Entrevista con Moza Saracho
Genoveva De La Peña
¿Por qué el espejo?
Los espejos para mí siempre han sido fascinantes, representan lo visible y lo invisible, son el lugar donde convergen la fantasía y la realidad. Desde la infancia los espejos cautivan mi atención por todo lo que encuentro en ellos. Somos un número infinito de espejos, de reflejos y proyecciones. Observar el mundo a través de un espejo puede ser un gran aprendizaje.
¿Qué hay de realidad en un espejo?
Al mirarte al espejo logras ver el yo externo y el yo interno. Tenemos por naturaleza el deseo de mirarnos e identificarnos con la imagen que nos devuelve el espejo, imagen que puede ser irreal o real, amiga de la cordura y la locura. El espejo nos confronta con quienes somos, interna y externamente... es una ilusión óptica con orígenes en la imaginación.
¿Y los que no se ven reflejados?
El reflejo existe siempre. Jurgis Baltrusaitis dirá: “es un juego entre ciencia e ilusión, ciencia de la ilusión, ilusión de la ciencia”. El reflejo puede ser un doble, fantasma de uno mismo... Siempre hay reflejo. Y siempre trata de lo propio, ya sea de lo que vemos, o aquello que no podemos o no queremos ver.
¿Cómo llegaste a este proyecto?
El asombro y sorpresa que me produce el espejo me llevó al deseo de representarlo, a querer trasmitir lo que el espejo significa para mí. Intento compartir el mundo de los espejos en mi mundo. Trabajé dos años para lograr este proyecto. Mi formación como escenógrafa es un juego constante entre la realidad y la ficción. Elegí el espejo y decidí llevar el objeto a gran formato.
Mirarse, entregarse, estudiarse en una obra en movimiento; todo esto teniendo lugar en el ahora. En el momento en que te miras cruzas el tiempo. Escogí los elementos del objeto que representan mejor lo que quiero expresar. Invito al observador a llevar a cabo su propia reflexión.
La verdad / espejo de mano
Serie de veintiún espejos de diferentes colores. Reflejo de las emociones, los tonos del alma. El estado de ánimo en el que nos encontramos se vé proyectado. Matices de color en las emociones.
Destino / Diana
Enfrenta la transitoriedad de la vida con su rigorosa simetría, donde la realidad y la ilusión tienen fronteras imperceptibles. En todo ello se juega el deseo de nunca llegar al destino, porque en el camino está la vejéz y la vejéz es “un tirano que prohíbe, bajo pena de vida los placeres de la juventud”.
Todos llegaremos a ese destino.
Vanidad / peine
Percepción exagerada de la soberbia ante la visión aterradora de la belleza. Proyección de mentira y verdad. Narciso. Espejito, espejito: ¿quién es la más bella?
Existencia / película
Cada uno es protagonista. Película nunca vista y continuamente proyectada. No imaginada pero realizada y nunca repetida. Captura no sólo la luz natural sino la luz y la sombra del camino. Instantes del alma que transitan por el tiempo.
Momento / fotografía
Treinta y dos piezas en las que expreso el aquí y el ahora. Momento que sólo pertenece al ahora como cuando te miras a un espejo. Nada ocurrió en el pasado; ocurre en el ahora. Nada ocurrirá en el futuro; ocurre en el ahora. Irremediablemente el ahora es el momento presente, el instante en que vivimos.
¿Por qué Nueva York?
Estudié en la Universidad de Nueva York y viví ahí durante siete años trabajando en diferentes proyectos y con algunos por delante. En la Ciudad de México está mi casa y mi estudio. La distancia entre Nueva York y México es relativamente corta y ambos lugares han influído muchísimo en mi formación como artista. En Nueva York he estado más expuesta al medio y aquí se presentó la oportunidad de llevar a cabo esta exposición.
¿Sigues alguna línea de investigación como artista?
No sigo una línea... cada proyecto surge de diferente manera y de acuerdo a distintas necesidades. Lo único presente y constante es un contínuo cuestionamiento que conduce a la creación.
* La exposición puede visitarse en 809 Washington Street, NYC 10014
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