartes de subcultura satánica y fueron fuente de inspiración para gente como Jimmy Page, Bety Page o Brian Jones. La conexión con la música y el sexo libre y sin ataduras de género, caracterizan el trabajo de Anger, pero en este contexto se ven como un catálogo de fantasías oníricas, con un tratamiento esteticista muy inclinado hacia las mitologías satánicas y la brujería. Presentado por Axel Velázquez, Kenneth Anger respondió preguntas y dialogó sobre su obra poética cinematográfica demostrando su particular conocimiento del cine y de la subcultura de los 60, incluido Mickey Mouse. El culto a la cinematografía de Anger está ligado a una subcultura que vio en los mitos vinculados con el pensamiento mágico, originado por el miedo a la finitud del mundo y la falta de una explicación racional de la Naturaleza. Y hoy, cuando la ciencia pretende explicarlo todo, no hemos podido terminar la aprehensión que nos causan las fuerzas de la naturaleza.

Yoshua OkonLatex, obra en 16 actos de Yoshua Okon.

La obra de teatro Latex que presentó Yoshua Okón fue una puesta en escena que posee ese juego entre improvisación y gusto por el kitsch, al que recurre Okón para referirse a situaciones sociales demasiado idiosincrásicas para entenderlas más allá de su obvia falta de corrección política, otro rasgo de la obra del artista. Latex es un compendio de situaciones seudo-dramáticas representadas en 16 actos cortos. El tema que recorre la obra es la lucha entre el opresor y sus víctimas indígenas, salvajes.

El choque entre lo indígena y lo mestizo aparecieron con una carga de sarcasmo exponenciado por una serie de recursos que iban desde los efectos especiales del cine Gore (chorros de sangre corren en la escena de la muerte violenta de una mujer a manos de un policía judicial) a citas paródicas de los Accionistas Vieneses y el gusto por las vísceras ensangrentadas. La puesta en escena estuvo a cargo del grupo de teatro Todos Contra Todos y La Libélula, oriundos de Villa Coapa, zona periférica de la ciudad de México. En el acto final, policías judiciales treparon al escenario y ahuyentaron a los actores, para luego bailar todos juntos line dancing con música pop, un giro brechtiano que confundió la ficción con lo real, y dejó ver la perversidad del juego de máscaras y roles sociales propios de la cultura de simulación e imitación en la que vivimos.

Los performances seleccionados por la curadora Jessica Berlanga Taylor incluyó al duo Vestandpage, que introdujo el tema de la violencia en la pareja, en un performance de 24 horas, durante el cual el cambio de roles de género y los escenarios de la vida en pareja transmitían el profundo malestar y agresión inherente a las relaciones amorosas, en las que el hogar se convierte en escenario transformado en un laboratorio de sentimientos encontrados.

VestandpageLove is love and fear is fear. Everything else is everything else.
Vestandpage. Fotografía: Cannon Bernáldez.

El último performance corrió a cargo de Enrique Jezik, el cual consistió en la destrucción total de la casa sede del programa. Jezik organizó una coreografía de tres trascabos y bulldozers que en menos de una hora destruyeron por completo el edificio, sepultando la historia del mismo bajo una montaña de escombro.

La propuesta de Alumnos 47 logró analizar las formas en que reaccionamos ante el miedo: cuáles son sus resortes, cuáles sus resultados y qué reflexión hacer desde lo individual, para así comprender la forma en que actúan los mecanismos psicosociales, la acción de los medios masivos, y los vínculos que propagan la tensión.

El miedo, una emoción innata que ha marcado la historia de la humanidad, es una frontera difícil de cruzar y eliminar; es a fin de cuentas parte de nuestros mecanismos de supervivencia.  Sus múltiples formas de expresión y de representación han sido explotadas como recursos para ejercer el poder, por individuos y sociedades enteras. El miedo al otro y a lo diferente ha sido origen de guerras y genocidios.  No obstante, el miedo también ha sido factor de cambio, de la ignorancia al conocimiento, de la pasividad a la acción concreta. Vencer al miedo es el único camino de confrontar las fuerzas reales que lo hacen posible. Dejarse llevar por él significa perder la plenitud, desconfiar en sí mismo y desperdiciar la oportunidad de correr riesgos que nos llevan a reconocer nuestros propios límites y liberar la fuerza creativa.

 

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Fecha de publicación: 02.07.2012