Omar Góngora y el Banco del Tiempo

Por  Alex Sanccini

Omar GongoraLos cuadros se vuelven traslúcidos  y las esculturas se mimetizan con el ambiente, el video pasa y la fotografía tan inmóvil se petrifica hasta volverse papel en blanco; el material artístico vive y muere como cualquier ser; el performance nace y se deshace, la acción muere sin importar sus consecuencias. Omar Góngora se suma a la usurera empresa bancaria, se atreve a vender el tiempo con toda desfachatez, cual banquero ambicioso y sin escrúpulos. Sentado detrás de un escritorio, recibe papel moneda y entrega papeles.

“Invertir es lo de ahora…” decía el ex presidente López Portillo a principios de los años ochenta, tras nacionalizar la banca y devaluar la moneda; una invitación a la inmovilización de su capital, al fraude seguro, ni siquiera a la especulación; falto de toda esperanza. El nuevo empresario, construye un banco blindado en donde su inversión  no podrá ser utilizada hasta fecha de vencimiento, sus depósitos se alojan en cámaras secretas únicamente corruptibles por el olvido. Omar Góngora le vende el tiempo al que no lo tiene, al que lo tiene y no lo usa, y al que no sabe si aún estará para vivir ese momento, comprando un tiempo determinado por adelantado. La simple compra equivale a pestañar y estar ahí de antemano, en ese momento que ha sido pagado para su exclusividad. Omar GongoraEl Banco del Tiempo se presenta como la oportunidad de atrapar lo escurridizo, de encerrarlo y tener poder sobre él, de materializarlo. El banquero del tiempo nos entrega un certificado de nuestra inversión, ahí la objetualización aflora.

El hombre por naturaleza intenta aterrizar y objetivar todas aquellas cosas que vuelan por los cielos de la intangibilidad; el valor tuvo que ser tangible en algún momento para que el hombre pasara a una vida más organizada, y entonces surgió la moneda. El tiempo no ha estado nada exento de ello, la mecanización cíclica intentó atraparlo, sin embargo, sólo fue para darle de nuevo una organización al hombre en su carrera por la civilización.

El banquero Góngora no intenta organizar nada, tampoco reinvierte las inversiones de los clientes para ganar y hacer crecer su empresa, puesto que tampoco hay un banco de la misma naturaleza  que esté por arriba del suyo. Góngora con cinismo expide pagarés de tiempo, pero no como el ya cotidiano tiempo aire de los teléfonos celulares, que podría mal considerarse como similar, el tiempo es escogido por el cliente con la especificación más puntual; el tiempo es completamente suyo sin especificar satisfacción alguna, únicamente controlada por las entrañas más profundas del ser.

Góngora vende algo que no le pertenece, es un estafador, no es el apoderado del tiempo ni mucho menos el dueño, pero la gente sorprendentemente asiste al pequeño escritorio colocado en una sala de la galería del Teatro Peón Contreras, de Mérida, Yucatán, y compra el tiempo ofrecido. Nuestra necesidad de seguridad, nuestro deseo de control, ese paso a una vida distinta en donde podamos atrapar lo inasible y asegurar lo incierto sin abandonar  la vida común, sólo existe en el arte.

Omar Gongora
Omar Gongora

 

 

Omar Gongora

Omar Góngora y Alex Sanccini son artistas y estudiantes de Artes Visuales de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.

Fecha de publicación: 07.11.2007