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Emilia Sandoval: Círculos capturados a su paso

Por Santiago Espinosa de los Monteros

Si las palabras son de uso común nadie puede ponernos delante el tema del robo del lenguaje, pues se supondría moneda de cambio con la cual cada uno nos damos a entender con nuestros semejantes. Si de pronto un cúmulo de palabras organizadas de determinada manera por alguien (quien al hacer esto se convierte en autor), es usada por otros, no las palabras, no la sintaxis, sino aquella forma de acomodarlas es lo que las hace distintivas. Entonces sí, marcada esa diferencia, reconocemos la autoría de tal o cual escritor.

Si trasladamos esto a las artes visuales tenemos que muchos de los lenguajes son libres en tanto son (como las palabras), de uso común, sin embargo, cuando se usan elementos que ya tienen autoría y, más aún, que se pensaron para destacar el trabajo personalísimo de alguien y se trastocan, se deforman, mutilan, es decir, se recomponen por las manos de otro que no las hizo de primera instancia, automáticamente se genera un conflicto en el que surge la pregunta, ¿esto es de quien creó primero la obra o de quien reensambló posterior a su creación esta NUEVA obra?

Rodeados como estamos de una imaginería visual ilimitada, las apropiaciones de aquello visto están en el proceso de hacerse legítimas en tanto habitan una atmósfera visual (iconósfera, le llama Maris Bustamante…), que pasa ineludiblemente por delante de nosotros en cada momento de nuestro tiempo de elaboración de un nuevo discurso.

Tomamos aquellas palabras que componen las frases de los grandes escritores y las reutilizamos para estructurar aquello novedoso que diremos con ellas una vez que las tenemos entre nuestras manos; igual sucederá con aquello visto, cuando a partir de la selección de objetos, hagamos propuestas personalísimas, novedosas y diametralmente distintas aunque usemos las imágenes y los lenguajes de los demás.

Emilia Sandoval ha emprendido este complicado camino para su última muestra. Entre las series de piezas producidas, se encuentran las que han nacido de la conjunción de imágenes a las que ha seleccionado para deconstruírlas y darles un significado totalmente distinto, no obstante echar mano de trabajos perfectamente reconocibles y multireproducidos fundamentalmente de creadores de su misma generación.

Si es verdad que se ha hecho cíclicamente un trabajo de apropiación de los grandes íconos de las artes visuales de la historia de la humanidad, este juego viene a convertirse en algo tan insípido como ir a cazar búfalos salvajes a la pradera, pero que se encuentran previamente atados para no fallar el disparo…

Todas aquellas imágenes que se tocan y trastocan generalmente tienen ya una carga semántica, histórica y de representación perfectamente labrada por la historia. Sucede entonces que es verdaderamente sencillo simplemente ponerle bigotes a la Mona Lisa , calzoncillos al David o hacer juegos de emplastes que dejan de ser aportes visuales para convertirse sólo en retruécanos que, es verdad, pueden agradar por su ocurrencia en un primer momento, pero que mueren pronto una vez que esa impronta ha desaparecido en nosotros.

El trabajo emprendido por Emilia va más lejos. A partir de recortar círculos de algunas imágenes de otros autores y mezclarlos con los fragmentos más visibles de esas piezas, logra un misterioso lenguaje que nos obliga a emprender en silencio una especie de reconstrucción visual que pronto es abandonada pues entendemos, sin lugar a dudas, que ya esa es la nueva vida de la pieza de la que teníamos en nuestra mente una referencia distinta a la que ahora se nos presenta.
Cuando fragmentamos la realidad que nos rodea, parcelamos los objetos, rompemos lo que estaba unido, hacemos nuevas realidades, nuevas cosas que a partir de estas mutaciones voluntarias adquieren formas expresivas diferentes. Esto hace Emilia Sandoval cuando replantea las imágenes

El tema de la apropiación, largamente abordado por muchos autores, es muy cuidadoso desde el punto de vista de la resemantización de aquello que ahora vemos en otro estadío. Aquellas postales que en otro momento llegaron a nuestras casas avisándonos de tal o cual muestra, ahora son una pieza distinta en tanto se le ha alterado con elementos que vienen, por decirlo así, de la misma cepa. Una imagen apoya a otra; una imagen contradice a otra; una imagen ha nacido.

Rodeando a esto, un conjunto de círculos formados por más círculos nos abraza en forma de luna. Algunas nos miran desde los retratos mínimos de quienes han cedido su rostro; otras más, ausentes de caras con facciones, nos dan la posibilidad a partir de esa desaparición, de completar una mirada ausente y trasladarla por las demás piezas hasta ir encontrando en cada una la identidad de las complicadas relaciones entre ellas. Círculos, círculos dentro de los círculos; círculos capturados a su paso.

Los extraños universos delatados, lijas trabajadas que robaron a los materiales que acariciaron todas las cartas astrales que no conocíamos, dan pista igualmente de esa manera de apropiarse del universo y atraparlo en estos papeles misteriosos y autónomos.

Espacio Residual es una muestra de engañosa sencillez que da pie a reflexiones de largo aliento. Comprometer la autoría de obras retrabajadas o lo inherente de algunos materiales, es abrir causes nuevos que permiten lecturas que normalmente no se dan. La creación contemporánea y actual es entre otras cosas eso: volver a ver aquello que creíamos que ya habíamos visto.

 

 

 
fecha de publicaci?n: 27.03.2012